Nuestra Alegoría –alegoría auténtica, como intentamos demostrar– es síntoma de la decadencia de un género y del ocaso de una sociedad, con sus valores asociados. En esta encrucijada radica su sentido. ¿Y qué decir de su formato? Que el defecto fundamental de nuestro poema radica en la construcción de un lector implícito supra-activo, cómplice, con una
biblioteca amplia, que sea capaz de reponer
información en las numerosas elipsis y
lagunas de sentido, así como reconstruir el orden cronológico y
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