Respuestas para Críspulo Cortés Cortés:

-Un ruido y un aleteo ensordecedor se acercaba por el aire hacía ellos, hasta que los patos que en el lago había se metieron dentro de los dos zurrones.
Cómo entre los dos no podían llevar tanto peso, le dieron un avisó al posadero para que les llevara los abultados zurrones en una carreta hasta la fonda.
Cuando los patos se hallaron esparcidos encima de dos mesas, Rascahuertos y Chupahuesos los conta-ron por curiosidad y cuando terminaron de contar, vieron que había sobre las dos mesas 90 hermosos y apetitosos patos.
Nuestros vagamundos viendo esa gran oportunidad de poder cenar los patos, abrieron de inmediato sus zurrones y dijeron al unísono, con fuerte y sonora voz:
- ¡Patos patitos adentro de nuestras bolsas estaréis más bonitos!
-Un ruido y un aleteo ensordecedor se acercaba por el aire hacía ellos, hasta que los patos que en el lago había se metieron dentro de los dos zurrones.
Cómo entre los dos no podían llevar tanto peso, le dieron un avisó al posadero para que les llevara los abultados zurrones en una carreta hasta la fonda.
Rascahuertos y Chupahuesos salieron detrás de él y tomando el camino que el mesonero les señalaba llegaron enseguida al borde de un precioso lago en donde revoloteaban con gran alboroto y escándalo una gran caterva de hermosos patos.
Nuestros vagamundos viendo esa gran oportunidad de poder cenar los patos, abrieron de inmediato sus zurrones y dijeron al unísono, con fuerte y sonora voz:
- ¡Patos patitos adentro de nuestras bolsas estaréis más bonitos!
Cómo no tenían nada que hacer y el tiempo les so-braba, Rascahuertos le preguntó al posadero si en el pueblo había un río ó lago en donde de pudiese pescar algo para cenar.
- Si tiene a bien vuestra merced yo mismo le indi-care el camino hasta el hermoso lago que bordea la aldea.
Le dijo el posadero saliendo de la fonda.
Rascahuertos y Chupahuesos salieron detrás de él y tomando el camino que el mesonero les señalaba llegaron enseguida al borde de un precioso lago en donde revoloteaban con gran alboroto y escándalo una gran caterva de hermosos patos.
Capitulo 9
Cuando todos los habitantes del pueblo saciados se retiraron a sus casas, se quedaron los vagamundos solos, junto al mesonero y su mujer, que sudaba la gota gorda fregando y retirando de las mesas los cuencos y los vasos de madera, en donde el pueblo se había comido los peces exquisitos y sabrosos.
Cómo no tenían nada que hacer y el tiempo les so-braba, Rascahuertos le preguntó al posadero si en el pueblo había un río ó lago en donde de pudiese pescar algo para cenar.
- Si tiene a bien vuestra merced yo mismo le indi-care el camino hasta el hermoso lago que bordea la aldea.
Le dijo el posadero saliendo de la fonda.
La región que abarcaba ese término municipal era lo bastante amplia para tener el doble de habitantes que los tenía en estos momentos.
Y nuestros dos héroes intuyendo la difícil misión y el complicado panorama que se les presentaba se adormilaron en sus asientos digiriendo los buenos peces que los dos glotones trotamundos se habían comido.
Capitulo 9
Cuando todos los habitantes del pueblo saciados se retiraron a sus casas, se quedaron los vagamundos solos, junto al mesonero y su mujer, que sudaba la gota gorda fregando y retirando de las mesas los cuencos y los vasos de madera, en donde el pueblo se había comido los peces exquisitos y sabrosos.
-Tendréis esta licencia está misma tarde, yo mismo en persona os la traeré sin demora alguna.
-En la taberna os esperamos señor Alcalde.
Dijo Chupahuesos mirando de soslayo a su amigo.
La región que abarcaba ese término municipal era lo bastante amplia para tener el doble de habitantes que los tenía en estos momentos.
Y nuestros dos héroes intuyendo la difícil misión y el complicado panorama que se les presentaba se adormilaron en sus asientos digiriendo los buenos peces que los dos glotones trotamundos se habían comido.
-Señor Alcalde, tenéis que autorizarnos por escrito esta licencia que nos habéis otorgado, porque si al paso del tiempo alguna cosa nos saliese al revés no queremos ser los responsables directos de vuestras desgracias.
Dijo Rascahuertos muy serio.
-Tendréis esta licencia está misma tarde, yo mismo en persona os la traeré sin demora alguna.
-En la taberna os esperamos señor Alcalde.
Dijo Chupahuesos mirando de soslayo a su amigo.
El resto del populacho, (al oír las palabras del edil) le vitoreaba con fervor y entusiasmo por tan sensata y acertada decisión.
-Señor Alcalde, tenéis que autorizarnos por escrito esta licencia que nos habéis otorgado, porque si al paso del tiempo alguna cosa nos saliese al revés no queremos ser los responsables directos de vuestras desgracias.
Dijo Rascahuertos muy serio.
-Pues bien, Rascahuertos y Chupahuesos, yo cómo Alcalde del pueblo de Templanza os autorizo des-de este mismo instante para que vosotros seáis los exterminadores oficiales de la peste inmunda, que está matando a nuestros animales y a nuestra gente y no nos deja nada para que podamos comer.
El resto del populacho, (al oír las palabras del edil) le vitoreaba con fervor y entusiasmo por tan sensata y acertada decisión.
Al oír estas palabras por boca de los forasteros, el Alcalde se acerco hacía ellos y sin preámbulo les preguntó:
- ¿Cómo os llamáis forasteros?
- ¡Rascahuertos y Chupahuesos nos llaman señor!
-Pues bien, Rascahuertos y Chupahuesos, yo cómo Alcalde del pueblo de Templanza os autorizo des-de este mismo instante para que vosotros seáis los exterminadores oficiales de la peste inmunda, que está matando a nuestros animales y a nuestra gente y no nos deja nada para que podamos comer.
- ¡Si me dais carta blanca exterminare la maldad!
Dijo Rascahuertos con potente voz.
Al oír estas palabras por boca de los forasteros, el Alcalde se acerco hacía ellos y sin preámbulo les preguntó:
- ¿Cómo os llamáis forasteros?
- ¡Rascahuertos y Chupahuesos nos llaman señor!
- ¡Sí!... ¡muerte a la bestia!
El clamor de protesta fue tan sonoro y fuerte, que rebotaba entre las paredes de la fonda y retumbaba en largo eco por todo el pueblo.
- ¡Si me dais carta blanca exterminare la maldad!
Dijo Rascahuertos con potente voz.
-Ahora os debemos de preguntar:
- ¿Quiere el pueblo acabar de una vez por todas con esa maldición que hace consumir vuestras haciendas y vuestras vidas?
- ¡Sí!... ¡muerte a la bestia!
El clamor de protesta fue tan sonoro y fuerte, que rebotaba entre las paredes de la fonda y retumbaba en largo eco por todo el pueblo.
Nos ha contado el estrago de maldad y sufrimiento que padecéis y las trágicas consecuencias que todo ello ocasiona a la economía del pueblo. Sabiendo que vuestra aldea era antes de esta tragedia, feliz y autosuficiente.
-Ahora os debemos de preguntar:
- ¿Quiere el pueblo acabar de una vez por todas con esa maldición que hace consumir vuestras haciendas y vuestras vidas?
-Hombres y mujeres de Templanza:
Comenzó sin titubeos Rascahuertos.
-Se por un carretero que habita en vuestro terminó municipal, todas las desgracias y los sufrimientos que padecéis sin causa ni motivación alguna, cómo ya os he dicho, lo sabe mi amigo Chupahuesos y yó, por ese bondadoso arriero que a tenido la sana virtud de traernos hasta vosotros.
Nos ha contado el estrago de maldad y sufrimiento que padecéis y las trágicas consecuencias que todo ello ocasiona a la economía del pueblo. Sabiendo que vuestra aldea era antes de esta tragedia, feliz y autosuficiente.
- ¿Cómo se llama el pueblo?
Preguntó Rascahuertos al aldeano que tenía cerca.
- ¡Templanza, se llama nuestro pueblo señor!
-Hombres y mujeres de Templanza:
Comenzó sin titubeos Rascahuertos.
-Se por un carretero que habita en vuestro terminó municipal, todas las desgracias y los sufrimientos que padecéis sin causa ni motivación alguna, cómo ya os he dicho, lo sabe mi amigo Chupahuesos y yó, por ese bondadoso arriero que a tenido la sana virtud de traernos hasta vosotros.
Muy despacio se levantó Rascahuertos de la mesa y girando la mirada escrutaba los rostros ansiosos de los escasos vecinos que aún quedaban con vida y viendo en ellos la apatía y la resignación decidió hablarles con su sinceridad habitual:
- ¿Cómo se llama el pueblo?
Preguntó Rascahuertos al aldeano que tenía cerca.
- ¡Templanza, se llama nuestro pueblo señor!
Rascahuertos aunque tenía mucha hambre, comió al mismo ritmo de Chupahuesos y cuando terminó de apurar el vino del vaso la gente se arremolinaba a su alrededor expectante y curiosa a la espera de los futuros acontecimientos que había anunciado el mesonero.
Muy despacio se levantó Rascahuertos de la mesa y girando la mirada escrutaba los rostros ansiosos de los escasos vecinos que aún quedaban con vida y viendo en ellos la apatía y la resignación decidió hablarles con su sinceridad habitual:
Los peces (que estaban exquisitamente aliñados) se devoraron en poco tiempo sin pausa ni respiro y a falta del trigo para hacer el pan, la mesonera les había preparado unas exquisitas y calientes tortas de maíz que fueron una delicia para todos.
Rascahuertos aunque tenía mucha hambre, comió al mismo ritmo de Chupahuesos y cuando terminó de apurar el vino del vaso la gente se arremolinaba a su alrededor expectante y curiosa a la espera de los futuros acontecimientos que había anunciado el mesonero.
El mesonero al escuchar lo que Chupahuesos le or-denaba se apresuró a cumplimentar estos deseos de inmediato y saliendo para hacer estos menesteres, dejó solos a tan distinguidos y extraños huéspedes, que habían traído abundancia y felicidad al pueblo.
Cuando después de lavarse y de cambiar los atuen-do en sus diminutos roperos con ropa más a menos a tono para estos casos, nuestros hombres bajaron al mesón y cuando asomaban sus cuerpos gentiles por la puerta del comedor los escasos habitantes de ... (ver texto completo)
Los peces (que estaban exquisitamente aliñados) se devoraron en poco tiempo sin pausa ni respiro y a falta del trigo para hacer el pan, la mesonera les había preparado unas exquisitas y calientes tortas de maíz que fueron una delicia para todos.
¡Ahora mismo bajamos!
Le dijo Chupahuesos de mal humor, exigiéndole:
-Traed unas jofainas que tengan agua limpia para asearnos un poco y dígale a las gentes del pueblo que aguarden un instante. Anuncie de nuestra parte que desde ahora comienza para la gente del pueblo una era de felicidad y prosperidad.
El mesonero al escuchar lo que Chupahuesos le or-denaba se apresuró a cumplimentar estos deseos de inmediato y saliendo para hacer estos menesteres, dejó solos a tan distinguidos y extraños huéspedes, que habían traído abundancia y felicidad al pueblo.
Cuando después de lavarse y de cambiar los atuen-do en sus diminutos roperos con ropa más a menos a tono para estos casos, nuestros hombres bajaron al mesón y cuando asomaban sus cuerpos gentiles por la puerta del comedor los escasos habitantes de ... (ver texto completo)
- ¡Despertar señorías, el alimento espera! La gente del pueblo quiere que sus señorías les acompañen en la cena y cómo tienen el hambre atrasada, no se si podré contenerlos por más tiempo.
- ¿Deseáis bajar al comedor ahora vuestras señorias ó al contrario desean vuestras mercedes descansar algún tiempo más?
¡Ahora mismo bajamos!
Le dijo Chupahuesos de mal humor, exigiéndole:
-Traed unas jofainas que tengan agua limpia para asearnos un poco y dígale a las gentes del pueblo que aguarden un instante. Anuncie de nuestra parte que desde ahora comienza para la gente del pueblo una era de felicidad y prosperidad.
Rascahuertos se despertó al sentir un suave roce en la cara que le hacía con delicadeza y con temor el mesonero, a la vez que insistentemente les decía:
- ¡Despertar señorías, el alimento espera! La gente del pueblo quiere que sus señorías les acompañen en la cena y cómo tienen el hambre atrasada, no se si podré contenerlos por más tiempo.
- ¿Deseáis bajar al comedor ahora vuestras señorias ó al contrario desean vuestras mercedes descansar algún tiempo más?
Mientras el obeso marido trataba de reanimar a la obesa mesonera, Rascahuertos y Chupahuesos, se encauzan fatigados escaleras arriba penetrando en la primera estancia que encuentran, dejándose caer exhaustos sobre los mullidos lechos, quedándose al instante dormidos por la intensa fatiga.
Rascahuertos se despertó al sentir un suave roce en la cara que le hacía con delicadeza y con temor el mesonero, a la vez que insistentemente les decía:
La gorda mesonera cuando vio tantos peces espar-cidos en el mostrador se desmayo estrepitosamente en el mismo dintel de la cocina.
Mientras el obeso marido trataba de reanimar a la obesa mesonera, Rascahuertos y Chupahuesos, se encauzan fatigados escaleras arriba penetrando en la primera estancia que encuentran, dejándose caer exhaustos sobre los mullidos lechos, quedándose al instante dormidos por la intensa fatiga.
Capitulo 8
El tabernero al ver tanta abundancia de comida, se puso a gritar llamando a su señora la mesonera que se moría de pena y tristeza en la vacía cocina, al contemplar sus apagados y solitarios fogones y sus paupérrimas alacenas.
La gorda mesonera cuando vio tantos peces espar-cidos en el mostrador se desmayo estrepitosamente en el mismo dintel de la cocina.
Quiero que convoques a los aldeanos que queden aún vivos en la taberna por la noche a las diez en punto y ahora buen hombre indícame en que lugar se encuentran nuestras estancias, que nuestros más fervientes deseos son ahora el descargar nuestros cuerpos del agotamiento de los fatigosos caminos que los dos hemos recorrido sin parar.
Avísenos vuestra merced, en cuanto este a punto la pitanza, porque nuestra hambruna puede más que nuestro sueño y la mucha fatiga que tenemos.
Capitulo 8
El tabernero al ver tanta abundancia de comida, se puso a gritar llamando a su señora la mesonera que se moría de pena y tristeza en la vacía cocina, al contemplar sus apagados y solitarios fogones y sus paupérrimas alacenas.
-Toma la mitad de los peces para pagar la posada y con el resto de peces prepara un festín para mí y para todos los habitantes del pueblo.
Dijo Rascahuertos y continuó:
Quiero que convoques a los aldeanos que queden aún vivos en la taberna por la noche a las diez en punto y ahora buen hombre indícame en que lugar se encuentran nuestras estancias, que nuestros más fervientes deseos son ahora el descargar nuestros cuerpos del agotamiento de los fatigosos caminos que los dos hemos recorrido sin parar.
Avísenos vuestra merced, en cuanto este a punto la pitanza, porque nuestra hambruna puede más que nuestro sueño y la mucha fatiga que tenemos.
Echando mano de sus zurrones, que estaban reple-tos de apetitosos peces y los vertieron encima del vetusto mostrador, desparramando por doquier los plateados peces, dejando embobado al hambriento tabernero.
-Toma la mitad de los peces para pagar la posada y con el resto de peces prepara un festín para mí y para todos los habitantes del pueblo.
Dijo Rascahuertos y continuó:
-Rascahuertos y Chupahuesos no salían del asom-bro por la pobre miseria del tabernero, entonces se acordaron de esa historia que les había relatado el carretero; que le había previno de la terrible y caó-tica miseria en que se hallaba la aldea.
Echando mano de sus zurrones, que estaban reple-tos de apetitosos peces y los vertieron encima del vetusto mostrador, desparramando por doquier los plateados peces, dejando embobado al hambriento tabernero.
- ¡Calmaros de vuestros enfados buena gente!
Les rogaba el mesonero de la posada saliendo de la cocina y añadió:
-Perdonen los señores, pero la fonda que poseo se halla prácticamente en la ruina y ningún cristiano desde hace mucho tiempo traspasa el umbral de la puerta de mi posada. Si queréis tomar algo de vino aún dispongo. Porque si al contrario lo que deseáis es comer, podéis marcharos por el mismo camino por donde habéis llegado, porque no tengo comida, ni para mí mismo.
-Rascahuertos y Chupahuesos no salían del asom-bro por la pobre miseria del tabernero, entonces se acordaron de esa historia que les había relatado el carretero; que le había previno de la terrible y caó-tica miseria en que se hallaba la aldea.
- ¡Ha de la casa!
- ¿Es que ninguno se acerca a paliar el hambre y la sed de los viajeros en esta aldea?
- ¡Voto a bríos!
-Que ninguna culpa tenemos los peregrinos de los males que todos vosotros tengáis.
- ¡Es que no hay ningún cristiano en esta fonda!
- ¡Calmaros de vuestros enfados buena gente!
Les rogaba el mesonero de la posada saliendo de la cocina y añadió:
-Perdonen los señores, pero la fonda que poseo se halla prácticamente en la ruina y ningún cristiano desde hace mucho tiempo traspasa el umbral de la puerta de mi posada. Si queréis tomar algo de vino aún dispongo. Porque si al contrario lo que deseáis es comer, podéis marcharos por el mismo camino por donde habéis llegado, porque no tengo comida, ni para mí mismo.
Resignados por tan solitaria acogida, pero a la vez muy decididos, nuestros hombres penetraron en el vació local y apoyándose sobre el viejo mostrador de roble, que estaba bastante destartalado, soltaron las palabras con sus poderosas voces, diciendo:
- ¡Ha de la casa!
- ¿Es que ninguno se acerca a paliar el hambre y la sed de los viajeros en esta aldea?
- ¡Voto a bríos!
-Que ninguna culpa tenemos los peregrinos de los males que todos vosotros tengáis.
- ¡Es que no hay ningún cristiano en esta fonda!
Cuando sus pasos traspasaron el umbral de la vieja taberna, la umbría le cegó la visión de lo que había dentro y al ver que ese local estaba completamente vacío, se extrañaron más por ser la hora punta del mediodía, en la cual todas las tabernas del mundo suelen estar llenas de gente, que por otro motivo.
Resignados por tan solitaria acogida, pero a la vez muy decididos, nuestros hombres penetraron en el vació local y apoyándose sobre el viejo mostrador de roble, que estaba bastante destartalado, soltaron las palabras con sus poderosas voces, diciendo:
Rascahuertos, después de analizar en compañía de Chupahuesos las hermosas esculturas de la fuente, recogieron sus escasas pertenencias y se dirigieron sin titubeo alguno hacía la fonda que se anunciaba llamativamente en un letrero de madera colgado en la plaza.
Cuando sus pasos traspasaron el umbral de la vieja taberna, la umbría le cegó la visión de lo que había dentro y al ver que ese local estaba completamente vacío, se extrañaron más por ser la hora punta del mediodía, en la cual todas las tabernas del mundo suelen estar llenas de gente, que por otro motivo.
Debajo, había una inscripción en letra gótica y en arcaico latín, que decía:
Desanda los ocho caminos que te arrastraban hasta la muerte y encontraras lo que de verdad anhelas.
Rascahuertos, después de analizar en compañía de Chupahuesos las hermosas esculturas de la fuente, recogieron sus escasas pertenencias y se dirigieron sin titubeo alguno hacía la fonda que se anunciaba llamativamente en un letrero de madera colgado en la plaza.
La Octava cara, representaba un acto de fe, en el cual, se quemaba vivó en una plaza pública de una ciudad a un anciano caballero con la cruz grabada en su peto metálico que apuntaba con el dedo de la mano y con el brazo extendido hacía un balcón de la plaza. En el balcón hacía donde el reo apuntaba, estaba un Rey coronado que miraba complacido el suplicio del reo.
Debajo, había una inscripción en letra gótica y en arcaico latín, que decía:
Desanda los ocho caminos que te arrastraban hasta la muerte y encontraras lo que de verdad anhelas.
En la séptima cara, se ve un claro del bosque, lleno de vegetación sin señal de que en el lugar existiese edificación alguna. Sólo una montaña que tiene su cima con forma de cara humana se halla grabada al final de la espesura de un tupido bosque.
La Octava cara, representaba un acto de fe, en el cual, se quemaba vivó en una plaza pública de una ciudad a un anciano caballero con la cruz grabada en su peto metálico que apuntaba con el dedo de la mano y con el brazo extendido hacía un balcón de la plaza. En el balcón hacía donde el reo apuntaba, estaba un Rey coronado que miraba complacido el suplicio del reo.
En la quinta cara, se representaba a los caballeros arrojando cadáveres, por el hueco de un edificio de piedra con la forma de campana; que recogían de un montón de monjes, siervos y animales muertos. En la sexta cara, se ven a los mismos caballeros, tapando con tierra y barro, la edificación de piedra con forma de campana que habían construido los monjes anteriormente.
En la séptima cara, se ve un claro del bosque, lleno de vegetación sin señal de que en el lugar existiese edificación alguna. Sólo una montaña que tiene su cima con forma de cara humana se halla grabada al final de la espesura de un tupido bosque.
En la cuarta cara de la fuente, estaba esculpido un cofre que tenía dos Ángeles con las alas extendi-das labrados encima de la tapa y estaba rodeado de caballeros y monjes arrodillados delante en actitud de devota oración.
En la quinta cara, se representaba a los caballeros arrojando cadáveres, por el hueco de un edificio de piedra con la forma de campana; que recogían de un montón de monjes, siervos y animales muertos. En la sexta cara, se ven a los mismos caballeros, tapando con tierra y barro, la edificación de piedra con forma de campana que habían construido los monjes anteriormente.
En la tercera cara, un grupo de monjes trabajaban en la construcción de una casa redonda parecida a un templo, en un claro redondo de un espeso y exuberante bosque de montaña.
En la cuarta cara de la fuente, estaba esculpido un cofre que tenía dos Ángeles con las alas extendi-das labrados encima de la tapa y estaba rodeado de caballeros y monjes arrodillados delante en actitud de devota oración.
En la segunda cara, estaba grabada una comitiva de caballeros y de bestias de carga que transportan un pesado objeto que tiene forma de arca y que se hallaba cargado sobre una carreta que es arrastrada por dos cansinos bueyes.
En la tercera cara, un grupo de monjes trabajaban en la construcción de una casa redonda parecida a un templo, en un claro redondo de un espeso y exuberante bosque de montaña.
En la primera cara, un personaje de la iglesia con la tiara papal y con báculo, entregaba en la mano a un caballero con yelmo y coraza, un pergamino del cual colgaba el sello del Pontífice Vaticano.
En la segunda cara, estaba grabada una comitiva de caballeros y de bestias de carga que transportan un pesado objeto que tiene forma de arca y que se hallaba cargado sobre una carreta que es arrastrada por dos cansinos bueyes.
La sonora fuente de granito labrado, vertía el agua por los cuatro chorros que brotaban desde la boca de cuatro cabezas de dragones bellamente talladas. La pileta en donde vertían los cuatro chorros esta-ba construida con la base y la forma octogonal con preciosos grabados en las ocho caras y en cada una se representaba escenas de Caballeros y de monjes en una laboriosa y extraña labor.
En la primera cara, un personaje de la iglesia con la tiara papal y con báculo, entregaba en la mano a un caballero con yelmo y coraza, un pergamino del cual colgaba el sello del Pontífice Vaticano.
Mientras el sonido de las ruedas resonaba todavía lejanas y apagadas por las empedradas calles de la aldea, Chupahuesos miró atentamente los edificios que circundaban la bella plaza de corte medieval.
La sonora fuente de granito labrado, vertía el agua por los cuatro chorros que brotaban desde la boca de cuatro cabezas de dragones bellamente talladas. La pileta en donde vertían los cuatro chorros esta-ba construida con la base y la forma octogonal con preciosos grabados en las ocho caras y en cada una se representaba escenas de Caballeros y de monjes en una laboriosa y extraña labor.
Una vez que les fue contada tan trágica historia, el carretero enmudeció el resto del camino, hasta que penetró el carro por las estrechas calles de la aldea. Cuando se detuvo el vehiculo en el mismo centro, donde estaba la plaza de pueblo y Rascahuertos y Chupahuesos se apearon, agradeciendo al carretero tan caritativo servicio con una buena provisión de peces, se quedaron en la plaza observando al carro, hasta que el vehiculo desapareció de su vista al do-blar por la primera calleja del pueblo.
Mientras el sonido de las ruedas resonaba todavía lejanas y apagadas por las empedradas calles de la aldea, Chupahuesos miró atentamente los edificios que circundaban la bella plaza de corte medieval.
-Pero como este hecho aún no ha sucedido, porque nadie quiere morir, el pueblo continúa proveyendo los víveres aunque estén muriéndose poco a poco por falta de alimentos que suministrar a los ogros y también por el hambre del pueblo.
Una vez que les fue contada tan trágica historia, el carretero enmudeció el resto del camino, hasta que penetró el carro por las estrechas calles de la aldea. Cuando se detuvo el vehiculo en el mismo centro, donde estaba la plaza de pueblo y Rascahuertos y Chupahuesos se apearon, agradeciendo al carretero tan caritativo servicio con una buena provisión de peces, se quedaron en la plaza observando al carro, hasta que el vehiculo desapareció de su vista al do-blar por la primera calleja del pueblo.
-La única prerrogativa que tienen los aldeanos, era el sacrificio de dos varones adultos, porque al día siguiente de este trágico suceso finalizará la mal-dición y será sólo a partir de entonces, cuando los hombres y mujeres que queden vivos puedan vivir en paz el resto de sus vidas.
-Pero como este hecho aún no ha sucedido, porque nadie quiere morir, el pueblo continúa proveyendo los víveres aunque estén muriéndose poco a poco por falta de alimentos que suministrar a los ogros y también por el hambre del pueblo.
-Cuando falte el suministro de la comida por terce-ra vez, dos de los habitantes de la aldea, un varón y una hembra elegidos por sorteo, serán sacrifica-dos y entregaran sus cuerpos a los monstruos para calmar el feroz canibalismo que hay en las cuevas y al siguiente día estos restos serán sepultados por los aldeanos delante de la gruta.
-La única prerrogativa que tienen los aldeanos, era el sacrificio de dos varones adultos, porque al día siguiente de este trágico suceso finalizará la mal-dición y será sólo a partir de entonces, cuando los hombres y mujeres que queden vivos puedan vivir en paz el resto de sus vidas.