Muy similar es la expresión: “Cada palo aguante su vela”, de origen marinero, relacionado con los mástiles que portan las velas.
como las galletas que se comen de dos en dos jajajajajaja
muy buenas tardes noche RG, MMJ, lo llevais muy bien
Buenas tardes señito.
En su origen, se empleó en el leguaje marinero, para designar cuando se navegaba sin usar las velas, con tan solo los mástiles (o palos) como cuando hay tormenta.
Actualmente decir: “A palo seco”, hace referencia a realizar algo sin los complementos habituales
A Palo seco.
Para contestarles, nada mejor como hacer que nos les hemos oído, fingir sordera e ignorarlos, puesto que no deben tener poder para molestarnos o hacernos daño.
Este refrán nos aconseja no escuchar las palabras de gente necia. Así es como podemos definir a aquellas personas que dicen necedades, en definitiva, no tienen que influir en nuestro ánimo, pues lo único que pueden decirnos son tonterías.
A palabras necias, oídos sordos.
Buena reflexión para aquellas personas indolentes y ociosas, a las que la vida no les depara grandes cosas.
Existen muchos refranes con este significado, prueba de la importancia que el saber popular da a aprovechar las oportunidades de la vida, con la mejor disposición posible.
Este refrán desaconseja llevar una vida holgazana y perezosa, en la que el sueño nos prive de hacer cosas realmente útiles.
A más dormir, menos vivir
En ningún caso se recomienda ir con reproches o expresiones del tipo “ya te lo dije”, pues cuando la causa del mal no ha sido provocada por imprudencia o ignorancia, si queremos ayudar debemos mostrarnos solícitos
El pan pintado es una forma de referirse a un objeto con muy buena presencia, retocado y preparado para ser disfrutado rápidamente, apetecible y amable. Así debemos portarnos con aquellos que han tenido mala fortuna.
Este refrían aconseja curar la mala suerte con buenas palabras y atenciones, que puedan distraer al afectado para que así deje de pensar en ello.
Si no te molesta, te voy a acompañar poniendo unos refranes.
Buenos días forero@s de Villaseca. Argentina, tú como siempre, tan madrugadora.
Buenos días forer@s de Rioturbio. A por el Domingo.
Buenos días Albares desde el otro Albares.
Déjala que es una envidiosa.
Hasta la décima ta quedan nueve.
No.
Hasta mañana que tengaís dulces sueños.
Bueno chic@s, muy grata la compañía, peo va la primera despedida.
Lo único cierto es que no se vuelve a tener noticias de ella hasta su fallecimiento en el año 1591, cuando una escueta nota, daba fe de su fallecimiento a los 45 años de edad.
Sobre lo que fue de ella no hay nada seguro: hay quienes afirman que regresó a los barrios pobres a ejercer la prostitución para sobrevivir, otros le dan un destino más amable, permitiéndole un retiro en alguna mansión alejada, viviendo de sus recuerdos de gloria.
A pesar de esto, su reputación quedó destruida y su oficio proscrito, no quedándole otro remedio que desaparecer y regresar al anonimato del que había salido.
El juicio de Verónica está relacionado con este drástico cambio de mentalidad, aunque ella pudo salvarse gracias al importante número de “amistades” que había hecho entre los gobernantes de la ciudad.
Hemos de saber que pocos años antes, el Concilio de Trento había dado luz verde a la Contrarreforma, con la que los países católicos pretendían recuperar las posiciones perdidas años antes. Por ello, las conductas libertinas fueron rechazadas, las cortesanas dejaron de ser vistas con buenos ojos y se las empezó a considerar meras prostitutas
Por desgracia su buena estrella se apagó de repente, cuando en el año 1580 fue denunciada al Santo Oficio. Así, las envidias y las intrigas lograron que fuera acusada de engañar a sus clientes y de ser poco religiosa.
Prueba de su cultura fue la publicación de un libro de poemas amorosos, tema en el que era una experta, en el que muestra su elegancia y su amor por el lujo.
Así, en el año 1574, cuando el futuro rey Enrique III pasó por Venecia en su ruta hacia París, las autoridades no dudaron en presentarle a Verónica, como el mejor presente que podía ofrecerle la ciudad.
Su fulgurante éxito se debió a la ayuda de un importante mecenas, el Duque de Mantua, que quedó admirado por su enorme potencial. Porque Verónica más que bella era atractiva, y sobretodo muy culta, pues su madre le había enseñado artes y literatura. Con el Duque comienza a frecuentar los ambientes más lujosos de la ciudad, donde podía sacar a relucir su ingenio y su educación.
En el año 1572 aparecía su nombre en la lista oficial de tarifas que tenían las cortesanas de Venecia. Su precio era de tan solo dos escudos, un valor bastante mediocre, sin embargo, tan solo un año después su nombre estaba en boca de toda la ciudad.
Verónica nació en el año 1546, en la ciudad de Venecia, hija de una conocida cortesana de la que pronto aprendió el oficio.
Entonces una cortesana era algo así como una prostituta de lujo, aunque las relaciones sexuales no se producían siempre, por lo que podía parecerse más a una dama de compañía o a una Geisha.
Verónica Franco es un símbolo de la época dorada de la ciudad de Venecia, cuando una de sus damas era admirada como uno más de sus monumentos. Esa fue Verónica, la cortesana más famosa de la ciudad, cuya compañía era deseada por nobles y reyes. Para su desgracia, los tiempos cambiaron demasiado rápido, terminando con la sociedad abierta y confiada que le diera fama.
Verónica Franco, prostituta, poetisa y cortesana de lujo.
Nunca se supo quienes habían sido sus padres ni el motivo de su aislamiento en el bosque, tampoco se supo nunca como pudo sobrevivir él solo, sin ayuda, o si fue auxiliado por algún animal. Víctor se llevó todas esas respuestas a la tumba, tal vez fuera mejor así.
Víctor pudo andar erguido y hablar, expresándose con mediana corrección, pero nunca pudo integrarse con sus congéneres. Tenía un errático e impredecible, sobre todo en presencia femenina, que no pudo controlar todo el tiempo que vivió. Permaneció en el sanatorio internado durante el resto de su vida, hasta que murió cuando contaba con unos 40 años.
El doctor Itard continuó tratando a Víctor, intentando que pudiera hablar e insertarse en la sociedad, pero sus enormes esfuerzos solo fueron recompensados a medias.
No andaba erguido, sino en una extraña combinación de cuatro, tres o incluso dos patas en ocasiones, pero siempre encorvado. Extrañamente, no parecía oír los ruidos fuertes pero podía escuchar sonidos apenas audibles para otras personas, como pasos lejanos o corrientes de aire. Además observó un ensimismamiento fuera de lo normal, causado posiblemente por la falta absoluta de contacto humano anterior.
Después de estudiar a Víctor, llegó a la conclusión que tendría unos 10 u 11 años, que no tenía deformación física significativa o retraso mental evidente, pero que sí padecía extraños comportamientos de origen adaptativo.
Este se ocupó de su caso, comprobando que no se trataba de un retrasado, como habían pensado, sino de un niño que no había tenido ningún contacto con la civilización. Así, lo primero que hizo fue ponerse un nombre, pues el niño no articulaba ni media palabra. Le llamó Víctor.
Asustados, pues por entonces todavía se creía en la existencia de brujas o duendes, lo entregaron a las autoridades, que después de un análisis, determinaron que se trataba de un retrasado mental, motivo por el que lo trasladaron a un Instituto en París dedicado al cuidado de niños por problema de retraso mental o disminución física. Allí se encontró por primera vez con el doctor Itard.
En el año 1800, unos campesinos franceses capturaron en un espeso bosque de su localidad a un pequeño ser con aspecto humano, muy sucio y agresivo, que no decía ni una sola palabra, solo articulaba gruñidos.
Únicamente Víctor, así es como conocemos al desdichado niño que ha pasado a la historia como “el niño salvaje”. Su experiencia fue lo que el ser humano considera “el experimento prohibido”, o la respuesta a la eterna pregunta de si el hombre es bueno o malo por naturaleza. Pues por desgracia, Víctor brindó la posibilidad de estudiar que le sucede a un ser humano cuando se le aparta de la sociedad civilizada desde su nacimiento: ¿en que nos convertiríamos?.