Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

-No me lo explico -repetía- ¿Cómo has podido…?
La niña, que acababa de caerse de la bolsa del canguro, corrió hacia ellos con los brazos extendidos y sus padres la abrazaron y besaron. La madre de Lily se echó a llorar de lo feliz que se sentía, y eso hizo que Lily rompiera a llorar también. Hasta su padre se enjugó los ojos, mientras abrazaba a la hijita que creía muerta.
La escopeta se disparó al aire.
- ¡No! ¡Mira, si es Lily! -gritó.
Entonces, el canguro entró en el corral dando saltos, y el padre de Lily levantó la escopeta dispuesto a disparar. Pero la madre se acercó corriendo y torció la dirección del tiro.
En aquel momento una mujer apareció en la puerta de su casa y, resguardándose los ojos del sol, miró también hacia los matorrales.
- ¡Qué raro ver a un canguro por aquí!
Al acercarse a la casa, Lily y el canguro vieron junto a ella a un hombre que llevaba una escopeta. El hombre miró de pronto hacia los matorrales y exclamó:
Y el emú se alejó riendo para ir a bailar entre las ovejas y dispersarlas por toda la llanura.
Me voy a beber a la pila de las ovejas. Podríais acompañarme, pero los humanos han echado veneno para que no se acerquen los canguros. Con nosotros no se meten… les gusta demasiado comer nuestros huevos. Sólo nos matan cuando bailamos entre sus ovejas… ¡Qué tendrán las ovejas para que se preocupen tanto por ellas!… ¡Fijaos en ese rebaño! ¡Apenas puedo contener las ganas que siento de bailar!
Por la mañana, Lily y el canguro, conducidos por el aguzanieves, llegaron a un descampado y se encontraron con un emú. Era un signo evidente de que los humanos no andaban lejos, pues a los emúes les encanta vivir cerca de los rebaños de ovejas. La enorme ave dijo:
Cuando te vayas será como volver a perder a mi hijito.
Lily y el canguro se quedaron charlando hasta bien entrada la noche. El simpático animal dijo:
Ahora se ha hecho tarde, pero mañana cruzaremos esa hilera de robles y llegarás a tu casa.
- ¡Vaya jaleo se ha armado contigo! ¡Hay un montón de humanos que te andan buscando! Y están tan tristes y desfallecidos…
No tardaron en oír el “cliqui-ti-clac, cliqui-ti-clac” de la canción del aguzanieves. Este dijo:
- ¡Lily, Lily! ¡He encontrado al aguzanieves! ¡El conoce el camino de regreso a tu casa!

Y metiendo a Lily dentro de su bolsa, saltó hábilmente sobre el juez y se la llevó lejos.
En aquel momento apareció en el claro del bosque el canguro, dando grandes saltos y jadeando de emoción:
El juicio acabó en medio de un gran alboroto.
- ¡Yo me rindo! -dijo el pelícano.
-Sí -contestó el pájaro charlatán con una risita.
- ¿Pero es posible que el canguro haya perdonado a los cazadores?
El pelícano preguntó:
- ¡Ja! ¡ja! Es inútil. El canguro y Lily son grandes amigos. No querrá declarar contra la pequeña humana.
El pájaro charlatán rió y dijo:
- ¡Pues llamad al canguro para que declare! ¡Es quien más padece! Los humanos le acosan, le matan, le despellejan y hacen con él botas y sopa!
El pelícano agregó:
-Este juicio me parece una comedia ridicula -dijo el koala, que se quedó dormido en el árbol.
-Bueno, pues llamad al koala. Los humanos le meten en parques zoológicos y está que trina.
Entonces, el pelícano intervino diciendo:
- ¿Por qué no llamáis al ornitorrinco primero? Los humanos quieren saber muchas cosas de su vida y está muy enfadado con ellos.
La rata exclamó:
El pájaro charlatán (que había salvado a Lily de la serpiente cuando aquélla se encontraba perdida) permaneció en un árbol riendo por lo bajito.
- ¡No tiene ninguna gracia! ¡Pero fijaos! ¡La prisionera le está rascando la cabeza al juez! (La cacatúa recordó de pronto que hacía de juez y Lily dejó de rascarle las plumas de la cabeza). Llamad al pájaro charlatán. La semana pasada unos humanos blancos mataron a tiros a dos de su especie.
La urraca dijo:
- ¡Qué gracioso! -dijo Lily, que no estaba nada asustada. Amaba tanto a todos los animales que no podía creer que quisieran hacerle daño.
-Estamos aquí para juzgarte por los daños que los humanos han causado a las criaturas del bosque. Seremos justos e imparciales. Yo presentaré los cargos. La cacatúa hará de juez. Las aves que están ahí constituirán el jurado.
Los animales callaron un instante; el pelícano avanzó contoneándose y dijo:
- ¡Qué amables habéis sido al venir a saludarme! -exclamó Lily.
Lily se incorporó y miró a su alrededor. Prácticamente todos los animales de quienes había oído hablar estaban reunidos allí: grullas, cisnes, pelícanos, canguros, ratas de Malabar, koalas y un arco iris de loros de brillante colorido que no paraban de chillar.
- ¿Quién hará de juez?
- ¿Ha visto alguien al oso australiano?
- ¡Ponte ahí!
- ¡Este no es tu sitio!
Había un cierto vocerío:
A Lily ya no le daba tanto miedo quedarse sola en el bosque, con lo que se acostó y no tardó en dormirse. Pero sus sueños eran confusos y extraños. Le pareció oír una multitud de voces que murmuraban. Al despertarse, comprendió que las voces eran reales.
Mientras te echas una siestecita, yo iré en busca del aguzanieves.
-Tú quédate aquí a descansar, Lily.
El canguro estaba muy cansado tras haber escapado de los cazadores aborígenes defendiéndose de sus perros. Así que Lily tuvo que ir andando en vez de viajar en la bolsa del canguro y al mediodía se sintió también muy fatigada. Cuando llegaron a un paraje al abrigo del sol, el canguro dijo:
Lily y el canguro

En la mañana del tercer día que pasaba Lily en el bosque, el sol apareció todo dorado y teñido de carmesí sobre un mundo luminoso, fresco y perfumado. Cantaban los grillos, las ranas croaban y los pájaros trinaban. Quizá entre las aves se encontraba el aguzanieves, que conocía el camino de regreso a la casa de Lily.