Conversaban un día dos amigos del mismo municipio, de sus respectivas localidades. Uno era de Pontones y el otro de Santiago de la Espada. Como eran buenos amigos todo se lo perdonaban y todo lo sinceraban. El amigo de Santiago de la Espada sabía que había un tema del que era mejor no hablar: de dónde se sentían cada uno. El de Pontones lo tenía muy claro: yo soy de Pontones provincia de Jaén. Y el otro le contestaba: bueno, bueno, siempre te pones igual ¡que manía la tuya! Siempre tan independentista. ... (ver texto completo)