Calle Real que tienes las
esquinas de acero,
también tienes la suerte de que ahí buenos
hijos nacieron, Conchi y Diego,
que ellos vecinos fueron, de esa calle de coplas
y de fandangos alosneros.
Ellos templaron el metal de esas esquinas de acero,
una que emigro y Diego dijo; ¡de aquí no me muevo!
yo que aquí nací, aquí yo me muero,
viendo tus amarillos rastrojos,
que acogieron mis
juegos,
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