Una niña compartía conmigo su merienda cuando yo no tenía nada. Veinticinco años después, mi propia hija me recordó aquel milagro
Hay recuerdos que no se borran, aunque pasen los años. Yo puedo olvidar fechas, nombres de
calles, conversaciones enteras. Pero nunca he olvidado el sabor de aquella primera mitad de bocadillo que una niña me dio cuando yo tenía trece años.
En mi
casa entonces había muy poco. Mis padres hacían lo que podían, pero el dinero nunca alcanzaba. Yo no lo entendía todo, pero
... (ver texto completo)