Isamaria, estoy akí; aunque no os he escrito os he estado leyendo regularmente. Tienes mucha razón en una cosa: cuando mi abuelilla (como yo la llamaba) se murió, se vendió su casa en el pueblo. Cuando se apalabró la venta, el matrimonio que la compró pidió ir haciendo reformas hasta que pudieramos ir a la firma de escrituras. Al ir al Cerro, nos invitó a mi madre y a mí a que fueramos a ver lo que habían reformado ya y les dijimos que no. Quiero recordar esa casa como era cuando iba en verano. Mi ... (ver texto completo)