Buenas tardes, amigas y amigos del Foro.
Me da cosa escribir yo solo, con lo bien que va de vez en cuando que de vez en cuando alguien te diga que te estas equivocando.
Hoy me he despertado a eso delas cuatro dela madrugada con una pesadilla horrible.
De esas pesadillas que tienen tanto contexto y están tan bien narradas que dan la sensación de haber durado varios días.
Me desperté de golpe con cara de pánico y al mismo tiempo preguntándome si eso no lo había soñado ya, que «me sonaba».
Una pesadilla en la que la propia presentación de la misma te supone un microdespertar y que luego el nudo y el desenlace te provocan el despertar definitivo con esa sensación de haberlo vivido.
Caras desfiguradas, niños muertos, oscuridad, una música fúnebre,
una investigación policial, tener que justificar mi inocencia ante un mundo que no me creía en absoluto...
Un sueño que tirando del hilo podría dar para algo más.
Aunque demasiado terrible como para recrearse mucho en él.
Dicen que la escritura es un acto catártico.
Pero tambien es una acto de enfrascamiento total ante hechos e ideas que nos pueden herir.
Engolfarse en el dolor puede ser catártico, pero tambien puede ser el castigo definitivo a nuestras psique.
La figura del escritor maldito, atormentado, no es una figura literaria. O no solo es eso.
Es real.
Y escribir es un acto de alto riesgo.
Te puede redimir cuando plasmas «FIN» sobre el folio, pero ser una continua tortura mental e incluso física que se llega a él.
Contar una pesadilla puede aliviarnos.
Encontrar el significado que subyace a ella, el máas puro estilo freudiano y su interpretación de los sueños—algo con una larguísima tradición en elpensamiento y costuymbre judías—, puede significar ver frente a frente a los perros que nos ladran en el sótano.
¿Te atreves?
Si escribes, cualquier fuente de inspiración es posible, incluidos tus propios sueños y tus propias desgracias.
Solo tienes que atreverte a jugar con fuego.
A jugar con fuego de verdad.
Para poder "ATRAVESAR EL FUEGO", como aquella antología de Lou Reed.
Que tengáis una buena semana.
Me da cosa escribir yo solo, con lo bien que va de vez en cuando que de vez en cuando alguien te diga que te estas equivocando.
Hoy me he despertado a eso delas cuatro dela madrugada con una pesadilla horrible.
De esas pesadillas que tienen tanto contexto y están tan bien narradas que dan la sensación de haber durado varios días.
Me desperté de golpe con cara de pánico y al mismo tiempo preguntándome si eso no lo había soñado ya, que «me sonaba».
Una pesadilla en la que la propia presentación de la misma te supone un microdespertar y que luego el nudo y el desenlace te provocan el despertar definitivo con esa sensación de haberlo vivido.
Caras desfiguradas, niños muertos, oscuridad, una música fúnebre,
una investigación policial, tener que justificar mi inocencia ante un mundo que no me creía en absoluto...
Un sueño que tirando del hilo podría dar para algo más.
Aunque demasiado terrible como para recrearse mucho en él.
Dicen que la escritura es un acto catártico.
Pero tambien es una acto de enfrascamiento total ante hechos e ideas que nos pueden herir.
Engolfarse en el dolor puede ser catártico, pero tambien puede ser el castigo definitivo a nuestras psique.
La figura del escritor maldito, atormentado, no es una figura literaria. O no solo es eso.
Es real.
Y escribir es un acto de alto riesgo.
Te puede redimir cuando plasmas «FIN» sobre el folio, pero ser una continua tortura mental e incluso física que se llega a él.
Contar una pesadilla puede aliviarnos.
Encontrar el significado que subyace a ella, el máas puro estilo freudiano y su interpretación de los sueños—algo con una larguísima tradición en elpensamiento y costuymbre judías—, puede significar ver frente a frente a los perros que nos ladran en el sótano.
¿Te atreves?
Si escribes, cualquier fuente de inspiración es posible, incluidos tus propios sueños y tus propias desgracias.
Solo tienes que atreverte a jugar con fuego.
A jugar con fuego de verdad.
Para poder "ATRAVESAR EL FUEGO", como aquella antología de Lou Reed.
Que tengáis una buena semana.