Esta
Puerta es muy antigua, pero no es tanto como aquellas que había en algunos templos del antiguo
Egipto y que se abrían a vapor.
Los sacerdotes conocían la fuerza del vapor, aunque sin entenderla, y supieron aplicarla espectacularmente: cuando los fieles paleoegipcios veían
las puertas del templo abrirse lentas, solemnemente, por sí sólas, lo atribuían, mudos de espanto, a su dios.
Refranillo: Por
San Eugenio (13 de Noviembre), las
castañas al fuego, la leña al hogar y las
ovejas a guardar.