Julita vivía en el pueblo desde siempre.
Pequeña, encorvada, con la mirada baja y el delantal siempre manchado de harina.
Decían que no sabía decir “no”.
—Julita, ¿puedes cuidar a mis hijos esta tarde?
—Claro, hija.
—Julita, ¿te importa hacerme el favor de ir a por el pan?
—Faltaba más.
—Julita, ¿puedes prestarme tu horno?
—Con gusto, llévate la llave.
Y todos murmuraban: ... (ver texto completo)
No hay mejor medicina que tener pensamientos alegres.
A veces gano y otras veces aprendo. Yo nunca pierdo.
El gran placer de la vida es hacer lo que la gente dice que no puedes.
Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.
Buenas noches Antonia. bonitos sueños y bonito amanecer. un abrazo.
Buenas noches, que tengas un buen descanso y sueñes bonito, un abrazo.
Buenas noches Antonia. bonitos sueños y bonito amanecer. un abrazo.
Esta leyenda está incluida en el libro "Quiero un cambio" de Bernardo Stamateas.
Una leyenda judía dice que dos hermanos estaban compartiendo un campo y un molino. Cada noche dividían el producto del grano que habían molido juntos durante el día. Un hermano vivía solo y el otro se había casado y tenía una familia grande.
Un día el hermano soltero pensó: "No es justo que dividamos el grano de manera equitativa, yo solo tengo que cuidarme a mí mismo, pero mi hermano tiene niños que alimentar." ... (ver texto completo)
La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.
No hay que desanimarse nunca. Los sueños vuelan, el trabajo queda.
El verdadero modo de no saber nada es aprenderlo todo a la vez
Las decepciones no matan, y las esperanzas hacen vivir.
Buenas noches Antonia, que tengas buen descanso. besillos.
Buenas noches hasta mañana un abrazo. Sensi he puesto una poesia en el Facebook, pero no me deja ponerla en el Foro, haver si tu puedes, gracias.
Buenas noches Antonia, que tengas buen descanso. besillos.
ROQUE, EL TONTILLO DEL PUEBLO

En el pueblo de Valdemar, todos conocían a Roque.
Caminaba despacio, arrastrando los pies, siempre con el sombrero ladeado y una sonrisa simple.
Recogía leña, barría por unas monedas, y saludaba a todos con el mismo entusiasmo, incluso si nadie le devolvía el gesto.
— ¡Eh, Roque! —gritaban desde la terraza del bar algunos hombres al verlo pasar—. ¡Ven a elegir tu premio de hoy!
Roque se acercaba despacio, con su andar torpe, y ellos le ponían dos monedas sobre ... (ver texto completo)