PEDRO MARTINEZ (Granada)

Camino a las Erillas y al Mencal
Foto enviada por sensi

Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia.
Las personas dulces no son ingenuas, ni estúpidas ni indefensas. De hecho, son tan fuertes que pueden permitirse el lujo de no usar ninguna máscara.
Allí donde reinan la quietud y la meditación, no hay lugar para las preocupaciones ni para la disipación..
La mayor oportunidad que cada día la vida te ofrece es ser mejor que ayer: no dejes que se te escape..
El mundo está lleno de gente solitaria que no da el primer paso.
Siempre es un buen día si estamos aquí, si podemos ver el sol salir, si podemos admirar una flor florecer, si nos ilumina la sonrisa de las personas queridas. Siempre es el día adecuado para mirar a nuestro alrededor y decir: ¡Gracias!
El frasco de la melancolía

Desde la muerte de su esposa, el rey de Zafiria era presa de tal melancolía que había dejado de gobernar. Solo y sin hijos que heredaran su reino, debía elegir a un sucesor entre sus súbditos.

Pero el rey melancólico no se ocupaba ni de éste ni de ningún otro asunto de palacio. Encerrado en sus aposentos reales, pasaba todo el día tendido en la cama, sin fuerzas para hacer nada.

Sus criados ya lo habían probado todo para sacarle de aquel estado. Habían llevado ... (ver texto completo)
En la vida hay momentos en los que pierdes el rumbo, pero recuerda que el tiempo es como un faro en la noche, ahora está oscuro y al instante hay luz.
Nunca seas la copia de alguien, se siempre el original de ti mismo.
Desafortunadamente no podemos evitar tener experiencias dolorosas en la vida, pero lo que sí podemos es cambiar la forma como nos relacionamos con ellas. Eso ayuda a ver más pronto el sol en donde hoy hay tormenta.
Dar gracias por lo bueno y lo malo que nos sucede, es irse reconciliando con la vida.
No es que no nos importe. Es que a veces necesitamos cerrar los ojos, para no ver la realidad..
Buenos días foreros-as... ¡Feliz Domingo!
La leyenda del té’, una sorprendente leyenda china

Cuenta una sorprendente leyenda que hace mucho, pero que mucho tiempo, vivía en China un emperador muy sabio. Era muy querido por todos porque siempre se comportaba de forma noble y justa y miraba por el bien de toda la población. Este emperador se llamaba Shen Nung, y le encantaba leer y aprender todo lo relacionado con la ciencia y la medicina.
Llegó una época en la que muchas personas de su reino comenzaron a enfermar, y él después de mucho pensar, decidió que todos debían beber agua hervida, porque sospechaba que el mal podría estar en la contaminación del agua. Así, mediante un mandato, todos comenzaron a hervir el agua para beber y cocinar.

Al emperador le gustaba mucho salir a la montaña, y en ocasiones, se quedaba allí a comer. Un día, se sentó junto a un precioso arbusto de hojas verdes y ovaladas y flores blancas y aromáticas. Era la planta del té.
Como tenía hambre, el emperador hizo una pequeña hoguera y colocó encima una pequeña cacerola para hervir un poco de agua. Entonces, un suave viento arrancó unas hojas del arbusto y éstas cayeron sobre el agua. El emperador no se había dado cuenta, y al cabo de un rato, comenzó a notar un extraño pero atrayente olor… Al mirar el agua, comprobó que había cambiado de color por culpa de las hojas de aquel arbusto.
El emperador, atraído por la curiosidad, probó aquel líquido y comprobó que no solo estaba delicioso, sino que además le proporcionaba más energía. Ese día, el emperador Shen Nung acababa de descubrir el té. Desde entonces, esta planta comenzó a utilizarse en todo el mundo.

– El té se cambiaba por caballos: ¿Te imaginas a alguien ofreciendo su caballo a cambio de un kilo de té? Pues por sorprendente que parezca, ocurrió. Durante un tiempo, el té era tan valorado y extraordinario que se creó una ruta comercial que atravesaba el Tibet. Allí, se intercambiaba el té chino por caballos tibetanos. Más tarde, también se aceptó como moneda de cambio del té lana, metales preciosos y medicinas. A esta ruta se le llamó ‘la ruta del té’. ... (ver texto completo)
La balanza de plata

En un pueblo de España cuyo nombre nadie recuerda, un pequeño comercio de telas cerró definitivamente y quedó abandonado por sus dueños. Pasó el tiempo y nadie volvió a interesarse por ese local, por lo que poco a poco fue perdiendo el lustre de antaño. Lo que había sido una bonita tienda en sus mejores días, se convirtió en un bajo viejo y oscuro cerrado a cal y canto.

Un día, unos chiquillos que jugaban en la calle se dieron cuenta de que una de las ventanas situadas sobre ... (ver texto completo)