Estación Renfe Pedro Martínez
La camisa del hombre feliz

Un zar que estaba siempre sumido en la tristeza dijo:
- ¡Daré la mitad de mi reino a quien me cure!
Entonces todos los sabios se reunieron y celebraron una junta para sanar al zar, pero no encontraron ningún remedio. Uno de ellos, sin embargo, declaró que sí era posible curar al zar.
-Si sobre la tierra se encuentra un hombre feliz -dijo-, quitadle la camisa y que se la ponga el zar. Con esto estará curado.
El zar hizo buscar en su reino un hombre feliz. Los ... (ver texto completo)
Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva manera de ver las cosas.
Estábamos haciendo nuestros planes, pero olvidamos que el destino también tiene planes.
No creo que haya que lamentarse sobre el propio destino, pero a veces es muy duro.
La manera en que una persona toma las riendas de su destino es más determinante que el mismo destino.
Buenas noches Antonia.. que tengas un buen descanso. un abrazo.
Igualmente Sensi, hasta mañana si Dios quiere un abrazo.
Buenas noches Antonia.. que tengas un buen descanso. un abrazo.
La abuela de Yarek tenía una sartén negra, vieja, con el mango torcido y el fondo abollado. Nadie sabía cuántos años tenía, pero todos sabían lo mismo: esa sartén no se tocaba. Ni para lavarla.
—No se lava con jabón —decía la abuela, como si hablara de una reliquia sagrada—. Solo con agua caliente… y respeto.
Yarek se reía, claro. Era solo una sartén.
Hasta que un día, después de que la abuela muriera, intentó hacer sus tortitas de manzana con una sartén nueva.
Salieron… mal.
Se pegaban. Sabían ... (ver texto completo)
Hasta las cicatrices bien curadas vuelven a doler de vez en cuando.
Mejor ser antipáticamente sincero que ser simpáticamente falso.
Una de las cosas más importantes de la vida es la de encontrar su serenidad... Sin depender de nadie.
Con el pasado aprendes, con el presente renaces y con el futuro sueñas.
Buenas noches Antonia. feliz descanso. un abrazo.
Hasta mañana Sensi ahora toca descansar, un abrazo.
Buenas noches Antonia. feliz descanso. un abrazo.
ra martes por la tarde.
Un barrio cualquiera.
Una casa más entre muchas.
Pero lo que había en la puerta no era común.
Un cartel.
Escrito a mano, con letra de niño.
“Si tus padres se pelean mucho y necesitas un sitio tranquilo, puedes venir a jugar conmigo. Tengo plastilina y agua fría.”
Era la casa de Isaac, un niño de ocho años.
No tenía redes sociales.
Ni sabía lo que era la salud mental. ... (ver texto completo)