UNA TRISTE REALIDAD
Al final de la tarde fría, recibo la visita inesperada de mis dos hijos. Uno es
médico, el otro ingeniero. Ambos exitosos en sus profesiones.
Hace menos de una semana sufrí la muerte de mi amada esposa. Todavía me siento abatido por la pérdida que cambió el rumbo y el sentido de la vida para mí.
Sentados en la mesa de la sala de una
casa sencilla y simple, donde vivo ahora solo, empezamos a hablar. El tema es sobre mi futuro. Un frío me recorre la espalda. Pronto ellos tratando
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