Mensajes de FREILA (Granada) enviados por antonio:
A través de la historia, ha habido muchos seres que afirmaron poseer conocimientos arcanos y energía sobrenatural; quizás el más antiguo ejemplo de esta afirmación es el conocimiento del la fabricación del fuego, secreto celosamente oculto, que Prometeo decidió revelar a los hombres.
Cuando se efectúan distinciones entre los términos previamente citados, los hechiceros son más frecuentemente practicantes de evocaciones o magia negra. Cabe destacar que algunos de estos nombres tienen connotación más peyorativa que otros, especialmente de acuerdo con la fe religiosa.
Ser mago se puede también referir a ser encantador, hechicero, taumaturgo, nigromante o rey mago.
Un mago es una persona experta en el misterioso y oculto arte de la magia. Tiene la habilidad de lograr objetivos predeterminados utilizando fuerzas sobrenaturales o medios no racionales.
Algunos magos modernos, tales como Aleister Crowley y los que siguen las tradiciones de la Hermética Orden del Amanecer y Ordo Tempi Orientis describen la magia en términos racionales, utilizando definiciones, postulados y teoremas.
En algunas culturas, los patos funcionan como símbolos chamánicos. Estos animales son capaces de volar y de nadar, así que se cree que pertenecen tanto al mundo superior como al inferior.
De manera semejante, el shaman y el jaguar se identifican en algunas culturas amazónicas, dado que este felino es capaz de moverse libremente en el suelo, en el agua y también trepar a los árboles, ascendiendo y descendiendo entre dos mundos tan fácilmente como el alma de los chamanes.
En la mitología griega, la función del shaman o chaman era la de nigromante, es decir: se lo creía capaz de atraer espíritus y de revivir cadáveres para utilizar como esclavos, soldados o herramientas para la adivinación.
Actúan como mediadores dentro de su cultura: se comunican con fantasmas en nombre de su comunidad y nunca motivados por intereses individuales.
Cabe mencionar que la palabra pasó a través de ruso y del alemán antes de ser adoptada en inglés.
En cualquier caso, la forma plural apropiada de la palabra es “shaman” o los “shamans” y nunca “shamen”, dado que no guarda relación con el término anglosajón “hombre”. Por ende, shaman o chaman es correcto tanto para un hombre como para una mujer hechicera.
Por otra parte, la palabra shamanka podría ser correcta para un hablante de ruso, porque se trata de la variación utilizada para el género femenino.
De cualquier manera, el vocablo hace referencia a una persona capacitada con cierto saber paranormal, experto en conservar y transmitir los múltiples códigos de un complejo sistema de creencias sociales.
Otros eruditos afirman que la palabra proviene de la lengua manchú, y que es incluso la única palabra usada frecuentemente en inglés, como préstamo de esa lengua.
La palabra shaman o chaman se utiliza libremente para aludir a cualquier hechicero o bruja que intente mantener comunicación con los fantasmas. En su forma original, parece ser una alteración de la palabra sánscrita Shramana, que insinuaba a un discípulo de Buda. Entre los mongoles, es un sinónimo de mago.
El vocablo “shaman”, originalmente referido a los sanadores tradicionales de Turquía y Mongolia, pasó a adquirir el significado general de sabio o médium.
En la cultura de la India también existen los “tántricos” o “tantras”, que afirman tener energía suficiente como para controlar a los espíritus y forzarlos a cumplir sus pedidos. La gente los visita con frecuencia para solicitarles auxilio en cuestiones laborales o para embrujar y maldecir enemigos u oponentes.
El chamanismo parte de la premisa de que el mundo visible está impregnado por fuerzas invisibles que afectan la vida. A diferencia del animismo, el chaman requiere conocimientos o capacidades especializadas. Suele asociárselo habitualmente con rituales religiosos o con sacerdotes.
Una vez en el mundo espiritual, el chamán solicita a los espíritus ayuda para el mejoramiento de los cultivos, la caza o las condiciones atmosféricas. Ripinsky-Naxon describe a estos hombres como “personas que presentan un enorme interés por el medio ambiente y por la sociedad de la cual forman parte”.
Algunos antropólogos y eruditos definen un shaman o chamán como un intermediario religioso entre el mundo natural y el espiritual, hábil para viajar entre ambas esferas cuando se encuentran en estado de trance.
También se les atribuye la habilidad de controlar las condiciones climáticas, practicar la adivinación, la interpretación de sueños, la proyección astral y los viajes a los mundos superiores e inferiores. Cabe destacar que las tradiciones chamánicas han existido en el mundo desde épocas prehistóricas.
5) Los chamanes pueden tratar enfermedades; se los conoce como curadores, gurúes y magos. Tienen la capacidad de diagnosticar y curar los dolores del ser humano y, en algunas sociedades, son capaces de provocar el mismo sufrimiento.
4) El espíritu de un chaman entra y sale del cuerpo humano para ingresar en el mundo sobrenatural cuando éste debe realizar ciertas tareas en el plano espiritual.
3) Los animales desempeñan un papel importante: actúan como presagios o portadores de señales.
2) Los espíritus pueden ser buenos o malos. Los médium o chamanes utilizan diversos procesos y técnicas para incitar la caída en trance, por ejemplo: cantando, bailando o meditando.
1) Los espíritus pueden desempeñar papeles importantes en la vida humana. Los chamanes pueden controlar o cooperar con los espíritus para beneficiar una comunidad de seres humanos.
Existen diversas variantes del chamanismo en el mundo, aunque algunas creencias son compartidas por todas sus formas:
El chamanismo (o shamanismo) alude a un amplio abanico de creencias tradicionales y prácticas relacionadas con la comunicación dentro del mundo de los espíritus.
Lawhead lo transforma en una especie de Atlante, rey de Dyfed, que está loco pero se recupera de su insania tras muchos años de vivir en los bosques. Entonces asume los papeles de profeta, consejero y bardo, habitualmente atribuidos al célebre mago.
Por otra parte, Merlín (1988) y Pendragon (1994), dos de los cuatro textos escritos por Stephen Lawhead, son narrados por Merlín (Myrddin) desde su punto de vista, es decir, a través de una focalización interna protagonista.
El erudito artúrico Nikolai Tolstoy (pariente del famoso escritor ruso León Tolstoi) escribió un libro no ficcional titulado La búsqueda de Merlín, en 1985, y también una fantasía histórica llamada La llegada del Rey, en 1988. Se trata de la primera obra de una trilogía incompleta, sobre temas artúricos.
Más tarde, el autor gallego Álvaro Cunqueiro publicó Merlín y familia, en 1957. En esta obra, el mago vive en el bosque gallego de Esmelle y es visitado por figuras míticas que buscan consejo mágico. Sintetiza la leyenda del Rey Arturo con cuentos populares de Galicia.
El personaje de Lewis, Ransom, ha heredado aparentemente el título de Pendragon, originario de la tradición artúrica. Merlín también dice "Numinor"; se trata de una alusión a Númenor, de la obra de J. R. R. Tolkien.
En esta obra, Merlín ha permanecido dormido durante varios siglos y se despierta para librar una batalla contra los agentes materialistas del Demonio. Está capacitado para luchar dentro del bando de las energías angelicales porque proviene de una época en que la brujería no era todavía un arte corrupto.
Por su parte, C. S. Lewis utilizó la figura de Merlín Ambrosius en su novela de 1946, La Espantosa Fuerza, el tercer libro de su Trilogía del Espacio.
Lo retrata como un completo charlatan desprovisto de energías mágicas verdaderas: se trata de una auténtica sátira contra las supersticiones. Recién en el último capítulo, Merlín parece haber adquirido repentinamente algunas habilidades mágicas que lo reivindican como parte de la tradición artúrica.
Mark Twain transformó a Merlín en el villano de su novela Un yanqui de Connecticut en la corte del Rey Arturo, escrita en 1889.
Cabe mencionar que las profecías de Geoffrey no revelan demasiado acerca de la procedencia de Merlín... Cuando incluyó al mago en su trabajo posterior, Historia Regum Britanniae, completó la caracterización con atributos de Aurelius Ambrosius tomados a su vez de la Historia Brittonum de Nennius.
El medievalista Gaston Paris sugirió que Geoffrey estilizó el nombre "Merlinus" para evitar la romanización estándar "Merdinus", con el objetivo de descartar cualquier semejanza con la palabra francesa obscena “merde”, que significa "excremento".
Si hablamos de las fuentes bibiográficas y documentales en las que se basó Geoffrey, encontramos los citados Myrddin Wyllt (también llamado Merlinus Caledonensis) y Aurelius Ambrosius, una versión ficcionalizada de un líder bélico histórico, Ambrosius Aurelianus.
Geoffrey tenía en mente un individuo con trastornos mentales que vivió en el siglo VI dC. Al escribir su obra más temprana, Prophetiae Merlini (Las profecías de Merlín) manifestó que daba cuenta de las palabras reales del loco legendario.
Entre otros milagros, Merlín hace posible el nacimiento de Arturo utilizando su magia y encantamientos varios.
Más adelante, se transforma en consejero del rey hasta que resulta encarcelado por la Dama del Lago.
La biografía tradicional de Merlín lo revela como hijo de una mujer mortal y un íncubo, espíritu no humano de quien hereda sus energías y habilidades.
La representación que Geoffrey efectúa de este personaje se hizo inmediatamente popular; escritores posteriores ampliaron tal descripción aportando una imagen más completa del mago.
Geoffrey combinó historias existentes de Myrddin Wyllt (conocido como Merlinus Caledonensis), un loco del norte de Reino Unido sin relación con el rey Arturo. También echó mano a los cuentos de Aurelius Ambrosius, que presentan un personaje ficcional bautizado con el nombre de Merlín Ambrosius.
Merlín es más conocido como el célebre mago de la Leyenda del Rey Arturo. La caracterización habitual de este personaje aparece por primera vez en la Historia Regum Britanniae, de Geoffrey de Monmouth, y se basa en una amalgama de figuras históricas y legendarias anteriores a su generación.
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