Uno de los más macabros fue el de celebrar una ceremonia, frente a los despojos de todos sus antepasados (aprovechando que estaban siendo trasladados al Escorial), para invocarlos y que le ayudaran a espantar a los demonios que tantas desgracias estaban trayendo al Reino. Increíblemente, la macabra ceremonia se celebró, aunque, por supuesto, no dio ningún resultado. Sólo sirvió para que el rey enfermara, ante el disgusto que le produjo ver el cuerpo de su primera esposa, que llevaba nueve años muerta. El confesor real, fray Froilán Díaz y el inquisidor Rocaberti, pertenecientes ambos al bando francés, llamaron a un famoso exorcista asturiano, fray Antonio Álvarez Argüelles, para que preguntara al demonio si el Rey estaba verdaderamente hechizado. Al parecer, Lucifer contestó que sí, y que los culpables eran la reina madre y algunos políticos afines a ella, partidarios -por supuesto- del bando austriaco; también les dijo que se había formulado el conjuro sobre el Rey, cuando éste tenía 14 años. El exorcista determinó que, como remedio, el rey tomase diariamente en ayunas un cuartillo de aceite bendecido. ... (ver texto completo)
El Hechizamiento del Rey y su Exorcismo

En este contexto se desató el célebre asunto del hechizamiento del rey, uno de los más tristes y patéticos de la historia de la monarquía española, el cual fue orquestado por el cardenal Portocarrero, antiguo virrey de Sicilia, arzobispo de Toledo y consejero de estado de Carlos II. Desde el inicio de su reinado corrían por la corte rumores sobre un encantamiento del rey. La falta de descendencia tras dos matrimonios, sus padecimientos físicos y depresiones, ... (ver texto completo)
. Cuando conoció la muerte de su esposa, Carlos II corrió gritando por todo el palacio; pero, pocos días después, el Consejo de Estado le instaba a buscar una nueva esposa, había que conseguir el ansiado heredero. Esta vez la elegida fue la princesa Mariana de Neoburgo. Las mujeres de la familia Neoburgo tenían fama de ser muy prolíficas. Pero, con la excepción del rey, todos, tanto en la corte española, como en las europeas, sabían que sería prácticamente imposible que engendrara un hijo. Era nuevamente ... (ver texto completo)
La elegida como esposa fue la princesa francesa María Luisa de Orléans, sobrina de Luis XIV. Las nupcias se celebraron en Fontainebleau en agosto de 1679, ambos tenían 17 años y, al parecer, el rey se había enamorado locamente de su prometida nada más ver su retrato. Lo cierto es que a pesar de su amor y de su apasionado carácter, un año después de su boda, la reina seguía tan virgen como el primer día. Nadie se atrevía a hablarle al rey de su incapacidad, por lo que para todos fue más fácil culpar ... (ver texto completo)
Para sorpresa de todos, los extremos cuidados de su madre le permitieron alcanzar la adolescencia y, aún más, anunciar que buscaba esposa. A pesar de este alarde, el panorama no era muy bueno: a su debilidad física, se le unían una escasa inteligencia -que rayaba la estupidez- y la falta de preparación intelectual. La reina bastante había tenido con que el pequeño monarca fuera sobreviviendo, para ocuparse también de su formación, de ahí que a los nueve años, y tras cinco en el trono, Carlos no supiera ni leer ni escribir. ... (ver texto completo)
Cuando Felipe IV murió en 1665, su hijo y heredero, Carlos II, apenas tenía cuatro años. Su constitución débil y enfermiza le habían permitido a duras penas sobrevivir a su padre, y eran pocos los que presagiaban que pudiera vivir más de unos meses, por lo que las potencias europeas del momento, comenzaron a posicionarse para colocar a sus candidatos al trono en la mejor posición posible.
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