EL TíO PURCHENA: Me es grato recordar a un hombre alrededor de los setenta y cinco, que con flexibilidad ayudaba en tareas de labranza. Era simpático, caminaba con elegancia con su bastón de almendro, disimulaba sus piernas ya cansadas, sus ojos azules claros y vivarachos, cuando miraba clavaba. La nariz grandota, aguileña y ligeramente curvada, hacía gracia, cuando gesticulaba, moviendo su crecida verruga de la cara. Era afable, dinámico y a veces enérgico, cuando perdía su escasa paciencia, su ... (ver texto completo)