Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Cinco años guardó Katar el príncipe de la luna en la frente y la estrella en la barbilla. Cada seis meses lo sacaba de su estómago para recrearse con su vista, y en una de estas ocasiones, fue visto por el palafrenero mayor de palacio, quien, lleno de miedo, comunicó su descubrimiento a las cuatro reinas.
Óyeme, Katar -le dijo-. Mañana moriré, y antes quisiera pedirte que me guardases una cosa.
-Enséñame la cosa que es, y entonces te diré si quiero guardarla -contestó el caballo.
Suri mostró a Katar el hermoso príncipe, y el caballo accedió enseguida a guardarlo.
Al día siguiente, la buena vaca fue sacrificada por el matarife de palacio.
Katar era un caballo al que nadie había podido montar jamás. Era tanta su fiereza, que tenía aterrorizados a todos los guardianes de las cuadras. Sin embargo, ... (ver texto completo)
-No temáis -les tranquilizó el monarca-. Mañana mismo haré matar a la vaca.
Un pajarillo comunicó a Suri su sentencia de muerte, y la buena vaca sólo pensó en el principito que guardaba en su estómago. Royendo la cuerda que la ataba al pesebre, fue en busca de Katar, un caballo salvaje que se guardaba en las cuadras.
Las cuatro esposas del Rajá se estremecieron de miedo, y rasgándose sus vestiduras, fueron a ver a su esposo, diciéndole:
-Señor, vuestra vaca ha entrado en nuestras habitaciones y nos ha roto los vestidos. Ha sido un verdadero milagro que no nos haya matado. De ahora en adelante tendremos mucho miedo.
Al cabo de un año, Suri, la vaca, quiso ver al principito, y quedó más prendada que nunca de su hermosura. Para librarlo de todo mal, volvió a tragárselo, y así lo guardó diez años.
Por desgracia, un día la vio el guardián del establo, quien enseguida corrió a decir a las reinas que la vaca tenía dentro un hermoso joven con una luna en la frente y una estrella en la barbilla.
El perro oyó por casualidad su sentencia de muerte, y temiendo por la vida del niño que llevaba en el estómago, decidió dejarlo al cuidado de alguien. Este alguien resultó ser la vaca Suri, que estaba en el establo del palacio.
-Óyeme, Suri -le dijo-; quisiera que me guardases algo, pues mañana el rey me hará matar.
-Enséñame eso que quieres que te guarde -replicó la vaca.
El perro mostró el principito a la vaca, la cual lanzó un mugido de asombro ante su belleza.
-Lo guardaré con muchísimo gusto ... (ver texto completo)
Dentro del perro de Su Majestad, hay un niño con una luna en la frente y una estrella en la barbilla.
Al oír esto, las mujeres creyeron morir de miedo, y enseguida desgarraron sus ropas y fueron a ver al Rajá, diciéndole:
-Vuestro perro Chankar nos ha mordido. Hacedle matar.
-Perfectamente -contestó el soberano-. Mañana por la mañana morirá.
El esclavo que debía enterrar al niño hizo lo que le habían ordenado, pero Chankar, el perro del Rajá, le vio y cuando se hubo retirado, desenterró al niño. Al verlo tan hermoso, decidió salvarle la vida, y como no tenía dónde ocultarlo, se lo tragó.
Al cabo de seis meses, el perro salió al campo y sacando al niño vio que seguía viviendo. Lo acarició muy contento y cuando se hubo cansado de jugar con él volvió a tragarlo.
Pasaron otros seis meses, y de nuevo Chankar fue al campo a ver al niño de ... (ver texto completo)
El rey lo oyó perfectamente, pero creyendo que se trataba de otro capricho de su mujer, siguió cazando.
Entretanto nació un niño hermosísimo, con una luna en la frente y una estrella en la barbilla.
Las otras esposas del Rajá, llenas de envidia, cogieron al recién nacido y metiéndolo en una caja ordenaron a un esclavo que fuera a enterrarlo en el jardín. Para sustituir al niño, metieron en la cuna una piedra, y cuando llegó el Rajá le dijeron que aquello era el hijo que le había dado su esposa.
El ... (ver texto completo)
- ¿Sólo por eso me has hecho interrumpir la caza? En adelante, no vuelvas a hacerlo, pues me disgustaría mucho contigo.
Con los ojos bañados en lágrimas, la joven prometió no hacerlo más; pero al día siguiente se encontró muy mal y pidió a sus esclavas que hicieran sonar el tambor.
-Anda hazlo, así veremos si es verdad que está dispuesto a sacrificarse por ti.
Y tanto insistieron, que al fin la joven golpeó el tambor, cuyo sonido llegó hasta el rey, haciéndole interrumpir la caza y volar hacia el palacio.
- ¿Qué ocurre? -preguntó al ver a su esposa.
-Nada, sólo quería ver si me sigues queriendo.
-Nada; sólo quería verte.
El soberano besó a su mujer y le dijo que no volviera a tocar el tambor sin necesidad.
La joven prometió hacerlo así, mas al día siguiente, apenas había partido el rey, las demás esposas insistieron en que volviera a tocar el tambor.
-No quiero hacerlo porque mi esposo se disgustaría conmigo.
-Te quiere demasiado para disgustarse -dijo una de las mujeres.
-No quiero hacerlo.
-Hazlo andar para ver si es verdad que nuestro esposo lo oye -dijo una.
-No me atrevo; podría castigarme al ver que le he llamado sin necesidad.
Pero tanto insistieron las mujeres, que la joven golpeó el tambor.
Aún no había transcurrido media hora, cuando ya el rey estaba en la habitación de su esposa, preguntándole qué le ocurría.
La caza es el mayor de mis placeres. Como no puedo dejarla, te daré un tambor muy grande y si por casualidad te encuentras mal o me necesitas, no tienes más que hacerlo sonar. Yo lo oiré y esté donde esté acudiré enseguida.
Cuando las demás esposas vieron el tambor, preguntaron a la favorita para qué servía, y ésta se lo explicó:
Pasó un año, y la joven comunicó a su esposo que iba a nacer un niño. El rey la abrazó complacido y dio órdenes para que las demás esposas la cuidasen con todo amor.
Pero éstas eran unas envidiosas, y a los pocos días dijeron a la favorita:
-Nuestro señor el Rajá marcha cada día de caza. Sería conveniente que le pidieras que no se alejase tanto, pues podría nacer el niño, sin que él lo viese.
Aquella noche, la joven dijo a su esposo lo que le habían indicado las demás mujeres, y el Rajá contestó:
-Cuando yo me case -decía la joven- tendré un hijo que llevará una luna en la frente y una estrella en la barbilla.
Al oír esto, las siete hermanas se echaban siempre a reír. Sin embargo, un día el rey acertó a pasar cerca del grupo y prendado de la hermosura de la hija del jardinero, se detuvo a oír lo que hablaban, oyéndole decir que al casarse tendría un hijo hermosísimo.
Esto agradó aún más al rey, a quien sus demás esposas no habían dado hijos, y al día siguiente llamó al jardinero y le pidió ... (ver texto completo)
EL PRÍNCIPE QUE TENÍA UNA LUNA EN LA FRENTE Y UNA ESTRELLA EN LA BARBILLA
En una ciudad de la India, vivía un pobre matrimonio que tenía siete hijas. Como no podía pagarles ninguna distracción dejaba que cada tarde fuesen a jugar con la hija del jardinero de Palacio.
Dicen las crónicas que al consumirse la hoguera, de las cenizas salió un inmundo gusano, que fue aplastado por el Sumo Sacerdote, quien reconoció en él el alma de la hechicera.
En cuanto a las siete reinas, regresaron a su palacio, y pasaron felizmente el resto de sus vidas, mientras su hijo gobernaba con gran acierto sus dominios, en los que jamás faltó el pan a nadie.
Sin embargo, su asombro fue aún mayor al ver a las siete reinas, vestidas como convenía a su clase, y en quienes reconoció a sus siete primeras esposas.
La princesa, arrojóse a los pies del Rajá, y le explicó toda la verdad de lo ocurrido. El soberano quedó muy apesadumbrado por su comportamiento y decidido a repararlo en lo posible, hizo prender a la Raní, y la condenó a morir en la hoguera.
El Rajá, que había oído hablar mucho de las riquezas del hijo de las siete reinas, aceptó la invitación, y su asombro no tuvo límites cuando al entrar en el palacio, vio que era exactamente igual al suyo.
Con esto en su poder, el príncipe se convirtió en el mayor cosechero de trigo del país, y en pocos meses fue el hombre más rico de la India. A su fortuna se añadió la de su esposa, quien enterada de la historia de su marido y conocedora por las siete reinas del comportamiento del Rajá, hizo construir un palacio exactamente igual al del monarca, y un día le invitó a comer en él.
"No faltes esta vez. Mata al dador y convierte su sangre en rocío matutino."
Como las veces anteriores, la princesa cambió la carta, y la bruja, a pesar del disgusto que tal acción le producía, entregó al joven el grano de trigo del millón de espigas, que germinan en una noche.
El príncipe aceptó encantado, y a cambio del ave recibió una carta para la bruja, concebida en los siguientes términos:
Otra vez envió por él y cuando lo tuvo en su presencia, le preguntó cómo había regresado tan pronto y al enterarse de lo bien que le había recibido la bruja, y de que le entregó la vaca que siempre da leche, estuvo a punto de desmayarse de rabia, mas consiguió dominarse, y le dijo que si le daba aquel pichón, ella le entregaría el grano de trigo del millón de espigas, que germinan en una noche.
Uno de ellos cayó muerto ante la ventana de la Raní, quien se asomó a ver lo que ocurría, y con profundo asombro e indignación, vio todavía vivo al odiado príncipe.
Viendo que sus madres estaban ya en situación desahogada, el príncipe decidió regresar junto a su amada princesa, pero al pasar junto al palacio del Rajá, no pudo resistir la tentación de tirar unas flechas contra los pichones.
Como era tanta la leche que daba el animal, las siete reinas empezaron a hacer quesos y requesón, que vendieron más barato que nadie, consiguiendo en poco tiempo una bonita fortuna.
Pero no contaba la maga con la princesa, quien al preguntar a su futuro marido el motivo de su tardanza, se enteró de lo que le había dicho la Raní, y del contenido de su carta.
Como había hecho la vez anterior, la princesa cambió la carta, y así, cuando el joven llegó a casa de la bruja, ésta se vio obligada a entregarle la hermosa vaca que da leche siempre. El príncipe, pensando sólo en sus madres, se apresuró a llevarles la vaca, que con su leche, les aseguró el alimento para muchos días.
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El príncipe aceptó encantado el cambio y la Raní le dio otro mensaje para su madre, diciendo que le entregaría la vaca, pero en realidad, la carta decía lo siguiente:
"Mata al dador y convierte su sangre en rocío matutino."
Lanzando un grito de rabia llamó a un esclavo y le ordenó que hiciera subir al joven, y cuando le tuvo en su presencia le preguntó cómo había vuelto tan pronto. El joven le explicó lo ocurrido, y la rabia de la hechicera no conoció límite. No obstante, fingió estar satisfechísima con el éxito, y le dijo que si le regalaba aquel otro pichón, le daría la hermosa vaca de Jogi, cuya leche mana sin cesar durante el día.
-Mamaíta, de ahora en adelante yo seré tu otro ojo.
Después de esto, partió a casarse con la princesa, como había prometido, mas al pasar ante el blanco palacio de la Raní, vio unos pichones en el tejado y sin pensarlo un momento disparó una flecha que hirió al más hermoso de todos.
La Raní, oyó silbar la flecha y se asomó al balcón, viendo con profunda sorpresa que el príncipe seguía vivo.
Cuando llegó a la cárcel donde le aguardaban las siete reinas, entregó un par de ojos a cada una de las más viejas, y a la joven, su madre, sólo le dio uno, diciéndole:
Sólo tengo trece ojos, pues la semana pasada perdí uno.
El príncipe no se preocupó por este detalle, pues estaba demasiado contento al pensar que podría devolver la vista a sus siete madres.
El príncipe reanudó su viaje y al poco tiempo llegó a la cabaña de la vieja bruja, quien hizo una mueca de disgusto al leer la carta, y más, cuando el muchacho le pidió el collar de ojos.
Sin embargo se lo entregó, diciéndole:
Mientras el joven príncipe se bañaba en el estanque del palacio, la joven princesa cogió otro papel e imitando la letra de la Raní, escribió en él lo siguiente:
"Cuida con todo cariño de este muchacho y dale cuanto te pida."
Hecho esto, entregó la misiva al príncipe y rasgó la verdadera.
Al oír esto, la princesa pidió a su amado que le enseñase la carta de la reina, y como era muy inteligente, enseguida comprendió el plan de la malvada bruja. Sin embargo, no dijo nada, y encargó a sus esclavos que le dieran cuanto desease.
Jamás tan pocas palabras produjeron tanta alegría. Los habitantes del país celebraron grandes fiestas populares, pero el hijo de las siete reinas dijo que sólo podría casarse cuando hubiese recobrado los ojos de sus madres.
-Padre mío, este es el hombre con quien quiero casarme.
En el curso del viaje llegó a un país cuyos habitantes aparecían tan tristes que el príncipe les preguntó que les ocurría. Le contestaron que era debido a que la única hija del Rajá se negaba a casarse y por ello, cuando muriese el soberano, el país se encontraría sin príncipe heredero.
Añadieron los informadores que la princesa había asegurado que sólo se casaría con el príncipe que fuera hijo de siete madres. Desesperado el rey, ordenó que todo forastero que llegara a la población, fuera conducido ante la princesa. Por ello, a pesar de su impaciencia por llegar donde se encontraban los ojos de sus madres, el príncipe fue conducido ante la princesa, quien apenas lo vio enrojeció intensamente, y volviéndose hacia el rey, le dijo: ... (ver texto completo)
-No dejará de entregártelo -añadió- si te enseñas este papel.
El príncipe, que no había podido asistir a la escuela, no sabía leer ni escribir, y así no se enteró de la cruel maquinación de la Raní. Despidióse alegremente de ella y partió hacia la cabaña.
"Mata enseguida al dador, y convierte su sangre en rocío matutino."
Esta nota se la entregó al príncipe, diciéndole que la llevase a su madre, la bruja, quien le daría el collar de ojos que tenía.
- ¡Pobrecitas! -exclamó la bruja-. ¿No te gustaría devolverles la vista? Dame ese pichón y yo te prometo indicarte dónde encontrarás los ojos de tus madres.
Al oír esto, el príncipe se alegró muchísimo, y enseguida regaló el pichón que había cazado. La Raní guardó el pichón y en un pedazo de papel escribió estas palabras:
-No puede ser -contestó el joven-. El pichón es para mis siete madres ciegas que viven en la inmunda cárcel y que morirían si yo no me cuidara de ellas.
Cuando ya fue un hombrecito se hizo un arco y unas flechas y fue a cazar. Ello le llevó junto al palacio donde vivía la bruja blanca, la cual con sólo verle un momento descubrió que era el hijo del Rajá, y su corazón se llenó de odio, decidiendo matar, costara lo que costara, al príncipe. Enseguida ordenó a un esclavo que le hiciera subir, y al tenerte en su presencia, le pidió le vendiese uno de los pichones que había matado.
El medio de que se valía el joven para conseguir estos dulces y alimentos era su enorme simpatía, que hacía que la gente le colmase de regalos que permitían a las siete reinas seguir viviendo en su calabozo, cuando todo el mundo las suponía muertas desde muchos años antes.
A medida que fue haciéndose mayor fue ensanchando el túnel y cada día salía dos o tres veces en busca de alimentos para sus siete madres.
Cuando pudo empezar a caminar, el joven príncipe abrió un agujero en la pared, agujero que ensanchó y alargó de tal manera que un día pudo abandonar la cárcel, a la cual regresó al cabo de una hora cargado de dulces y golosinas, que dividió en partes iguales entre las siete reinas.
Al poco tiempo las siete desventuras fueron encarceladas, pues su vista molestaba a la nueva reina, y al poco tiempo la más joven de ellas tuvo un hijo que despertó las envidias de las seis restantes. Sin embargo, poco después todas querían con delirio al muchachito, que era su único consuelo, y cuando tuvo dos años se encontró con siete madres a cual más amante. El niño se mostró pronto tan útil, que las pobres prisioneras no hacían más que bendecir la hora de su nacimiento, pues desde aquel momento ... (ver texto completo)
-Tened, madre, guardadlos para haceros un collar con ellos, mientras yo estoy en palacio.
Enseguida acompañó al enamorado Rajá a sus dominios y se casó con él, acaparando para ella los trajes, los aposentos, las joyas y los esclavos de las siete reinas.
Tan trastornado quedó el Rajá por la belleza de la joven, que sin vacilar un momento, partió hacia su palacio y ordenó que fueran arrancados los ojos de las siete reinas, y con ellos regresó a la choza del barranco. La joven rió duramente al verlo, y atravesándolos con un hilo los tiró a su madre, diciendo: