En una tarde serena, un sabio anciano caminaba junto a un
río cuando, de repente, vio algo moviéndose en el
agua. Se inclinó y notó que era un escorpión, arrastrado por la corriente, luchando por no ahogarse.
Movido por la compasión, el anciano extendió su mano para sacarlo, pero en cuanto lo tocó, el escorpión, en su desesperación, lo picó con su aguijón venenoso.
El dolor hizo que el sabio soltara al escorpión, que volvió a caer al agua. Pero en lugar de alejarse, el anciano intentó salvarlo
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