Una vez, hace mucho tiempo, una
joven salió de su
casa a lavar ropa en la chorrera la funesta en el cantón Chambo; aquella caída de
agua era la misma en la que tiempo atrás algunas mujeres habían dicho que se había aparecido un hombrecito de sombrero grande, cinturón ancho y botas sucias. El misterioso ser, no era otro, sino el duende; había quienes lo conocían, aquel personaje singular tenía mala fama de ser un galante conquistador, pues su
costumbre era llevase a las
vírgenes jóvenes más bellas
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