Todos sabemos que el enojo no es buen consejero, pero ¿quién no ha pasado por lo menos por un mal día en que nada parece estar bien?. El enojo, la rabia, la ira, en definitiva, el malhumor que en ocasiones se apodera de nosotros, desencadena en el organismo, señales de alarma, propias de las situaciones de estrés, con todos los efectos nocivos que éste provoca en nuestro cuerpo.
A la inversa la alegría y la risa, estimulan la generación de endorfinas, las hormonas de la felicidad, productoras ... (ver texto completo)
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