La niebla y el frío empieza a hacer huella en nuestros cuerpos y en los instrumentos. El silencio es sepulcral en la calle. En voz baja se comenta el estribillo a cantar por el coro. Todo dispuesto para que un laúd, bien afinado de comienzo al villancico. Que bonito ese primer golpe de metales para ir siguiendo bien acompasado. Las manos empiezan a calentarse con el roce de los instrumentos. El cantaor lanza al aire las primeras estrofas mientras que las luces de las ventanas de la calle por donde ... (ver texto completo)