- ¡Despliega todas las velas, para que el
barco vuele más veloz que un pájaro!
Entretanto, el Rey mostraba a la princesa la vajilla de oro, pieza por pieza:
fuentes, vasos y tazas, así como las aves y los animales silvestres y prodigiosos. Transcurrieron muchas horas así, y la princesa, absorta y arrobada, no se dio cuenta de que el barco se había hecho a la
mar. Cuando ya lo hubo contemplado todo, dio las gracias al mercader y se dispuso a regresar a
palacio, pero al subir a cubierta vio que estaba
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