A lo largo de mi vida, cuando llegan estas fechas, al ver un belén o montarlo yo, siempre, me viene a la mente el recuerdo de un plácido pueblecito, cobijado en el seno de un
valle de inusual belleza, debida al
colorido proporcionado por sus
montañas, y por ese
mar, que parece una pintura colgada del
cielo para dar más colorido a una de las paredes del hogar que, para mí, es ese valle.
Esto me ocurre, por la idea que tengo del acontecimiento, que es rememorado en estas fechas, y sucedió en la parte
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