Los sacerdotes se sorprendían, Manuel Chili, el pequeño indígena que se descolgaba de un lado a otro entre andamios y
pasadizos en el interior de la
iglesia de La Compañía de Jesús, de pronto se convirtió en un gran artista. Los jesuitas, atraídos por la habilidad de este
joven, decidieron tomarlo a su cargo, darle vivienda,
comida y un poco de dinero, ya que los talladores no tenían el reconocimiento de verdaderos artistas. También le ofrecieron una preparación especial en el
arte, para que obtuviera
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