Y por eso ahora la niña afilaba sus lápices de colores y sonreía.
Porque alguien, no se sabe quién, le había contado que si guardaba las virutas de los lápices de colores en un tarro y lo deseaba con mucha, mucha fuerza, al día siguiente se habrían convertido en preciosas mariposas de colores.
Uno por uno los afilaba y trataba de imaginar cómo serían las mariposas en que se transformarían.
…En el dormitorio de Aura, a la luz de la luna, el Hada del Sueño arropó a la niña, acarició sus párpados cerrados, sonrió ante su sonrisa y, silenciosamente, se marchó dejándola a solas con sus ovejas, sus wombats, sus hadas y sus elfos.
Fin
Y entre risas, saltos y bailes se fue, siguiendo sus pasos, por el camino azul…
Siguió contemplando el fantástico desfile hasta que alguien la tomó de la mano y la animó a unirse a ellos.
-Un duende, dos gnomos, tres hadas, cuatro brujas, cinco elfos, seis ogros, siete princesas, ocho príncipes, nueve magos, diez elfos… Esto de contar es muy aburrido – dijo Aura con un bostezo.
Miró a la izquierda, miró a la derecha, miró al frente y vio acercarse un curioso cortejo. Aura contó:
-Nada, que esta noche no voy a dormir -pensó- ¿Qué otra cosa podré contar?
Hasta que se dio cuenta de que no tenía por qué ir tras ellos y se sentó al borde de un camino de color azul.
La niña los siguió, los persiguió, corrió, casi galopó tras los canguros fugitivos.
- Un koala, dos ornitorrincos, tres wombats, cuatro canguros… ¡Eh, eh! - Aura gritaba a los cuatro canguros que habían decidido dar media vuelta y largarse saltando - ¡Eh, volved! ¡Así no os puedo contar bien!
-Pues así no hay quien se duerma -pensó- tendré que contar otra cosa. Pero ¿qué?
Miró a la derecha, miró a la izquierda y, de pronto, a lo lejos, vio que se acercaba un curioso desfile. Y Aura contó:
La niña la siguió, la persiguió, corrió, casi galopó tras la oveja fugitiva.
Hasta que Aura se cansó y se sentó al borde de un camino de color rojo.
-Una oveja… Dos ovejas… Tres ovejas… ¡Eh, eh! - Aura gritaba a la tercera oveja que había decidido dar media vuelta y echar correr - ¡Eh, tú! ¿Dónde crees que vas?
Aura recordó que su mamá siempre le decía que contara ovejas y a ello se puso: