Tomó el mismo camino que sus hermanos y al llegar al río encontró a la mujer que lavaba y al niño que lloraba.
Preguntó por qué lloraba el muchachito y la mujer le contestó que de hambre. Entonces el príncipe bajo de su caballo y busco de lo mejor que había en sus alforjas y se lo dio a la pordiosera. En su tacita de plata vació la leche que traía en una botella, con sus propias manos desmigó uno de los panes que su madre la reina había amasado, puso al niño en su regazo y le dio con mucho cariño
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Al pasar por donde estaban sus hermanos, les enseño la
Flor. Ellos le llamaron y le recibieron con mucha labia. Lo convidaron a
comer y mientras fue a desensillar su
caballo, ellos se aconsejaron. En la
comida le hicieron beber tanto vino que se embriagó.
Cuando estuvo dormido, se lo llevaron al
campo, lo mataron, le quitaron la Flor y lo enterraron. Sin querer le dejaron los deditos de la mano derecha fuera de la tierra.
Los príncipes volvieron donde su padre con la Flor, que fue puesta en
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