En 1947, el Desierto de Sonora era una bestia sedienta que se tragaba las esperanzas de quienes intentaban cruzar. Los 'coyotes' guiaban a los migrantes por rutas secretas, pero la ruta más peligrosa, el 'Paso del Diablo', tenía un guardián inesperado: un perro llamado 'Fantasma' que, a pesar de sus dueños, se negaba a dejar que el desierto ganara.
Fantasma era un perro pastor alemán, grande y de pelaje casi blanco, que pertenecía a una de las
familias de "coyotes" más temidas de la región. Su trabajo
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