Mensajes enviados por Burgalés:

Jardín para enmarcar en un cuadro.
Y... ¿este fin de semana no podemos quedar para merendar chuletillas?
Tres símbolos muy clásicos de las tres áreas de la Mancomunidad:
las espigas por La Bureba, el "pendiente de cerezas" por las Caderechas y un torreón del convento de San Salvador por Oña.
Sería de agradecer, un escueto comentario para las nuevas generaciones, cómo se llaman estos útiles y para qué servían.
Según la Real Academia de la Lengua Española el significado de estos útiles del hogar se llaman:

Tenaza: Instrumento de metal, compuesto de dos brazos paralelos enlazados en uno de sus extremos por un muelle semicircular y que por el otro tienen forma propia para coger la leña o el carbón de las chimeneas u otras cosas.

Badil: Paleta de hierro o de otro metal, para mover y recoger la lumbre en las chimeneas y braseros.
¡Vaya banquete! ¡Me apunto yo también!
La gran plaza del pueblo.
Más verde es difícil de conseguir.
Espiga de cebada en espera de ser cosechada.
Estos utensilios son una auténtica reliquia de la cocina de humo o "choricera".
El "centinela" en su garita.
Carreteara solitaria -los fines de semana está mucho más concurrida- y la Mesa de Oña (montes Obarenes) al fondo.
Aguantando crecidas y hasta que el agua descarne las raíces y caiga.
Esperando a su dueña.
Siempre de guardia.
Huerta esperando a que llegue su dueño.
Bonito entrelazado del ramaje de estos plataneros.
Verde, verde, verde...
Y se hizo la luz.
¿Te volveremos a ver abierta algún día?
Aquí ponía la pezuña el animal para ser herrado.
Lugar de herraje del vacuno y de las caballerías de la época.
Flor ligeramente desenfocada.
Uva blanca a discreción.
Veremos como viene este año la cosecha de manzanas.
Panorámica de los tejados del barrio de El Castillo tomada desde el moral de la iglesia.
Encina cubriendo con su ramaje la torre de la iglesia.
Con la mirada puesta hacia lo Alto.
Carretera hacia Cornudilla.
Chopera a la izquierda.
Escalinata de tierra hacia la puerta de acceso a la iglesia.

Hierbas silvestres que lo invaden todo. ¡Qué falta de cuidado tiene esta pequeña montaña!
Sólo divisamos su silueta en medio de la fantasmagórica niebla.
La plaza mayor: lugar de reunión y de tertulia.
¡Que pocos mojones quedan en las tierras parcelas!

Agricultores incívicos se han encargado de hacerlos desaparecer de las fincas por medio de sus poderosos tractores.
El caserío de pueblo parece una isla en medio del verdor que lo rodea.
Vida de color en medio de las hierbas silvestres.
Todo un recuerdo de las viñas que en su día se cultivaban en el pueblo para producir el vino que consumía cada familia durante todo el año. ¡Qué tiempos aquellos!
Cada vez que subimos por los escalones de tierra y reborde de piedra, no encontramos de frente con esta pulida fachada de la iglesia parroquial.
Ya nadie podrá entrar ni salir por esta puerta.
El manto de niebla lo cubre casi todo.
Jardín de la plaza mayor de la localidad y no siempre bien cuidado.
Espero llegar a ser tan longevo como mi antecesor en este hueco.
Su autor, el P. Dionisio Cueva, ya no está entre nosotros.
Verdor de los árboles de El Plantío.
El manto de niebla lo cubre todo.
Ya hasta el gato es un extraño en casa.
Simplemente, genial.
Verde, verde, verde... ni el hielo ni la escarcha pueden con él.
¿Cuántas veces se habrá abierto esta puerta?
La naturaleza se impone y la vida sigue.
Perfecta construcción con medios técnicos muy limitados ¿igual que ahora?
Hiedra en su esplendor,