En esa
plaza ademas de los
encierros, al fondo estaba la =
posada = y a la derecha la
escuela de los niños, y el maestro se llamaba don Juan, que por cierto daba con ganas a la palmeta cuando no hacias lo que el decia, lo mismo qué Don Agustin, yo uno que se llevó muchos palmetazos y tirones de orejas. De.y S.H, pero como me gustaria estar en mi
Arquillos, y acabar alli mis dias.