# Caballo bonito, corto y gordito.
# Caballo alquilado, nunca cansado.
# Caballo ajeno, ni come ni se cansa.
# Caballito de cartón, ni andante, ni galopante, ni trotón.
# Caballeros, aceitunas a una, y gracias que a todos toca. (*1)
# Caballero en buen caballo; en ruin, ni bueno ni malo.
En una de las mejores poblaciones de la Mancha vivía, no hace mucho tiempo, un rico labrador, muy chapado a la antigua, cristiano viejo, honrado y querido de todo el mundo. Su mujer, rolliza y saludable, fresca y lozana todavía, a pesar de sus cuarenta y pico de años, le había dado un hijo único, que era muy lindo muchacho, avispado y travieso.

Como este muchacho estaba mimadísimo por su padre y por su madre, era harto difícil hacer carrera con él. A pesar de su mucha inteligencia, a la edad de diez años, leía con dificultad y al escribir hacía unos garrapatos ininteligibles. Lo único que el chico sabía bien era la doctrina cristiana y querer y respetar al autor de sus días y a su señora mamá. El niño era tan gracioso y ocurrente, que tenía embobado a todo el vecindario. Cuantos le conocían le reían los chistes y ponían su ingenio por las nubes, con lo cual al rico labrador se le caía la baba de gusto.

- ¡Qué lástima, decía, que este chico se críe cerril en el pueblo, sin hacer más que jugar al hoyuelo, a las chapas, al toro y al salto de la comba, con todos los pilletes! Si yo le enviase a un buen colegio, en una gran ciudad, sin duda que volvería hecho un pozo de ciencia, sería la gloria y el apoyo de mi vejez y serviría y honraría a su patria.

Tanto caviló en esto el labrador, que al fin, sobreponiéndose a la pena que le causaba el separarse de su hijo, le envió a que estudiase en París nada menos.

Seis años estuvo por allí estudiando en uno de los mejores colegios primero y después en la Sorbona.

Como él era, naturalmente, muy despejado, aprovechó mucho, y volvió a casa de sus padres sabiendo cuanto hay que saber, y además elegantísimo y atildadísimo: hecho un verdadero dije; lo que ahora llaman un dandy, un gomoso.

El padre y la madre estaban más encantados que nunca. Sólo no gustaban de cierto irreverente desenfado que el chico tenía y de que daba muestras a cada paso.

Iba a entrar o a salir por una puerta, y exclamando:

-San Fasón, San Complimán, San Ceremoní-, pasaba antes que su padre.

Hablaba su padre y le interrumpía, y no le dejaba hablar, diciendo:

-San Fasón, San Complimán, San Ceremoní.

Se ponían a la mesa y se servía antes que su padre y madre, tomando lo mejor de cada plato y diciendo siempre: -San Fasón, San Complimán, San Ceremoní.

El padre disimuló al principio, ya que por todo lo demás el muchacho le embelesaba: pero, al cabo, hubo de cargarse, perdió la paciencia, y dijo al chico con grande enojo:

-Mira, hijo mío, vete muy enhoramala y no me invoques ni me mientes más en tu vida a esos santos de Francia, que serán muy milagrosos, pero que están infamemente mal criados. ... (ver texto completo)
buenas noches viki
cuando llega antonio
hola fina, que tal estas
aun me quedan algunos dias por estar por aqui
el dia 6 vuelvo para ibiza
buenas tardes victoria, que tal llevas las fiestas
por aqui todo va bien, pero se pasa el tiempo muy pronto
un abrazo y que lo pases muy bien
De escarola y agua bendita, cada uno toma lo que necesita.
Calabaza, calabaza, cada uno para su casa.
En verano, no hay cocinero malo.
De escarola y agua bendita, cada uno toma lo que necesita.
El cuchillo no conoce a su dueño.
En verano, no hay cocinero malo.
Cuando todo está perdido, no hay golpe peligroso.
El cuchillo no conoce a su dueño.
El que busca un amigo sin defectos, se queda sin amigos.
Cuando todo está perdido, no hay golpe peligroso.
La sabiduría inútil sólo se diferencia de la tontería en que da mucho más trabajo.
El que busca un amigo sin defectos, se queda sin amigos.