Un joven, angustiado y con el rostro cansado, llegó hasta la cabaña de un viejo sabio que vivía en la montaña.
—Maestro —dijo el joven, dejando caer una pesada mochila al suelo—, necesito que me ayudes. Mi vida es un desastre. Mi trabajo me agobia, mi pareja no me entiende y siento que el mundo está en mi contra. He intentado solucionarlo todo, pero cuando arreglo una cosa, se rompe otra. ¡Ayúdame a que mi vida funcione!
El anciano lo miró con ternura, sonrió levemente... El respeto es como la sonrisa, no cuesta nada y le gusta a todos. Sensi mirando las fotos me he encontrado esta de la Encarna que hacia tiempo que no la habia visto, y la pongo que la veamos. Un rayito de luz para recordar que aunque todo parezca oscuro la calma siempre es posible con un poco de amabilidad.. No corras, vete despacio, que a donde tienes que llegar es a ti mismo...