«No es que pueda vivir, es que quiero. Es que yo quiero. La vieja carne al fin, por vieja que sea. Porque si la memoria existiera fuera de la carne no sería memoria porque no sabría de que se acuerda y así cuando ella dejó de ser, la mitad de la memoria dejo de ser y si yo dejara de ser todo el recuerdo dejaría de ser». Sí, pensó. «Entre el dolor y la nada elijo el dolor». Así acaba el libro "Las palmeras salvajes" de Willian Faulkner.
Los que ya me vais conociendo sabéis, que siempre he sospechado ... (ver texto completo)
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