Érase una vez unos niños ilusionados por superarse asimismo. Largas tardes de verano. Una era que parecía grande y no lo era, con su empedrado y su pradera y otras almohadillada por el tamo de una palva; sobre su superficie unos niños queriendo ser mayores y convertirse en hombre forzudos. Nació en nuestra mente el esculturismo por ese afán de emularlos. Hombres estilitas con brazaletes en los brazos, un escudo y una espada, luchando para vencer y convertirse en el más fuerte. Aquello era "Jugar ... (ver texto completo)