No creo que, así a primera vista, cayera en la cuenta que escarnando los huesos, picando la carne, envolviéndola con ajo, sal, pimentón y orégano y colgándola, metida en tripas, en el sobrao de la
casa le fuesen a quedar unas lamparillas que ni las del Corazón de Jesús que llevan por las
casas. Ya sería la repera si le ocurre todo eso nada más ver un animal así. No estaría de más que alguien investigara sobre el particular porque alguien con ese buen ojo y ese buen gusto, merece una consideración.