Gracias señor por escuchar mi llanto, gracias por no cerrar los ojos en ningún momento...
Sí no te olvidas ni en la hora de mi
siesta, también no te olvidaré cuando mastique las
setas y por desgracia se me rompan los dientes...
Hoy, por muchas horas estube carente, pero ahora, mirando tus mal trazadas lineas, no puedo contener la ironia, y por eso voy gritar: VIVA LA COBARDIA!