Ya con cinco años tenía su propio póney y antes de cumplir los diez galopaba por la pradera, sujetándose al caballo solamente con las rodillas, para tener las manos libres y poder disparar el arco. Como experto guerrero, fue capaz de lanzar veinticinco flechas seguidas tan rápidamente que un hombre con un mosquetón solamente podía disparar y cargar una sola vez en el mismo tiempo.