Cuenta la leyenda que una vez un hermoso y fuerte roble se vanagloriaba de su poder y fortaleza y con ello se burlaba del junco que era su vecino, diciendo “yo soy grande y tengo poderosas ramas”. ¡Qué pequeño e insignificante eres! Al junco no le molestaban estas palabras, pero sí le entristecía la vanidad del roble.
Una
noche, de manera inesperada, llegó la
tormenta, azotando con sus fuertes vientos todo a su paso. El roble ofreció toda la resistencia que pudo, intentando vencer a la tormenta
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