Existe la creencia de que
San Bartolomé, patrono de los encuadernadores, ofrece a cada alma, poco antes de nacer, dos libros.
El primero está protegido por unas cubiertas de cuero marroquí, con filigranas de oro y papel de Holanda; el otro se presenta en piel de
cabra, sin siquiera curtir, tampoco un solo grabado. Tras haber elegido uno, el alma se encarna en el mundo de los vivos, donde al fin podrá abrirlo.
Quienes eligieron el tomo de hermoso aspecto, descubrirán que ya existe un texto en su
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