ALICUN DE ORTEGA: Buenas tardes amigas y amigos del Foro....

PALABRAS QUE NO SE LAS LLEVA EL VIENTO... RECUERDOS QUE NO SE OLVIDAN... Y PERSONAS QUE DEJAN HUELLA... Y QUE HUELLA!

BUENOS DÍAS AMIGOS Y AMIGAS DEL FORO.... tal día como hoy, 22 de febrero de 1.939, moría en Colliure, un pueblecito del sur de Francia, D. Antonio Machado Ruiz, escritor y poeta andaluz perteneciente a la llamada Generación del 98, quizá, uno de sus máximos exponentes. Siempre he sentido una gran admiración por la obra de D. Antonio Machado, sobre todo, y por ser andaluz siento una gran predilección y me siento mas identificado con su poema " Cantáres ", en el cual refleja sencillamente la verdad de la vida, diciéndonos, entre otras muchas cosas, algo tan enormemente cierto, como que: lo recorrido, recorrido está!
Pue bien, hecha esta breve reseña histórica sobre D. Antonio Machado, recuerdo también, que un día 22 de febrero, pero del año 1.965, comentábamos mi buen y gran amigo Julio Anguita Gozalez (q. e. p. d.) y un servidor de ustedes, la obra de este ilustre andaluz, así como las circunstancias y hechos que sucedieron, antes y después de la muerte de nuestro admirado, querido y recordado poéta.
Por lo tanto, como el tiempo, todavía, no ha conseguido borrar ni la estela ni la huella de este gran hombre, tampoco el viento se llevó las palabras, a modo de reflexión, que me dijo mi amigo Julio, sobre aquella desastrosa Guerra Civil: " la guerra la ganaron los curas y la perdieron los maestros ", y esto significa, amigo Juan, que, tras la Guerra Civil Española, la Iglesia reforzó su control sobre la educación y la sociedad, mientras que los maestros que promovían un pensamiento crítico y educación laica, fueron derrotados, reprimiéndose la cultura y la libertad educativa durante décadas. ¡Que sabio era y que carisma tenía! Y esto es lo que hay, pero tus palabras, amigo Julio... no se las llevó el viento!
Amigos y amigas del Foro... tengámos una feliz jornada de domingo.

Buenas tardes amigas y amigos del Foro.
Sin que sirva de precedente, le doy la razón respecto de nuestro perdido Antonio Machado.
Maria Zambrano reflexionaba sobre una de las mayores obsesiones del ser humano: la búsqueda de un «alma invulnerable». Esa idea, tan propia del ideal estoico, de alcanzar una serenidad absoluta y mantenerse a flote, intacto, frente a los embates del mundo exterior.
Y hasta cierto punto, tiene razón.
La verdadera estabilidad personal —hablo del espirito, no de la cuenta corriente— consiste precisamente en eso. En construir y blindar un núcleo propio formado por ideas, recuerdos y principios innegociables. Ese refugio interior es lo que podemos llamar nuestro «yo». Todo lo que llega desde fuera entra primero en cuarentena; lo analizamos, lo masticamos y, solo si nos sirve, lo integramos en esa fortaleza para mantener nuestra unidad de espíritu.
Pero hay una trampa en todo esto.
Los estoicos nos decían que no debemos angustiarnos por aquello que escapa a nuestro control, como la muerte. Es un consejo sensato y necesario para no volvernos locos, pero corremos el riesgo de confundir la imperturbabilidad con la parálisis.
Es cierto que la muerte, en términos absolutos, no está en nuestras manos. Pero a veces, la supervivencia sí lo está.
Piensa en la salud. Pagamos impuestos para tener hospitales y sanidad pública, pero el sistema está viciado por una paradoja macabra; la salud se mide en términos de rentabilidad económica.
Si te toca la lotería de una «enfermedad rara», el mercado te da la espalda. No hay investigación porque no salen los números. Mala suerte. Asúmelo estoicamente, no está en tu mano.
Si tu enfermedad es mayoritaria, tu esperanza de vida sube, simplemente porque curarte es un negocio rentable.
¿Fue la COVID-19 un negocio de masas o una excepción?? O es que hemos retorcido esa «serenidad» del sabio hasta convertirla en una excusa perfecta para mirar hacia otro lado?
¿Y que tiene que ver esto con escribir? Todo.
Si te dedicas a juntar palabras, no puedes permitirte el lujo de vivir desconectado. Necesitas ese núcleo invulnerable del que hablaba al principio, sí, pero no para esconderte en él. Lo necesitas para no romperte mientras te enfrentas a la realidad.
Poseer un «yo» solido no implica inacción. Implica que tienes algo propio que decir, una voz única que nace de tu fricción con el mundo y de tu propia reflexión
Esta es mi reflexión de hoy. Probablemente incomode o esté equivocada, porque en los tiempos que corren, pararse a pensar casi parece un acto de maldad. Pero es lo que hay, no podemos cambiar esa percepción.
Eso es todo por hay.