Espe, eso que dices es lo que hago alguna vez, pasearme por el
camino hacia el
huerto que teníamos, acercarme a la higuera del vecino, que salía y sale de la pared del huerto hacia fuera, y coger dos o tres higos y comerlos, esas
noches de
verano sentado en el poyete del huerto hasta las tantas, sin ganas de acostarse, esos cuentos a la luz del carburo, recuerdos que ayudan a deshacer el nudo en la garganta que te crea la distancia.
Fermina, se que a la vuelta de
Santa Bárbara seguro que paras en
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