Para sorpresa de todos, los extremos cuidados de su madre le permitieron alcanzar la adolescencia y, aún más, anunciar que buscaba esposa. A pesar de este alarde, el panorama no era muy bueno: a su debilidad física, se le unían una escasa inteligencia -que rayaba la estupidez- y la falta de preparación intelectual. La reina bastante había tenido con que el pequeño monarca fuera sobreviviendo, para ocuparse también de su formación, de ahí que a los nueve años, y tras cinco en el trono, Carlos no supiera ni leer ni escribir.