Mensajes de LA NUEZ DE ARRIBA (Burgos) enviados por Victoria Serna,:

Pasaron un par de días, mi ritmo de vida era acelerado y no disfrutaba de mi familia ni de la gente que me rodeaba, era un obsesivo al trabajo y al estudio. Hasta que algo cambió mi vida. Mi hermano era chofer de trenes. Una tarde andaba atrasado de tiempo y aceleró un poco mas de lo máximo permitido la velocidad del tren para llegar a tiempo sabiendo que estaba en una zona urbana y que podía ocasionar un accidente. Pero no le dio importancia. A trescientos metros la vía pasaba por una calle, toca ... (ver texto completo)
-Bueno, muchas gracias –le contesté dándole la mano al anciano- lo voy a tener en cuenta. Debo irme.
-Gracias muchacho, suerte en tu parcial y no te olvides ¡aprovecha bien cada momento que el tiempo vale oro! Adiós.
-Hasta luego –respondí.
Pegué la media vuelta para irme cuando quise saber el nombre de aquel anciano y darle mis condolencias por su hermano. Cuando me di vuelta para volverlo a ver, ya no estaba. Busqué por todos lados y no lo encontré. Y desde aquel entonces nunca más lo volví a ver. No se quien era, pero me dejó una lección muy importante.

Ahora dependen de ustedes que lecciones aprenden para sus vidas. ... (ver texto completo)
Un día, tenía que encontrarme con mi hermano en un café. Quedamos encontrarnos a la cinco de la tarde. Yo entre tantas cosas me olvide por unos instantes del compromiso. Cuando me acordé eran las cinco menos diez minutos. Tenía por lo menos media hora de viaje. Ahora con una llamada al celular se soluciona pero yo no tenía como hacerle saber de mi tardanza. Llegué al lugar veinte minutos tarde. A cincuenta metros del café había un cerco de policías, bomberos y ambulancias. El café se había incendiado. ... (ver texto completo)
Pasaron un par de días, mi ritmo de vida era acelerado y no disfrutaba de mi familia ni de la gente que me rodeaba, era un obsesivo al trabajo y al estudio. Hasta que algo cambió mi vida. Mi hermano era chofer de trenes. Una tarde andaba atrasado de tiempo y aceleró un poco mas de lo máximo permitido la velocidad del tren para llegar a tiempo sabiendo que estaba en una zona urbana y que podía ocasionar un accidente. Pero no le dio importancia. A trescientos metros la vía pasaba por una calle, toca ... (ver texto completo)
Hace un tiempo atrás, conocí a una persona especial. Lo conocí mientras viajaba en micro hacia el centro de la ciudad. El llevaba un traje negro, camisa negra y una corbata negra como si fuese a un velatorio. Estaba sentado justo al lado mío en el asiento del colectivo, pero no le preste mucha atención en ese momento. Estaba apurado, se me hacía tarde y miraba el reloj cada dos segundos.
-No mires tanto el reloj, el tiempo es lo que menos importa- me dijo de manera sorpresiva.
-Ojalá el tiempo ... (ver texto completo)
Un día, tenía que encontrarme con mi hermano en un café. Quedamos encontrarnos a la cinco de la tarde. Yo entre tantas cosas me olvide por unos instantes del compromiso. Cuando me acordé eran las cinco menos diez minutos. Tenía por lo menos media hora de viaje. Ahora con una llamada al celular se soluciona pero yo no tenía como hacerle saber de mi tardanza. Llegué al lugar veinte minutos tarde. A cincuenta metros del café había un cerco de policías, bomberos y ambulancias. El café se había incendiado. Pedí pasar ya que mi hermano estaba en ese café pero no pude. Pregunté que pasó y me contestaron que hubo una fuga de gas y que unas garrafas explotaron en la cocina.
Luego de un rato me enteré que mi hermano estaba muerto. En mi cabeza solo rondaban estas ideas, ¡si no hubiese llegado tarde también hubiese muerto!, ¡si nos hubiésemos encontrado en otro lado o en otro día! ¡si pudiese volver el tiempo atrás!
Desesperado terminé yendo a la casa de una amiga que era curandera para que me ayude y aconseje. ¡Su pudiese cambiar las cosas! ¡si pudiese volver el tiempo atrás!, era todo lo que le repetía llorando. Mi amiga me dijo que aparte de ser curandera había aprendido algunas cosas que las mantenía en secreto por precaución. Me ofreció la oportunidad de atrasar el tiempo todo lo que yo quisiese, pero solo tenía una sola oportunidad. Sin pensarlo acepté y le pedí volver el tiempo al momento en que arreglaba con mi hermano ir al café. Ella cumplió mi pedido. Me encontré justo en ese momento. En seguida cambié de lugar y fecha con mi hermano para asegurarme bien de que no vuelva a suceder. Al día siguiente el café se incendió, pero mi hermano estaba vivo. ... (ver texto completo)
Hace un tiempo atrás, conocí a una persona especial. Lo conocí mientras viajaba en micro hacia el centro de la ciudad. El llevaba un traje negro, camisa negra y una corbata negra como si fuese a un velatorio. Estaba sentado justo al lado mío en el asiento del colectivo, pero no le preste mucha atención en ese momento. Estaba apurado, se me hacía tarde y miraba el reloj cada dos segundos.
-No mires tanto el reloj, el tiempo es lo que menos importa- me dijo de manera sorpresiva.
-Ojalá el tiempo ... (ver texto completo)
Había una vez un zorro que estaba obsesionado con los huevos de las gallinas, era su plato favorito. Siempre andaba rondando por los gallineros en busca de su apreciado botín, en especial en uno. En este gallinero, las gallinas indefensas veían como cada noche el zorro se llevaba sus huevos, y si no lo dejaban hacerlo, éste las había amenazado con que se llevaría a ellas para comérselas.

En esta granja, el dueño veía que su número de gallinas crecía muy lentamente y que casi no ponían huevos. ... (ver texto completo)
Un buen día una mujer se encontró con el bien, su motivo de la visita era para plantearle una idea para mejorar la vida en la tierra. El bien la llevó a un lugar para hablar y le preguntó cuál era su idea.
-Mi idea es que se siembre mayor cantidad de semillas de amistad y amor entre los humanos –dijo la mujer-para que haya menos odio y diferencias entres ellos.
Dios decidió cumplir la idea que esta mujer le propuso y sembró muchas semillas mas de amistad entre los hombres. Al poco tiempo las naciones ... (ver texto completo)
Juan se sentía solo, volvía a su departamento, y el silencio era el único que lo esperaba. Juan estaba triste, Juan estaba solo, muy solo. Y Juan tuvo una brillante idea:
- Compañía, eso lo que necesito, compañía. Y alegre se puso a pensar que tipo de compañía.
De chico le habían dicho que lo ideal para compañía era una rosa. También le habían advertido que las rosas tenían espinas y que si uno no era cuidadoso, en vez de disfrutar el placer de mirarlas, tocarlas y oler el perfume que emitían, podían terminar lamentándose todo el día de que la rosa era mala, que cada vez que uno se acercaba lo pinchaba a propósito con sus espinas, y otras tantas advertencias del mismo género.

Pero para Juan el riesgo valía la pena. Quería una rosa y salió a buscarla. Y cuando uno busca mucho siempre encuentra lo que busca.
Así Juan salió decidido a la calle y, oh casualidad, a la vuelta de la oficina donde trabajaba la vio, estaba ahí delante de sus ojos, como había estado ella durante meses esperándolo y mirándolo cada vez que él pasaba, pero nunca se habían cruzado miradas. Pero esta vez Juan estaba decidido a ser feliz y se acerco directamente a ella, tan directamente que la hizo temblar.
Juan la miró, y quedó totalmente embriagado y envuelto por su perfume. Juan estaba enamorado. Luego de un rato de pleno éxtasis Juan se decidió. Dio media vuelta y encaró al padre de la dama.
- ¿Cuánto cuesta?, preguntó con voz firme.
- Veinte pesos, contestó el Vendedor de Flores, sorprendido por la pregunta tan imprevista, pues ni siquiera le había dicho buen día, y agregó ya recompuesto.
- Con diez pesos más se lleva esta maceta hermosa, señalando una roja de cerámica.
A los pocos minutos Juan salía feliz del negocio con María, pues así le había puesto de nombre a la rosa. María salió alegre a la calle, en los brazos de Juan y vestida con su hermoso vestido de maceta roja.

Juan llegó a su casa, puso a María en el mejor lugar, donde podía recibir la luz de la mañana, luego guardó el comprobante de compra de la rosa y finalmente se sentó a su lado. El resto de la tarde se deleitó mirándola y sintiéndola.
Los primeros días fueron realmente una “Luna de Miel”.
A la noche Juan se llevaba a María al dormitorio para tenerla al alcance de su mano.
La luna de miel entre ellos duró poco.
Una noche Juan entre sueños acercó su mano para acariciar a María y de pronto el dolor intenso y una gota de sangre salió de su dedo índice. María, con sus espinas lo había lastimado. Juan sintió que el dolor pasaba pero volvieron a su mente las advertencias: cuidado con las rosas, cuando tu quieres brindarles amor ellas te lastiman intencionalmente con sus espinas.

Al día siguiente Juan se olvidó de ponerle agua en la maceta a la Rosa, también se olvidó de ponerla al sol, y así hizo los siguientes tres días.
Fue el sábado que Juan al entrar al dormitorio la vio.
María estaba triste, sus pétalos que antes eran hermosos, estaban caídos sobre la mesita de luz.
Su tierra reseca.
Juan sorprendido por la actitud de María, buscó la factura de compra, pues tenía anotado en teléfono del negocio de plantas y llamó para reclamar.
- ¿Qué problema tiene con la planta que le vendí? preguntó el vendedor.
- ¿Qué no la riega, ni la pone al sol desde hace tres días? preguntó el vendedor indignado.
Juan cortó, medio disculpándose por su ignorancia y se puso a regar a la rosa, pero no podía evitar recordar con bronca lo que ella le había hecho: lo había lastimado cuando el se acercó, y seguramente lo había hecho con intención.
Y comenzó a regarla hasta inundarla de agua, mientras pensaba…
- Voy a inundarla bien, así no la riego por siete días.
- Voy a dejarla al sol así no necesito moverla.
Y luego Juan se fue a hacer otras cosas, sus cosas, las que eran realmente importantes para él.
Y María siguió perdiendo pétalos. Ya no emitía ningún perfume, ya no sentía la energía y la palabra de Juan, y María se dejaba morir.

Pasaron otros tres días y Juan fue a un cine solo. Durante la película vio una escena que lo conmovió, y de pronto apareció la imagen de María ante sus ojos con sus pétalos caídos. Juan sintió en el fondo de su ser que María se moría de pena, y se dio cuenta que la amaba, que extrañaba sus formas, su tersura, su perfume, y Juan salió a las corridas del cine y volvió a su casa.
Encontró a María desfalleciente, la tomó entre sus brazos, le sacó el agua en exceso de la maceta, y le habló del amor que le tenía, durante toda la noche. A la mañana la puso al sol, le agregó un poco de fertilizante, y así la cuidó en su convalecencia que duró casi un mes.

Al mes María estaba radiante y enamorada como siempre.
Y ese día Juan tomó el comprobante de compra y rompiéndolo en mil pedacitos le dijo a María
- Alguna vez creí, equivocadamente, que porque te había comprado y puesto el comprobante de compra bajo la maceta podía decirte – ” soy tu dueño, y no te riego”.
- Hoy me doy cuenta que nuestra relación se sustenta en cambio en el amor diario que nos podamos dar, en que yo te riegue todos los días con mi amor, mientras tu me llenas con tu hermoso perfume, tu tersura, tu compañía y y tu hermoso perfume.
Que todos los cuidados que yo te haya dispensado en el pasado, vivirán siempre como un maravilloso recuerdo, pero que no son suficientes para el día de hoy.
Y que a partir del día de hoy, para poder disfrutar te te seguiré regando día tras día.
Y además tendré presente que si me encuentro con tus espinas puede ser, que parte de la culpa sea mía por no saber acercarme a ti. ... (ver texto completo)
Conozco un pueblo –no lo olvidaré–
que tiene un cementerio demasiado grande.
Hay en mi tierra un pueblo sin ventura
porque el cementerio es demasiado grande.
Sólo hay cuarenta almas en el pueblo.
No sé para qué tanto cementerio.
Buenos dias La Nuez, un saludo para todos y todas desde este rincon de Asturias, Un abrazo para Viztoria, que sea feliz y disfrute este dia de Domingo.
Buenos dias Jose Ramon
Un feliz dia para ti y los amigos de Turon
Un fuerte abrazoooooooooooo
CORO

«Genios del aire, habitadores del luminoso éter, venid envueltos en un jirón de niebla plateada.
Silfos invisibles, dejad el cáliz de los entreabiertos lirios, venid en vuestros carros de nácar, a los que vuelan uncidas las mariposas.
Larvas de las fuentes, abandonad el techo de musgo y caed sobre nosotras en menuda lluvia de perlas.
Escarabajos de esmeralda, luciérnagas de fuego, mariposas negras, ¡venid!
Y venid vosotros todos, espíritus de la noche, venid zumbando como un ... (ver texto completo)
-Garcés, ¿qué haces? -El joven vaciló y, después de un instante de duda, dejó caer al suelo el arma, espantado a la sola idea de haber podido herir a su amante. Una sonora y estridente carcajada vino a sacarle al fin de su estupor; la corza blanca había aprovechado aquellos cortos instantes para acabarse de desenredar y huir ligera como un relámpago, riéndose de la burla hecha al montero.
- ¡Ah! condenado engendro de Satanás -dijo éste con voz espantosa, recogiendo la ballesta con una rapidez ... (ver texto completo)
CORO

«Genios del aire, habitadores del luminoso éter, venid envueltos en un jirón de niebla plateada.
Silfos invisibles, dejad el cáliz de los entreabiertos lirios, venid en vuestros carros de nácar, a los que vuelan uncidas las mariposas.
Larvas de las fuentes, abandonad el techo de musgo y caed sobre nosotras en menuda lluvia de perlas.
Escarabajos de esmeralda, luciérnagas de fuego, mariposas negras, ¡venid!
Y venid vosotros todos, espíritus de la noche, venid zumbando como un ... (ver texto completo)
Aquí una de ellas, blanca como el vellón de un cordero, sacaba su cabeza rubia entre las verdes y flotantes hojas de una planta acuática, de la cual parecía una flor a medio abrir, cuyo flexible tallo más bien se adivinaba que se veía temblar debajo de los infinitos círculos de luz de las ondas.
Otra allá, con el cabello suelto sobre los hombros, mecíase suspendida de la rama de un sauce sobre la corriente del río, y sus pequeños pies, color de rosa, hacían una raya de plata al pasar rozando la ... (ver texto completo)
Marchando de sorpresa en sorpresa, el enamorado joven no se atrevía ya a dar crédito ni al testimonio de sus sentidos, y creíase bajo la influencia de un sueño fascinador y engañoso.
No obstante, pugnaba en vano por persuadirse de que todo cuanto veía era efecto del desarreglo de su imaginación; porque mientras más la miraba, y más despacio, más se convencía de que aquella mujer era Constanza.
No podía caber duda, no; suyos eran aquellos ojos oscuros y sombreados de largas pestañas, que apenas ... (ver texto completo)
Las corzas habían desaparecido.
En su lugar, lleno de estupor y casi de miedo, vio Garcés un grupo de bellísimas mujeres, de las cuales unas entraban en el agua jugueteando, mientras las otras acababan de despojarse de las ligeras túnicas que aún ocultaban a la codiciosa vista el tesoro de sus formas.
En esos ligeros y cortados sueños de la mañana, ricos en imágenes risueñas y voluptuosas, sueños diáfanos y celestes como la luz que entonces comienza a transparentarse a través de las blancas ... (ver texto completo)
Aquí una de ellas, blanca como el vellón de un cordero, sacaba su cabeza rubia entre las verdes y flotantes hojas de una planta acuática, de la cual parecía una flor a medio abrir, cuyo flexible tallo más bien se adivinaba que se veía temblar debajo de los infinitos círculos de luz de las ondas.
Otra allá, con el cabello suelto sobre los hombros, mecíase suspendida de la rama de un sauce sobre la corriente del río, y sus pequeños pies, color de rosa, hacían una raya de plata al pasar rozando la ... (ver texto completo)
A medida que desechaba la primera impresión, Garcés comenzó a comprenderlo así, y riéndose interiormente de su incredulidad y su miedo, desde aquel instante sólo se ocupó en averiguar, teniendo en cuenta la dirección que seguían, el punto donde se hallaban las corzas.
Hecho el cálculo, cogió la ballesta entre los dientes, y arrastrándose como una culebra por detrás de los lentiscos, fue a situarse obra de unos cuarenta pasos más lejos del lugar en que antes se encontraba. Una vez acomodado en ... (ver texto completo)
Las corzas habían desaparecido.
En su lugar, lleno de estupor y casi de miedo, vio Garcés un grupo de bellísimas mujeres, de las cuales unas entraban en el agua jugueteando, mientras las otras acababan de despojarse de las ligeras túnicas que aún ocultaban a la codiciosa vista el tesoro de sus formas.
En esos ligeros y cortados sueños de la mañana, ricos en imágenes risueñas y voluptuosas, sueños diáfanos y celestes como la luz que entonces comienza a transparentarse a través de las blancas ... (ver texto completo)
Delante de sus compañeras, más ágil, más linda, más juguetona y alegre que todas, saltando, corriendo, parándose y tornando a correr, de modo que parecía no tocar el suelo con los pies, iba la corza blanca, cuyo extraño color destacaba como una fantástica luz sobre el oscuro fondo de los árboles.
Aunque el joven se sentía dispuesto a ver en cuanto le rodeaba algo de sobrenatural y maravilloso, la verdad del caso era que, prescindiendo de la momentánea alucinación que turbó un instante sus sentidos, ... (ver texto completo)
A medida que desechaba la primera impresión, Garcés comenzó a comprenderlo así, y riéndose interiormente de su incredulidad y su miedo, desde aquel instante sólo se ocupó en averiguar, teniendo en cuenta la dirección que seguían, el punto donde se hallaban las corzas.
Hecho el cálculo, cogió la ballesta entre los dientes, y arrastrándose como una culebra por detrás de los lentiscos, fue a situarse obra de unos cuarenta pasos más lejos del lugar en que antes se encontraba. Una vez acomodado en su nuevo escondite esperó el tiempo suficiente para que las corzas estuvieran ya dentro del río, a fin de hacer el tiro más seguro. Apenas empezó a escucharse ese ruido particular que produce el agua que se bate a golpes o se agita con violencia, Garcés comenzó a levantarse poquito a poco y con las mayores precauciones, apoyándose en la tierra primero sobre la punta de los dedos, y después con una de las rodillas.
Ya de pie, y cerciorándose a tientas de que el arma estaba preparada, dio un paso hacia adelante, alargó el cuello por encima de los arbustos para dominar el remanso, y tendió la ballesta; pero en el mismo punto en que, a par de la ballesta, tendió la vista buscando el objeto que había de herir, se escapó de sus labios un imperceptible e involuntario grito de asombro.
La luna, que había ido remontándose con lentitud por el ancho horizonte, estaba inmóvil y como suspendida en la mitad del cielo. Su dulce claridad inundaba el soto, abrillantaba la intranquila superficie del río, y hacía ver los objetos como a través de una gasa azul. ... (ver texto completo)
CORO

«El arquero que velaba en lo alto de la torre ha reclinado su pesada cabeza en el muro.
Al cazador furtivo que esperaba sorprender la res, lo ha sorprendido el sueño.
El pastor que aguarda el día consultando las estrellas, duerme ahora y dormirá hasta el amanecer.
Reina de las ondinas, sigue nuestros pasos.
Ven a mecerte en las ramas de los sauces sobre el haz del agua.
Ven a embriagarte con el perfume de las violetas que se abren entre las sombras.
Ven a gozar de la noche, ... (ver texto completo)
Delante de sus compañeras, más ágil, más linda, más juguetona y alegre que todas, saltando, corriendo, parándose y tornando a correr, de modo que parecía no tocar el suelo con los pies, iba la corza blanca, cuyo extraño color destacaba como una fantástica luz sobre el oscuro fondo de los árboles.
Aunque el joven se sentía dispuesto a ver en cuanto le rodeaba algo de sobrenatural y maravilloso, la verdad del caso era que, prescindiendo de la momentánea alucinación que turbó un instante sus sentidos, ... (ver texto completo)
CORO

«El arquero que velaba en lo alto de la torre ha reclinado su pesada cabeza en el muro.
Al cazador furtivo que esperaba sorprender la res, lo ha sorprendido el sueño.
El pastor que aguarda el día consultando las estrellas, duerme ahora y dormirá hasta el amanecer.
Reina de las ondinas, sigue nuestros pasos.
Ven a mecerte en las ramas de los sauces sobre el haz del agua.
Ven a embriagarte con el perfume de las violetas que se abren entre las sombras.
Ven a gozar de la noche, ... (ver texto completo)
Así pensando y discurriendo pasó Garcés la tarde, y cuando ya el sol comenzó a esconderse por detrás de las vecinas lomas y don Dionís mandó volver grupas a su gente para tornar al castillo, separose sin ser notado de la comitiva y echó en busca del zagal por lo más espeso e intrincado del monte.
La noche había cerrado casi por completo cuando don Dionís llegaba a las puertas de su castillo. Acto continuo dispusiéronle una frugal colación y sentose con su hija a la mesa.
-Y Garcés ¿dónde está? ... (ver texto completo)
El río, que desde las musgosas rocas donde tenía su nacimiento venía siguiendo las sinuosidades del Moncayo, a entrar en la cañada por una vertiente, deslizándose desde allí bañando el pie de los sauces que sombreaban sus orillas, o jugueteando con alegre murmullo entre las piedras rodadas del monte, hasta caer en una hondura próxima al lugar que servía de escondrijo al montero.
Los álamos, cuyas plateadas hojas movía el aire con un rumor dulcísimo, los sauces que inclinados sobre la limpia corriente ... (ver texto completo)
Entre los monteros de don Dionís había uno llamado Garcés, hijo de un antiguo servidor de la familia, y por tanto el más querido de sus señores.
Garcés tenía poco más o menos la edad de Constanza, y desde muy niño hablase acostumbrado a prevenir el menor de sus deseos y a adivinar y satisfacer el más leve de sus antojos.
Por su mano se entretenía en afilar en los ratos de ocio las agudas saetas de su ballesta de marfil; él domaba los potros que había de montar su señora; él ejercitaba en los ... (ver texto completo)
Así pensando y discurriendo pasó Garcés la tarde, y cuando ya el sol comenzó a esconderse por detrás de las vecinas lomas y don Dionís mandó volver grupas a su gente para tornar al castillo, separose sin ser notado de la comitiva y echó en busca del zagal por lo más espeso e intrincado del monte.
La noche había cerrado casi por completo cuando don Dionís llegaba a las puertas de su castillo. Acto continuo dispusiéronle una frugal colación y sentose con su hija a la mesa.
-Y Garcés ¿dónde está? ... (ver texto completo)
Entre los monteros de don Dionís había uno llamado Garcés, hijo de un antiguo servidor de la familia, y por tanto el más querido de sus señores.
Garcés tenía poco más o menos la edad de Constanza, y desde muy niño hablase acostumbrado a prevenir el menor de sus deseos y a adivinar y satisfacer el más leve de sus antojos.
Por su mano se entretenía en afilar en los ratos de ocio las agudas saetas de su ballesta de marfil; él domaba los potros que había de montar su señora; él ejercitaba en los ... (ver texto completo)
Al llegar a este punto de la relación del zagal, los circunstantes no pudieron ya contener por más tiempo la risa que hacía largo rato les retozaba en los ojos, y dando rienda a su buen humor, prorrumpieron en una carcajada estrepitosa. De los primeros en comenzar a reír y de los últimos en dejarlo, fueron don Dionís, que a pesar de su fingida circunspección no pudo menos de tomar parte en el general regocijo, y su hija Constanza, la cual cada vez que miraba a Esteban todo suspenso y confuso, tornaba ... (ver texto completo)
El zagal, después de guardarse en el zurrón un medio pan blanco y un trozo de carne de jabalí y en el estómago un valiente trago de vino que le dio por orden de su señor uno de los palafreneros, despidiose de don Dionís y su hija, y apenas anduvo cuatro pasos, comenzó a voltear la honda para reunir a pedradas los corderos.
Como a esta sazón notase don Dionís que entre unas y otras las horas del calor eran ya pasadas y el vientecillo de la tarde comenzaba a mover las hojas de los chopos y a refrescar ... (ver texto completo)
Al decir esto, el mozo instintivamente y al parecer buscando un punto de comparación, dirigió la vista hacia el pie de Constanza, que asomaba por debajo del brial, calzado de un precioso chapín de tafilete amarillo; pero como al par de Esteban bajasen también los ojos don Dionís y algunos de los monteros que le rodeaban, la hermosa niña se apresuró a esconderlo, exclamando con el tono más natural del mundo:
- ¡Oh, no!; por desgracia, no los tengo yo tan pequeñitos, pues de este tamaño sólo se ... (ver texto completo)
Al llegar a este punto de la relación del zagal, los circunstantes no pudieron ya contener por más tiempo la risa que hacía largo rato les retozaba en los ojos, y dando rienda a su buen humor, prorrumpieron en una carcajada estrepitosa. De los primeros en comenzar a reír y de los últimos en dejarlo, fueron don Dionís, que a pesar de su fingida circunspección no pudo menos de tomar parte en el general regocijo, y su hija Constanza, la cual cada vez que miraba a Esteban todo suspenso y confuso, tornaba a reírse como una loca hasta el punto de saltarle las lágrimas a los ojos.
El zagal, por su parte, aunque sin atender al efecto que su narración había producido, parecía todo turbado e inquieto; y mientras los señores reían a sabor de sus inocentadas, él tornaba la vista a un lado y a otro con visibles muestras de temor y como queriendo descubrir algo a través de los cruzados troncos de los árboles.
- ¿Qué es eso, Esteban, qué te sucede? -le preguntó unos de los monteros notando la creciente inquietud del pobre mozo, que ya fijaba sus espantadas pupilas en la hija risueña de don Dionís, ya las volvía a su alrededor con una expresión asombrada y estúpida.
-Me sucede una cosa muy extraña -exclamó Esteban-. Cuando, después de escuchar las palabras que dejo referidas, me incorporé con prontitud para sorprender a la persona que las había pronunciado, una corza blanca como la nieve salió de entre las mismas matas en donde yo estaba oculto, y dando unos saltos enormes por cima de los carrascales y los lentiscos, se alejó seguida de una tropa de corzas de su color natural, y así éstas como la blanca que las iba guiando, no arrojaban bramidos al huir, sino que se reían con unas carcajadas cuyo eco juraría que aún me está sonando en los oídos en este momento.
- ¡Bah!... ¡bah!... Esteban -exclamó don Dionís con aire burlón-, sigue los consejos del preste de Tarazona; no hables de tus encuentros con los corzos amigos de burlas, no sea que haga el diablo que al fin pierdas el poco juicio que tienes; y pues ya estás provisto de los Evangelios y sabes las oraciones de San Bartolomé, vuélvete a tus corderos, que empiezan a desbandarse por la cañada. Si los espíritus malignos tornan a incomodarte, ya sabes el remedio: Pater noster y garrotazo. ... (ver texto completo)
-Por una parte vuestras continuas excursiones, y por otra el dale que le das de los cazadores furtivos, que ya con trampa o con ballesta no dejan res a vida en veinte jornadas al contorno, habían no hace mucho agotado la caza en estos montes, hasta el extremo de no encontrarse un venado en ellos ni por un ojo de la cara.
Hablaba yo esto mismo en el lugar, sentado en el porche de la iglesia, donde después de acabada la misa del domingo solía reunirme con algunos peones de los que labran la tierra ... (ver texto completo)
Al decir esto, el mozo instintivamente y al parecer buscando un punto de comparación, dirigió la vista hacia el pie de Constanza, que asomaba por debajo del brial, calzado de un precioso chapín de tafilete amarillo; pero como al par de Esteban bajasen también los ojos don Dionís y algunos de los monteros que le rodeaban, la hermosa niña se apresuró a esconderlo, exclamando con el tono más natural del mundo:
- ¡Oh, no!; por desgracia, no los tengo yo tan pequeñitos, pues de este tamaño sólo se encuentran en las hadas, cuya historia nos refieren los trovadores.
-Pues no paró aquí la cosa -continuó el zagal cuando Constanza hubo concluido-, no que otra vez, habiéndome colocado en otro escondite por donde indudablemente habían de pasar los ciervos para dirigirse a la cañada, allá al filo de la media noche me rindió un poco el sueño, aunque no tanto que no abriese los ojos en el mismo punto en que creí percibir que las ramas se movían a mi alrededor. Abrí los ojos, según dejo dicho; me incorporé con sumo cuidado, y poniendo atención a aquel confuso murmullo que cada vez sonaba más próximo, oí en las ráfagas del aire como gritos y cantares extraños, carcajadas y tres o cuatro voces distintas que hablaban entre sí, con un ruido y algarabía semejante al de las muchachas del lugar, cuando riendo y bromeando por el camino vuelven en bandadas de la fuente con sus cántaros a la cabeza.
Según colegía de la proximidad de las voces y del cercano chasquido de las ramas que crujían al romperse para dar paso a aquella turba de locuelas, iban a salir de la espesura a un pequeño rellano que formaba el monte en el sitio donde yo estaba oculto, enteramente a mis espaldas, tan cerca o más que me encuentro de vosotros, oí una nueva voz fresca, delgada y vibrante, que dijo... creedlo, señores, esto es tan seguro como me he de morir... dijo... claro y distintamente estas propias palabras:
¡Por aquí, por aquí, compañeras,
que está ahí el bruto de Esteban! ... (ver texto completo)
Estrechado, sin embargo, por las interrogaciones de su señor y por los ruegos de Constanza, que parecía la más curiosa e interesada en que el pastor refiriese sus estupendas aventuras, decidiose éste a hablar, mas no sin que antes dirigiese a su alrededor una mirada de desconfianza, como temiendo ser oído por otras personas que las que allí estaban presentes, y de rascarse tres o cuatro veces la cabeza tratando de reunir sus recuerdos o hilvanar su discurso, que al fin comenzó de esta manera.
... (ver texto completo)
-Por una parte vuestras continuas excursiones, y por otra el dale que le das de los cazadores furtivos, que ya con trampa o con ballesta no dejan res a vida en veinte jornadas al contorno, habían no hace mucho agotado la caza en estos montes, hasta el extremo de no encontrarse un venado en ellos ni por un ojo de la cara.
Hablaba yo esto mismo en el lugar, sentado en el porche de la iglesia, donde después de acabada la misa del domingo solía reunirme con algunos peones de los que labran la tierra ... (ver texto completo)
Y a qué se refiere esa facultad maravillosa?
-Se refiere -prosiguió el montero- a que, según él afirma, y lo jura y perjura por todo lo más sagrado del mundo, los ciervos que discurren por estos montes se han dado de ojo para dejarle en paz, siendo lo más gracioso del caso que en más de una ocasión los ha sorprendido concertando entre sí las burlas que han de hacerle, y después que estas burlas se han llevado a término, ha oído las ruidosas carcajadas con que las celebran.
Mientras esto decía ... (ver texto completo)
Estrechado, sin embargo, por las interrogaciones de su señor y por los ruegos de Constanza, que parecía la más curiosa e interesada en que el pastor refiriese sus estupendas aventuras, decidiose éste a hablar, mas no sin que antes dirigiese a su alrededor una mirada de desconfianza, como temiendo ser oído por otras personas que las que allí estaban presentes, y de rascarse tres o cuatro veces la cabeza tratando de reunir sus recuerdos o hilvanar su discurso, que al fin comenzó de esta manera.
-Es el caso, señor, que según me dijo un preste de Tarazona, al que acudí no ha mucho para consultar mis dudas, con el diablo no sirven juegos, sino punto en boca, buenas y muchas oraciones a San Bartolomé, que es quien le conoce las cosquillas, y dejarle andar: que Dios, que es justo y está allá arriba, proveerá a todo.
Firme en esta idea, había decidido no volver a decir palabra sobre el asunto a nadie, ni por nada; pero lo haré hoy por satisfacer vuestra curiosidad, y a fe, a fe que después de todo, si el diablo me lo toma en cuenta y torna a molestarme en castigo de mi indiscreción, buenos Evangelios llevo cosidos a la pellica y con su ayuda creo que, como otras veces, no me será inútil el garrote.
-Pero, vamos -exclamó don Dionís, impaciente al escuchar las digresiones del zagal, que amenazaba no concluir nunca-, déjate de rodeos y ve derecho al asunto.
-A él voy -contestó con calma Esteban, que después de dar una gran voz acompañada de un silbido para que se agruparan los corderos que no perdía de vista y comenzaban a desparramarse por el monte, tornó a rascarse la cabeza y prosiguió así: ... (ver texto completo)
En efecto, era así, pues a poco de haberse oído la esquililla empezaron a saltar por entre las apiñadas matas de cantueso y tomillo, y a descender a la orilla opuesta del riachuelo, hasta unos cien corderos blancos como la nieve, detrás de los cuales, con su caperuza calada para libertarse la cabeza de los perpendiculares rayos del sol, y su atillo al hombro en la punta de un palo, apareció el zagal que los conducía.
-A propósito de aventuras extraordinarias -exclamó al verle uno de los monteros ... (ver texto completo)
Y a qué se refiere esa facultad maravillosa?
-Se refiere -prosiguió el montero- a que, según él afirma, y lo jura y perjura por todo lo más sagrado del mundo, los ciervos que discurren por estos montes se han dado de ojo para dejarle en paz, siendo lo más gracioso del caso que en más de una ocasión los ha sorprendido concertando entre sí las burlas que han de hacerle, y después que estas burlas se han llevado a término, ha oído las ruidosas carcajadas con que las celebran.
Mientras esto decía ... (ver texto completo)
Leyendas: La Corza Blanca (G. A. Bécquer)

I

En un pequeño lugar de Aragón; y allá por los años de mil trescientos y pico, vivía retirado en su torre señorial un famoso caballero llamado don Dionís, el cual después de haber servido a su rey en la guerra contra infieles, descansaba a la sazón, entregado al alegre ejercicio de la caza, de las rudas fatigas de los combates.
Aconteció una vez a este caballero, hallándose en su favorita diversión acompañado de su hija, cuya belleza singular y ... (ver texto completo)
En efecto, era así, pues a poco de haberse oído la esquililla empezaron a saltar por entre las apiñadas matas de cantueso y tomillo, y a descender a la orilla opuesta del riachuelo, hasta unos cien corderos blancos como la nieve, detrás de los cuales, con su caperuza calada para libertarse la cabeza de los perpendiculares rayos del sol, y su atillo al hombro en la punta de un palo, apareció el zagal que los conducía.
-A propósito de aventuras extraordinarias -exclamó al verle uno de los monteros ... (ver texto completo)
Leyendas: La Corza Blanca (G. A. Bécquer)

I

En un pequeño lugar de Aragón; y allá por los años de mil trescientos y pico, vivía retirado en su torre señorial un famoso caballero llamado don Dionís, el cual después de haber servido a su rey en la guerra contra infieles, descansaba a la sazón, entregado al alegre ejercicio de la caza, de las rudas fatigas de los combates.
Aconteció una vez a este caballero, hallándose en su favorita diversión acompañado de su hija, cuya belleza singular y ... (ver texto completo)
Buenos dias Antonio
Feliz dia y disfruta del domingo
Un abrazoooooooooooooo
Buenos días VICTORIA.

Pasa un feliz Domingo.

UN ABRAZOOOOOOOOOOO.
Buenos dias Elmaestro jajajajaaj ya vi que muy animado estuviste de buena mañana
Yo hoy un poco perezosa y con muy pocas ganas de na
Que tengas un feliz domingo
Un fuerte abrazooooooooooo
Buenos dias Rober
Un feliz dia y disfruta del pasein
Un abrazoooo
Buenos dias amigos-as de La Nuez, desde Asturias.
Victoia, hoy otra vez de sol... na de na jajajjaa.
Besinos y FELIZ DOMINGO.
Buenos dias Finy, lob mismito que por aqui este año el sol no se decide a salir
Un feliz dia y a disfrutar del domingo
Un besin
Buenos dias a todos los visitantes y leyentes,
Victoria un domingo de lo mejor para ti y los tuyos
besito
Buenos dias Berta un besin y un feliz dia
Disfruta del domingo con tu familia que se que lo haces
Buenos días Victoria: Ayer, despues de poner la pipas de las calabazas y de unos cuantos pepinos llovió lo suficiente pata que nazcan fuertes y hermosas. También puse unas cuantas simientes de melón que no espero probarlos pues creo que ya están vigilándolos antes de nacer. Y es que todo que no tenga vallas, y aun esto está to como si estuviese en la calle. Ya me entiendes. Hoy ha vuelto lloviznar por la mañana.

Que paséis feliz domingo.

Un abrazo parejita.
Buenos dias Abuelo tu y tu huerto y que razon tienes, tendrias que cerrarlo a cal y canto,,,,, tu trabajandolo y otros a disfrutarlo,
Por aqui no sabe que hacer si llover o salir el sol
Un feliz domingo para ti y espero estes mejor
Un fuerte abrazoooooooooo
Buenos días, Victoria y foro de Nuez. Victoria, gracias por tus mensajes en el foro de Soria. Precisamente Machado, poeta que ocupa un espacio tan importante en Soria y cuyas poesías nos gusta recordar. Pero no te sientas obligada a entrar allí, que bastantes cosas tendrás. Yo te lo agradezco, pero quizás la gente de Soria no se merezca tu esfuerzo. Ahora tengo que dejar el foro y a ver si luego os puedo enviar algo al de Nuez.
Gracias nuevamente, y que tengas un buen día. Aquí, en el sur, lluvia, ... (ver texto completo)
Buenos dias Manuel y de obligacion nada de nada lo hago con alegria como a los demas que visito,
hoy al ver esto de Machado solo pense en ti, hay tantos y tan bonitos poemas que me perdi entre ellos y disfrute
Que disfrutes del domingo
Un fuerte abrazoooooooooooooooo
Aquí do silencioso...

Aquí do silencioso
corre el blando Guadiana cristalino
sin azotar ruidoso
las piedras de camino,
o encanecen de espuma la ribera.

Tan manso, que creyera
cualquier que lo mirase ... (ver texto completo)
A Belisa

Belisa, ¡cuán hermoso
es ver de rubias mieses coronado
un terreno espacioso,
de arbustos rodeado
y flores olorosas esmaltado!

¡Cuán dulce el arroyuelo,
que con curso apacible retorcido ... (ver texto completo)
Acércate, poeta; mi alma es sobria,
de amor no entiende, del amor terreno,
su amor es mas altivo y es mas bueno.
"Creer porque se tenga interés en creer es una prostitución del alma."
"Hay que atar la vida a otra cosa que no sea uno mismo. Pero, ¿por qué no es esto lo que hacen los hombres?"
"Brillan tanto las lágrimas en los ojos de una niña que nos da lástima besarlas cuando están secas."
"La educación es al hombre lo que el molde al barro. Le da la forma."
"Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia."
"La lectura forma al hombre; las conferencias lo alistan; y la escritura lo perfecciona."
Buenas noches Luis
gracias por tus bonitas poesias
Que descanses y felices sueños
Un fuerte abrazooooooooooooooooo
"La ocasión hay que crearla, no esperar que llegue."
victoriaaaaaaaaaa, por hoy ya lo dejo
hasta mañanaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
que pases una buena noche
Buenas noches Antonio
Que descanses y felices sueños
Un fuerte abrazooooooooooo
"No hay un gran genio sin mezcla de locura."
"La dignidad no consiste en nuestros honores sino en el reconocimiento de merecer lo que tenemos."
"No te quejes de la nieve en el techo del vecino, cuando también cubre el umbral de tu casa."