Como es sabido, las Ciencias adelantan que es una barbaridad. Pero ahora resulta que también las Letras han intentado hacerlo, aunque con escasa fortuna, en la
España de las últimas décadas, quizás porque los renovadores no eran precisamente maestros en la lengua de Nebrija, quizás porque quisieron poner nuestra gramática al servicio de una ideología, y quizás también por creer que la mayor o menor relevancia políticoinstitucional de su puesto o cargo les garantizaba una especie de “gracia de estado”
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