El final de una primavera lluviosa, dió paso a un verano tardío. Cómo de costumbre, problemas para la organización de las fiestas, y desvelos para el señor alcalde. Tres novillos, tres. Fueron los protagonistas, bravos y recogidos de tamaño. Dos negros y uno rojo, del cual, el descabello certero ejecutado por un joven torero vestido con suéter blanco pantalón vaquero y zapatillas de lona quedó plasmado en el objetivo de la cámara del fotógrafo de la fiesta. Fue el año que más maletillas hicieron ... (ver texto completo)