Los hay de varios pelajes, de edades entre los 85 y los 48 cuando me arrimo yo. Y lo que es más llamativo de varias estaturas.
A estas horas andará la cuadrilla de Salamanca tomándose sus vinitos por Garrido. Son muy particulares, pero mu majos.
¡Ponme un tinto, Adela, que ha refrescao! Y estos señores lo que quieran.
Ya sólo falta que sigan incorporándose al foro todos los que están alargando el verano. Alguno ha dado ya señales de vida, pero faltan muchos por enviarnos algún saludito. Y si no saludan, como dice JMG, me voy a bajar la basura y en paz.
El caso es que los perillanes de ellos, se habían enterao, por una carpa que tiene internet, que ha dao agua a partir del miércoles, y se soltaron el pelo. Es lo que tiene una buena banda ancha, que las noticias vuelan...
Este fin de semana que ha pasado me he dado mis paseítos de rigor y tengo que contaros que, con las cuatro gotas que cayeron el sábado (no se mojó el suelo de debajo de los coches), hubo botellón en la charca Molinillo. Estuvieron hasta los peces de la charca San Isidro, que los pobres andan peor de agua, así que no te digo más.
Hubo un rato én que habríamos estado mejor con Pon en el dentista que leyendo a los del foro, pero por fin resistieron los estómagos.
Parece que anoche se pusieron sobre el hule algunos condejos interesantes, aunque al final lo que cuenta es comerse unos buenos conejos, castigao de cara a la pared, después de escuchar la bronca de Jerónimo y dejarle unos buenos tres o cuatro céntimos de propina, que le saben pol alma.
Buenos días. En Cáceres han dado 10º y en Zamora 5º. Eso sí, se ponga como se ponga no cae una gota.
Heli, ánimo y sigue así.
Buen fin de semana. Hasta el lunes.
Buen fin de semana a todos. Casi no te he podido atender porque estoy utilizando el ordenador de sobremesa que tenía bastante abandonado y no hace más que pedirme actualizaciones y venga actualizaciones. Y alguna vez le das, casi sin querer, a aceptar y estás dos horas hasta que vuelve en sí.
Buenas tardes.
Yo creo que lo de pies quietos solo se utilizaba en "Los Hoyos". En "Las Conejeras" habia un número de veces determinadas para pasar de una a otra. Y se trataba de dar con la pelota en el espacio de tiempo que duraba la carrera entre conejeras. Si acertabas se cambiaban los equipos, y así hasta dar las vueltas previamente acordadas.
Tienes razón, Benja. A pesar de lo que dice Loly, de memoria anda uno cada vez peor y seguro que saldrán más discrepancias. Lo corregiré. Huele a agarrao...
Estoy haciendo unas sopicas hervidas, que huelen que trasminan pero como no asomáis el hocico ninguno, no os doy nada, pa mi todas. Y de la corteza menos...
¡Osús, cómo os habéis puesto! Habéis huido del foro como cuando llega uno que yo me sé, al eroski.
Lamento el rollazo del 15 que os he largao, pero ¿qué quereis?, me gusta escribir y eso hago. De todas maneras estaríais mejor tomando una cervecita que leyendo bobadas, conque vosotros veréis...
Por la influencia de la televisión, surgió moda de jugar a “La Ponderosa”, que no consistía más que en hacer un fuerte con pajas de las tierras segadas de alrededor de Las peñas. En el fuerte se metían los soldados esperando que bajaran los indios, dando gritos, por la ladera del terreno (la que se podía bajar a pie) y chiscaran la paja del fuerte. A los soldados no les quedaba otra que ponerse a favor del viento para no terminar negros por el humo y las morceñas.
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El caso era terminar todos en calzoncillos a la obrigada de alguna caseta para que se nos secara el barro de los pantalones antes de cepillarlos con una mazorca de maíz. Peor remedio tenía la culera que te preparabas cuando, al final de la potra, se hacía un charco y te sentabas en él.
Detrás de la casa de Isauro, había un rebanzón donde se bajaba la mejor “potra” que he visto yo en mi vida. Era como la catedral de San Mamés, en fútbol. Sobre el modo de bajar la potra de unos y otros, todos eran reglamentarios, si bien había algún espabilao que echaba más agua en mitad de la bajada de otro para que resbalara y salpicara más.
Hay un rincón, donde se han hecho mucha lumbres, que por el corte del terreno y lo vertical, a mí me parecía el abismo de los abismos. Allí, por cierto, cayó de joven, mi tío Nino. Pero había otras zonas más aprovechables para lo que nos interesaba. Por ejemplo, al cabañal de Manolito lo tenían tan acribilladico los melgos, que su madre le llegó a ofrecer un dinero para comprárselo y así evitarse posibles multas o desgracias.
Otra zona muy frecuentada para entretenernos y para otras cosas propias de la edad, eran “Las peñas”. Allí hemos jugado a cada cosa que ¡válgame Dios!.
Y así sucesivamente hasta que el que lanzaba la pelota no conseguía dar al cuerpo de otro jugador. En ese caso se metía una china en tu hoyo y a la tercera, pasabas por la pared de la caseta a recibir los consiguientes pelotazos.
Mediante los tres pasos o saltos con carrera, si fueran necesarios, el que mandó parar los pies, podía acercarse a alguno de los jugadores y, si podía arrearle un pelotazo en alguna zona rígida de su cuerpo para que la pelota saliera despedida lo más lejos posible. El que recibía el pelotazo debía salir corriendo tras ella y cuando la alcanzara volver a ordenar ¡pies quietos!.
El primero echaba la pelota al suelo en dirección a alguno de los hoyos al tiempo que nos poníamos todos en posición de arrancar a correr para llegar cuanto más lejos mejor, salvo el propietario del hoy donde se alojaba la pelota, que debía hacerse con ella inmediatamente y ordenar ¡pies quietos!. En ese momento todos debían detener su carrera y permanecer sin mover los pies.
Otro juego basado en el mismo sistema de ¡pies quietos!, era el de “los hoyos”, que se jugaba en la caseta de David. Se jugaba de forma individual y a cada jugador se le adjudicaba un hoyo hecho en el suelo. Alrededor de los hoyos se marcaba un redondel donde entráramos todos los jugadores.
Cuando alguno de los jugadores no acertaba a dar con la pelota a algún rival, se producía un cambio entre los que estaban dentro y fuera de las conejeras o bien un regreso a la primera de ellas, si el equipo que fallaba era el que estaba dentro. Si un equipo conseguía llevar a todos sus miembros a la última conejera, recibía el premio de sacudir pelotazos a los perdedores.
Una vez que daba los tres saltos o pasos reglamentarios debía dar con la pelota en cualquier parte del cuerpo del rival al que se había dirigido y que permanecía sin mover los pies. Lo ideal era sacudirle en alguna parte rígida, tobillos, zancajos, cabeza, etc. para que la pelota saliera despedida lo más lejos posible, incluso fuera del campo o al regato y salir corriendo todo el equipo en dirección contraria a la de la pelota.
Un miembro del equipo que estaba dentro, debía devolver con un manotazo la pelota que le mandaba otro miembro del equipo rival, por supuesto dentro del campo. Mientras los que estaban dentro corrían hacia la siguiente conejeras, los otros se aprestaban a coger la pelota y ordenar “ ¡pies quietos!”. Desde el sitio donde había atrapado la pelota, daba tres saltos (incluso con carrera para cada uno de ellos) en dirección a cualquiera de los rivales que aún no hubiera entrado en la siguiente conejera.
En esa misma era jugábamos mucho a “Las conejeras”, versión cagalitera del béisbol americano, cuyo trofeo era, como casi siempre, sacudir pelotazos a los perdedores que subían al podio de la caseta de David a recibirlos. Se marcaban, con cantos, cuatro conejeras en la primera de las cuáles se metían los miembros de un equipo, mientras los del otro se apostaban por el resto del campo.
Contra el edificio, para que el balón no se fuera muy lejos cuando tirábamos a portería, solíamos organizar “recopas” con un portero neutral y dos equipos de dos o tres jugadores. Las reglas, aprobadas por la UEFA y en trámite de aprobación por la FIFA, eran tres y muy básicas por cierto: echar a pies para formar los equipos, a los tres corners, un penalty y el controvertido “ ¡mano, penalty, lo tiro!”
En la era de Jesús el de Rosina (creo que la llamábamos así) también solíamos jugar mucho, seguramente porque estaba cerca del pueblo y porque tenía el resguardo de la cerca de Jesús, de la caseta de David y del edificio de Pablito.
No lo recuerdo bien, pero si te la quedabas tres veces, creo tenías que pasar entre la pared y el resto de jugadores apoyados contra ella, mientras recibías manotazos y rodillazos a diestro y siniestro.
Otras, en el rebanzón, donde Miguel y Masero lucían sus habilidades en el trepidante juego de las mecas. Y las más de las veces en el juego pelota, jugando al “Colo” o a “El bote”, que no consistía más que en esconderse todos menos el que se la quedaba y, cuando encontraba a alguno, tenía que llegar corriendo hasta el bote, que se dejaba en medio de La Capilla y contar “un, dos, tres por Fulanito”. Pero como se descuidara una miaja, alguno de los escondidos salía corriendo, le daba una patada al ... (ver texto completo)
CRÓNICAS DE UN PUEBLO
En la capilla también pasamos muy buenos ratos. Unas veces a cobijo del portal de Evangelina donde fumábamos el tabaco que habíamos ido a comprar a Bustillo, en ca Azucena donde, mientras ella buscaba el tabaco, le probábamos los nevaditos que tenía en el mostrador.
Bueno parroquianos, con vuestro permiso, voy a terminar de daros el coñazo con los juegos. Es que ya que lo tengo escrito y la finalidad del foro es escribir, como nos reprochaban al principio, pues ahí va.
Buenos días. En Cáceres tenemos 14º y en Zamora 7º. Y seguimos del mismo lao, ni una gota...
El caso es que ahora me tomaba una cervecita, pero tengo el cocido que me lo toco si meto una miaja el dedo, así que mejor voy a moverme un poco, con eso hago sitio pa cenar. Hasta luego.
Esta mañana no tomé con vosotros ni el vinito ni nada. Es que la gente tiene la fea costumbre de pedir las cosas a la crítica hora y velahí.
Hola Heli, ¿Que tal? Seguimos sin gota y casi aforrajaos por aquí. Tengo que ir a buscar a la niña. Hasta luego.
Es en balde con ella. Como diga que no cae gota, es que no cae y na más. Y del calor no te hablo porque me estomaga. Con la bobada se me ha apolillao el abrigo de tanto tiempo como lleva guardado. Y vete diciendo...
Hola reina. Le das un beso a Carmen y le explicas, (seguro que mejor que yo) cómo nos entreteníamos de niños.
Vale sí, podéis leerlo otro día que tengáis más tiempo o mejor, pasar del tema si no os lo voy a preguntar. Solo es por recordar porque llegábamos a casa con las rodillas llenicas de mierda o medio escalabraos en algún caso.
... (continuará, pero otro día que para hoy ya es mucho coñazo).
- En los alrededores de la plaza y aunque este fuera un pasatiempo atípico, recuerdo que tras fallecer Bigotes, Deme nos organizaba unas carreras de Fórmula 1 en su corral. Higinio, Alfredo y Paco se acordarán seguro de cuando montábamos a uno en el carretillo y corríamos por un circuito que había en el corral. Lo dejamos porque después de varias carreras vimos que ya no había margen de mejora en los tiempos y total ¿pa qué?, si ya estaba formada la parrilla.
- El clavo.- Lo solíamos jugar, de camino para la escuela, junto a la pared de la casa de Nicolás, antes de llegar al Concejo, sobre todo cuando había algo de humedad. Se marcaba un círculo en el barro y, dentro del mismo se tenía que clavar un clavo, como diría el trabalenguas. Por el sitio donde había clavado trazabas una línea que dividía el círculo y eliminabas una de las dos zonas. El siguiente tirador tenía que clavarlo en la parte señalada y volver a trazar otra línea divisoria y así sucesivamente ... (ver texto completo)
- El esconderite inglés.- El que empezaba quedándosela se ponía en la misma pared de la panera de Nicolás o en la puerta de Basi. Los demás se colocaban en el lado contrario de la plaza y tenían que tratar de alcanzar la pared de enfrente sin ser vistos moviéndose por el primero. No recuerdo bien la letanía que tenía que decir el que pagaba, pero era algo así como “un, dos, tres, esconderite inglés, … con la mano del revés sin mover los pies”. En ese momento se volvía, mientras los otros, que venían ... (ver texto completo)
- El colo.- Aunque también se jugó en La Capilla, cuando teníamos que volver pronto a la escuela, aprovechábamos la pared de la panera del Señor Nicolás. Se pintaban en el suelo, tantas zonas como jugadores, una a continuación de la otra. Los jugadores se llamaban “el padre”, que ocupaba la primera zona marcada, “el hijo”, que se colocaba en segundo lugar, “el espíritu santo”, en la tercera parcela y el “colo primero”, “colo segundo”, etc. Así hasta el último que, el pobre ya no tenía ni apellido, ... (ver texto completo)
- La madre.- Dos participantes, agarrados de la mano, tenían que rodear a los otros para incorporarlos, de uno en uno, a la cadena. Además de vigilar que no te atraparan, podías acercarte a la cadena, por detrás y a base de manotazos intentar que se rompiera. Si lo conseguías, quedaban todos liberados menos los dos que habían separado las manos, que tenían que volver a empezar a pillar a los otros.
CRÓNICAS DE UN PUEBLO (Edición de tarde)
Durante el recreo de la escuela jugábamos, en la plaza hasta que abrieron el comarcal de Belver, a juegos como estos:
- Escarabujas.- Consistía en hacer dos equipos de lo que luego se ha llamado soga-tira. Para ello no se echaba a pies como en otros juegos, sino que se ponían los dos capitanes, uno frente a otro, y el resto de participantes pasaba en fila india, entre ellos. Al último de cada pasada se le hacía escoger entre uno de los dos nombres en clave ... (ver texto completo)
Cuando éramos más jóvenes no tenía, ni mucho menos, el sentido que tiene ahora la expresión "esto no para". Nos parecían cosas de mayores y las decían personas que tenían menos edad que nosotros ahora... ¡válgame Dios!.
Buenos días. En Cáceres 14º y en Zamora 4º. Sin gota ninguna, pero anuncian "buen tiempo", así que no hay cuidao.