la silla del fresco
Hay cosas que solo entiende quien ha crecido en un
pueblo.
Tomar el fresco, jugar en la
calle hasta que se hacía de
noche, ir a por
pan y volver una hora después, conocer a todo el mundo… y que todo el mundo conociera a tu
familia.
Entonces parecía lo más normal del mundo.
Ahora, con el tiempo, te das cuenta de que aquellas pequeñas cosas eran una forma de vida. Una infancia sin tanta prisa, con las
puertas abiertas, las sillas en la calle y conversaciones que no necesitaban
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