Era un gato viejo que tenía algunos años viviendo en ese
cementerio,
Conocía todas las tumbas y con gran orgullo podía decir que ya había dormido varias
siestas en muchas de ellas.
Pero hubo un día en que el viejo minino contempló un extraño suceso, había un fantasma sentado encima de una de las lapidas de aquel cementerio.
El gato contempló al fantasma, pero el fantasma sólo contemplaba el
cielo.
Fueron varios los días y las semanas en las que el fantasma se la pasaba sentado viendo al firmamento,
... (ver texto completo)