-La segunda vez, si carecen de alimentos, sacrifi-caran a la virgen más bella y hermosa de la aldea y dejaran su cadáver a la entrada de la cueva y hacer lo mismo por la mañana.
-Cuando falte el suministro de la comida por terce-ra vez, dos de los habitantes de la aldea, un varón y una hembra elegidos por sorteo, serán sacrifica-dos y entregaran sus cuerpos a los monstruos para calmar el feroz canibalismo que hay en las cuevas y al siguiente día estos restos serán sepultados por los aldeanos delante de la gruta.
-Todos los 365 amaneceres que tiene el año, tienen los aldeanos que retirar de la entrada de las cuevas, todos los desperdicios y osamentas ensangrentadas de las bestias devoradas por estos misteriosos seres durante la noche. Y si por cualquier circunstancia no dispone la aldea de animales ó de otros géneros para entregar, deberán sacrificar la primera vez, al más joven varón y dejar el cadáver a la entrada de la cueva al anochecer, para retirar los huesos hu-manos por la mañana.
-La segunda vez, si carecen de alimentos, sacrifi-caran a la virgen más bella y hermosa de la aldea y dejaran su cadáver a la entrada de la cueva y hacer lo mismo por la mañana.
-Todas las 365 noches que tiene el año; tienen los aldeanos la obligación de dejar en la puerta de la cueva, 3 ovejas, 6 capones, 12 gansos, 24 arrobas de vino, 48 litros de aceite y 96 quintales de trigo.
-Todos los 365 amaneceres que tiene el año, tienen los aldeanos que retirar de la entrada de las cuevas, todos los desperdicios y osamentas ensangrentadas de las bestias devoradas por estos misteriosos seres durante la noche. Y si por cualquier circunstancia no dispone la aldea de animales ó de otros géneros para entregar, deberán sacrificar la primera vez, al más joven varón y dejar el cadáver a la entrada de la cueva al anochecer, para retirar los huesos hu-manos por la mañana.
El arriero les miro fijamente y con cierta pena en su rostro les contesto:
- Solamente os relatare unas terribles obligaciones que impusieron desde ese día a todos los habitantes de la aldea unos sanguinarios y poderosos seres que moran desde esta trágica noche en las cuevas.
-Todas las 365 noches que tiene el año; tienen los aldeanos la obligación de dejar en la puerta de la cueva, 3 ovejas, 6 capones, 12 gansos, 24 arrobas de vino, 48 litros de aceite y 96 quintales de trigo.
Rascahuertos y Chupahuesos, que son curiosos por naturaleza propia é intrigados por saber el final de tan fascinante historia, le preguntan:
- ¿Que sucedió dentro del redil?
El arriero les miro fijamente y con cierta pena en su rostro les contesto:
- Solamente os relatare unas terribles obligaciones que impusieron desde ese día a todos los habitantes de la aldea unos sanguinarios y poderosos seres que moran desde esta trágica noche en las cuevas.
Capitulo 7
El carretero enmudeció de repente su relato, como no queriendo acordarse de las tragedias pasadas, y arreando a las dos bestias reemprendió de nuevo el cansino viaje.
Rascahuertos y Chupahuesos, que son curiosos por naturaleza propia é intrigados por saber el final de tan fascinante historia, le preguntan:
- ¿Que sucedió dentro del redil?
- ¡Alejaos de este maldito lugar! ¡No oséis penetrar en las cuevas! Y dicho eso, el alguacil no dijo nada más, porque al instante se desplomó sin vida sobre el suelo de roca de la entrada.
Capitulo 7
El carretero enmudeció de repente su relato, como no queriendo acordarse de las tragedias pasadas, y arreando a las dos bestias reemprendió de nuevo el cansino viaje.
-Al instante apareció el alguacil por la puerta con el cuerpo destrozado y sangrante, mientras gritaba desesperado a los que había fuera.
- ¡Alejaos de este maldito lugar! ¡No oséis penetrar en las cuevas! Y dicho eso, el alguacil no dijo nada más, porque al instante se desplomó sin vida sobre el suelo de roca de la entrada.
-Cuando sintieron fuertes gritos y los lamentos que salían del interior de las cuevas y temiendo por sus hombres todas se pusieron a gritar, llevándose las manos a la cabeza con desesperación.
-Al instante apareció el alguacil por la puerta con el cuerpo destrozado y sangrante, mientras gritaba desesperado a los que había fuera.
-Las mujeres que iban por detrás de los hombres, llegaron muy intranquilas deteniéndose a la puerta de las cuevas impacientes por saber lo sucedido.
-Cuando sintieron fuertes gritos y los lamentos que salían del interior de las cuevas y temiendo por sus hombres todas se pusieron a gritar, llevándose las manos a la cabeza con desesperación.
Cuando los hombres y las mujeres, con las picas y los palos pensando que podía ser el ataque de los lobos, estaban cerca de la entrada de la cueva y los primeros ya llegaban hasta la cerca que rodeaba la entrada, un raro silencio les sobrecogió y cuando descubrieron que la puerta del redil estaba destro-zada y las ovejas y las cabras silenciosas, la duda y el miedo les atemorizó, hasta que los más decidi-dos con el alguacil del pueblo al frente penetraron en su interior.
-Las mujeres que iban por detrás de los hombres, llegaron muy intranquilas deteniéndose a la puerta de las cuevas impacientes por saber lo sucedido.
-La gente que se hallaba trabajando en la montaña se alarmó y fueron todos corriendo hacía la cueva, para tratar saber, que fiera o que lobo, inquietaba al ganado.
Cuando los hombres y las mujeres, con las picas y los palos pensando que podía ser el ataque de los lobos, estaban cerca de la entrada de la cueva y los primeros ya llegaban hasta la cerca que rodeaba la entrada, un raro silencio les sobrecogió y cuando descubrieron que la puerta del redil estaba destro-zada y las ovejas y las cabras silenciosas, la duda y el miedo les atemorizó, hasta que los más decidi-dos con el alguacil del pueblo al frente penetraron en su interior.
-Al principio los pastores no se extrañaron, porque pensaban que seria una clásica nube de verano que podía descargar agua en cualquier momento. Pero todo cambió cuando de repente escucharon fuertes balidos que salían de una cueva donde se guarecía de las heladas al ganado.
-La gente que se hallaba trabajando en la montaña se alarmó y fueron todos corriendo hacía la cueva, para tratar saber, que fiera o que lobo, inquietaba al ganado.
-Todo sucedió durante la más esplendida noche de verano que podéis imaginar. Es una de esas noches en que el firmamento resplandece con el esplendor de miríadas de estrellas y los pastores tranquilos y relajados se deleitaban con esta magnifica noche al contarse leyendas y relatos muy antiguos, cuando de repente apareció sobre la cima de la montaña la misma nube negra que ahora contemplan vuestros ojos.
-Al principio los pastores no se extrañaron, porque pensaban que seria una clásica nube de verano que podía descargar agua en cualquier momento. Pero todo cambió cuando de repente escucharon fuertes balidos que salían de una cueva donde se guarecía de las heladas al ganado.
-Pero sucedió, que un aciago día los que vivían del monte que ahora veis y del ganado que pastaba en él, son de repente salvajemente agredidos por una fuerza extraña que transformó la vida de todos los habitantes de la aldea que depende de los animales que pastan en esa montaña.
-Todo sucedió durante la más esplendida noche de verano que podéis imaginar. Es una de esas noches en que el firmamento resplandece con el esplendor de miríadas de estrellas y los pastores tranquilos y relajados se deleitaban con esta magnifica noche al contarse leyendas y relatos muy antiguos, cuando de repente apareció sobre la cima de la montaña la misma nube negra que ahora contemplan vuestros ojos.
-Hace mucho…mucho tiempo, en esa montaña que ahora veis, vivían unos apacibles pastores con sus familias; y cuidaban con todo el cariño y primor a sus rebaños de ovejas y cabras.
-Pero sucedió, que un aciago día los que vivían del monte que ahora veis y del ganado que pastaba en él, son de repente salvajemente agredidos por una fuerza extraña que transformó la vida de todos los habitantes de la aldea que depende de los animales que pastan en esa montaña.
- ¡Escuchar y poner mucha atención!
Les dijo el arriero con voz grave.
-Hace mucho…mucho tiempo, en esa montaña que ahora veis, vivían unos apacibles pastores con sus familias; y cuidaban con todo el cariño y primor a sus rebaños de ovejas y cabras.
-La pirámide de roca que veis tiene una maldición apocalíptica para los hombres.
- ¿Y cual puede, sí quitamos la muerte, lo que los hombres no puedan sobrellevar?
Dijo Rascahuertos.
- ¡Escuchar y poner mucha atención!
Les dijo el arriero con voz grave.
- ¿Es por caso un tirano el amo de la montaña?
El arriero mirándole de reojo, (negó con la cabeza a la par que detenía el carro) y le dijo:
-La montaña que veis no tiene amo ni tiene dueño alguno, que yo sepa.
- ¿Entonces?
Preguntó Rascahuertos mientras mesaba su espesa barba y se arrascaba con preocupación el cogote; pensando en la escasa lucidez que tenía el arriero.
-La pirámide de roca que veis tiene una maldición apocalíptica para los hombres.
- ¿Y cual puede, sí quitamos la muerte, lo que los hombres no puedan sobrellevar?
Dijo Rascahuertos.
El carretero, que estaba silbando una bella tonada mientras conducía el carro, le miró y dijo.
-Más le valdría a vuestra merced ser ciego, porque lo que ahora veis, nosotros no lo queremos ver.
Rascahuertos, al escuchar tan extraña explicación, pensó que podía tener la montaña en una región en donde se respira paz y tranquilidad y le pregunto:
- ¿Es por caso un tirano el amo de la montaña?
El arriero mirándole de reojo, (negó con la cabeza a la par que detenía el carro) y le dijo:
-La montaña que veis no tiene amo ni tiene dueño alguno, que yo sepa.
- ¿Entonces?
Preguntó Rascahuertos mientras mesaba su espesa barba y se arrascaba con preocupación el cogote; pensando en la escasa lucidez que tenía el arriero.
- ¡Buen hombre!
Pregunto Rascahuertos.
- ¿Por qué tiene ese monte tan alto una nube negra en la cumbre?
El carretero, que estaba silbando una bella tonada mientras conducía el carro, le miró y dijo.
-Más le valdría a vuestra merced ser ciego, porque lo que ahora veis, nosotros no lo queremos ver.
Rascahuertos, al escuchar tan extraña explicación, pensó que podía tener la montaña en una región en donde se respira paz y tranquilidad y le pregunto:
Después de andar el carro con el paso cansino, un buen trecho en completo silencio, el carro penetró a en una vasta gradería que estaba completamente desarbolada, lo que dejaba contemplar en la lejanía una empinada montaña coronada con una extraña nube negra que rodeaba en círculo toda la cima.
- ¡Buen hombre!
Pregunto Rascahuertos.
- ¿Por qué tiene ese monte tan alto una nube negra en la cumbre?
Cuando Chupahuesos, se sentó en el pescante, sin más preámbulos el carretero arreo a las dos bestias haciendo que tintineara alegremente el collarín de campanillas que los percherones llevaban alrededor del cuello.
Después de andar el carro con el paso cansino, un buen trecho en completo silencio, el carro penetró a en una vasta gradería que estaba completamente desarbolada, lo que dejaba contemplar en la lejanía una empinada montaña coronada con una extraña nube negra que rodeaba en círculo toda la cima.
Bastantes peces tenemos y no tema vuestra merced que será satisfecho con abundante pesca.
Finalizó Rascahuertos montando en el pescante del carromato.
Cuando Chupahuesos, se sentó en el pescante, sin más preámbulos el carretero arreo a las dos bestias haciendo que tintineara alegremente el collarín de campanillas que los percherones llevaban alrededor del cuello.
-Te pagaremos con peces que hemos pescado en el lago, si vuestra merced lo acepta
Dijo Rascahuertos al carretero.
-Claro que se lo acepto, señores, pues hacía tiempo que no probaba el pescado.
- ¿Tienen muchos para vender?
Pregunto el carretero a Chupahuesos.
Bastantes peces tenemos y no tema vuestra merced que será satisfecho con abundante pesca.
Finalizó Rascahuertos montando en el pescante del carromato.
-Caros ciudadanos yo cuando deseo montar en mí carro a alguien extraño, sólo inquiero su compañía, porque ya sabréis que estos tortuosos caminos son monótonos y solitarios para tener que hacérmelos sólo con los caballos y ninguno más, mis queridos compadres de fatigas.
-Te pagaremos con peces que hemos pescado en el lago, si vuestra merced lo acepta
Dijo Rascahuertos al carretero.
-Claro que se lo acepto, señores, pues hacía tiempo que no probaba el pescado.
- ¿Tienen muchos para vender?
Pregunto el carretero a Chupahuesos.
- ¡Gracias buen hombre, que Dios se lo pague!
- ¡Pagármelo!
Dijo el arriero mirándoles a los ojos.
- ¡Sí!
-Recompensar vuestra bondad.
Respondieron los dos con sincero acento.
-Caros ciudadanos yo cuando deseo montar en mí carro a alguien extraño, sólo inquiero su compañía, porque ya sabréis que estos tortuosos caminos son monótonos y solitarios para tener que hacérmelos sólo con los caballos y ninguno más, mis queridos compadres de fatigas.
Cuando uno de los carromatos llegó hasta su altura el arriero detuvo el vehiculo.
El arriero al pararse, miró a los dos zarrapastrosos con desconfianza, debido al desastroso aspecto que tenían, pero en cuando aguzo los sentidos y vio las sinceras miradas de Chupahuesos y Rascahuertos, vio el ellos sólo bondad y sinceridad en sus rostros y enseguida les ofreció cargar la mercancía y subir al pescante.
- ¡Gracias buen hombre, que Dios se lo pague!
- ¡Pagármelo!
Dijo el arriero mirándoles a los ojos.
- ¡Sí!
-Recompensar vuestra bondad.
Respondieron los dos con sincero acento.
Salieron del bosque al camino y en cuando llego la primera, levantaron la mano haciendo una señal al carretero que pasaba.
Cuando uno de los carromatos llegó hasta su altura el arriero detuvo el vehiculo.
El arriero al pararse, miró a los dos zarrapastrosos con desconfianza, debido al desastroso aspecto que tenían, pero en cuando aguzo los sentidos y vio las sinceras miradas de Chupahuesos y Rascahuertos, vio el ellos sólo bondad y sinceridad en sus rostros y enseguida les ofreció cargar la mercancía y subir al pescante.
Como con tal cantidad de peces no podían caminar se fueron hacía el camino real para tratar de hallar y contratar una carreta, que esas que pasaban con cierta frecuencia por el camino, para que le llevase esa mercancía hasta el poblado más próximo para poder vender los hermosos peces a los habitantes de la aldea más próxima.
Salieron del bosque al camino y en cuando llego la primera, levantaron la mano haciendo una señal al carretero que pasaba.
Entre todos contabilizaron 401 peces.
75 truchas grandes.
75 truchas medianas.
75 carpas grades.
75 carpas medianas.
100 barbos terciados.
Y un alevín de salmón que devolvieron al rió.
Como con tal cantidad de peces no podían caminar se fueron hacía el camino real para tratar de hallar y contratar una carreta, que esas que pasaban con cierta frecuencia por el camino, para que le llevase esa mercancía hasta el poblado más próximo para poder vender los hermosos peces a los habitantes de la aldea más próxima.
Rascahuertos y Chupahuesos, una vez calmados y más tranquilos, sacaron los peces de los zurrones y los seleccionaron en montones por tamaño y por la especie que cada pez tenía.
Entre todos contabilizaron 401 peces.
75 truchas grandes.
75 truchas medianas.
75 carpas grades.
75 carpas medianas.
100 barbos terciados.
Y un alevín de salmón que devolvieron al rió.
Continuaron nuestros dos amigos durante bastante tiempo en este alborozado acontecimiento humano hasta que los dos vagamundos agotados de pescar sin caña, se abatieron rendidos en la fresca hierba mientras clamaban alegremente.
- ¡Gracias!... ¡mil gracias!... quien quiera que fuese nuestro bienhechor y samaritano.
Rascahuertos y Chupahuesos, una vez calmados y más tranquilos, sacaron los peces de los zurrones y los seleccionaron en montones por tamaño y por la especie que cada pez tenía.
Mientras los peces del pantano palpitaban dentro de los dilatados morrales, Rascahuertos y su amigo Chupahuesos estaban maravillados, al comprobar los prodigios que ellos podían realizar sin esfuerzo alguno; saltando de felicidad y contento pensando que a partir de ahora estaban libres de obligaciones y de trabajos.
Continuaron nuestros dos amigos durante bastante tiempo en este alborozado acontecimiento humano hasta que los dos vagamundos agotados de pescar sin caña, se abatieron rendidos en la fresca hierba mientras clamaban alegremente.
- ¡Gracias!... ¡mil gracias!... quien quiera que fuese nuestro bienhechor y samaritano.
Al instante, el mismo clamor del galope de cientos de caballos del día anterior se dejo oír en la paz del bosque, mientras una nube de tonos plateados, que brotaban desde el pequeño lago, se dirigían veloz-mente hacía los amigos hasta que el conglomerado plateado se metió dentro de los dos zurrones.
Mientras los peces del pantano palpitaban dentro de los dilatados morrales, Rascahuertos y su amigo Chupahuesos estaban maravillados, al comprobar los prodigios que ellos podían realizar sin esfuerzo alguno; saltando de felicidad y contento pensando que a partir de ahora estaban libres de obligaciones y de trabajos.
Capitulo 6
Después de recorrer un trecho bastante largo por los serpenteantes senderos que había entre la zona boscosa y el monte bajo, se detuvieron en la orilla de un arroyo en donde veían que nadaban algunas hermosas truchas y viendo la posibilidad de repetir la hazaña anterior, vaciaron sus zurrones y después de colocarlos abiertos en la orilla levantaron los brazos y clamaron los dos al cielo:
- ¡Que todas las truchas del lago se metan dentro de nuestros zurrones!
Al instante, el mismo clamor del galope de cientos de caballos del día anterior se dejo oír en la paz del bosque, mientras una nube de tonos plateados, que brotaban desde el pequeño lago, se dirigían veloz-mente hacía los amigos hasta que el conglomerado plateado se metió dentro de los dos zurrones.
Encogiéndose de hombros y sin dar más importan-cia a tan extraños sucesos, se echaron el zurrón a la espalda y se emplazaron los dos sosegadamente a caminar con paso pausado pero inmutable.
Más adelante tendrían tiempo de averiguar si este milagro de los peces había sido casualidad ó podía ser pura magia.
Capitulo 6
Después de recorrer un trecho bastante largo por los serpenteantes senderos que había entre la zona boscosa y el monte bajo, se detuvieron en la orilla de un arroyo en donde veían que nadaban algunas hermosas truchas y viendo la posibilidad de repetir la hazaña anterior, vaciaron sus zurrones y después de colocarlos abiertos en la orilla levantaron los brazos y clamaron los dos al cielo:
- ¡Que todas las truchas del lago se metan dentro de nuestros zurrones!
¿Seguirá en el futuro la buena racha?
Se preguntaban, pensando en que todo lo que les había sucedido podía ser debido a unos fenómenos casuales.
Encogiéndose de hombros y sin dar más importan-cia a tan extraños sucesos, se echaron el zurrón a la espalda y se emplazaron los dos sosegadamente a caminar con paso pausado pero inmutable.
Más adelante tendrían tiempo de averiguar si este milagro de los peces había sido casualidad ó podía ser pura magia.
Rascahuertos mientras tanto, atizaba los rescoldos de la hoguera (que les había servido para asar los peces la noche anterior) y asó el resto de pescados que les habían sobrado. Después de comerse entre los dos todos los peces que les quedaban con toda la tranquilidad del mundo reflexionaron sobre esos excepcionales sucesos que iban ha transformar por completo las vidas que hasta ahora llevaban. El ajedrez, el dominó y el precioso libro, les habían trastocado en gran manera, su forma errabunda de ... (ver texto completo)
¿Seguirá en el futuro la buena racha?
Se preguntaban, pensando en que todo lo que les había sucedido podía ser debido a unos fenómenos casuales.
En uno de los estanques próximos, una bandada de patos silvestres amerizaban torpemente sobre las cristalinas aguas, agitándolas entre fuertes revolti-jos de espuma blanca, mientras los pajarillos muy asustados por el enorme escándalo que provocaban sus congéneres, huían despavoridos hasta los rin-cones más profundos del bosque.
Rascahuertos mientras tanto, atizaba los rescoldos de la hoguera (que les había servido para asar los peces la noche anterior) y asó el resto de pescados que les habían sobrado. Después de comerse entre los dos todos los peces que les quedaban con toda la tranquilidad del mundo reflexionaron sobre esos excepcionales sucesos que iban ha transformar por completo las vidas que hasta ahora llevaban. El ajedrez, el dominó y el precioso libro, les habían trastocado en gran manera, su forma errabunda de ... (ver texto completo)
El frío de la mañana y la mucha claridad del día, espabilaron la actividad de los amigos y después de guardarse en los zurrones su precario ajuar sa-lieron de la cueva, para estirar sus perezosamente entumecidos músculos, quedándose hechizados los dos por la maravillosa salida del sol.
En uno de los estanques próximos, una bandada de patos silvestres amerizaban torpemente sobre las cristalinas aguas, agitándolas entre fuertes revolti-jos de espuma blanca, mientras los pajarillos muy asustados por el enorme escándalo que provocaban sus congéneres, huían despavoridos hasta los rin-cones más profundos del bosque.
Y cuando Rascahuertos y Chupahuesos, por dere-cho le pedían a los diablillos el deseo que siempre habían tenido, se despertaron del profundo sueño de repente, por la fuerte luz del sol de la mañana que les daba de lleno sobre sus rostros.
El frío de la mañana y la mucha claridad del día, espabilaron la actividad de los amigos y después de guardarse en los zurrones su precario ajuar sa-lieron de la cueva, para estirar sus perezosamente entumecidos músculos, quedándose hechizados los dos por la maravillosa salida del sol.
Jugaron 7 partidas hasta completar los 40 puntos, sumando 50 veces 6, más una de 100 que sumaba 10 puntos. Cerraron, dos veces al 6, dos al 4, dos al 2 y una sola vez a las fichas blancas.
Y cuando Rascahuertos y Chupahuesos, por dere-cho le pedían a los diablillos el deseo que siempre habían tenido, se despertaron del profundo sueño de repente, por la fuerte luz del sol de la mañana que les daba de lleno sobre sus rostros.
Al contar las fichas después de cada cierre, los dos contabilizaban solamente las fichas de uno de ellos porque argumentaron a los diablillos, con ninguna razón, pero con bastante cara dura, que como seres humanos que eran, jugaban los dos para uno sólo y al contar sólo las de uno siempre ganaban el cierre de cada partida.
Jugaron 7 partidas hasta completar los 40 puntos, sumando 50 veces 6, más una de 100 que sumaba 10 puntos. Cerraron, dos veces al 6, dos al 4, dos al 2 y una sola vez a las fichas blancas.
Como al dominó siempre gana la pareja que tiene menos puntos en las fichas que queden si se cierra en secuencia de uno al seis ó las blancas; cómo los amigos son magníficos jugadores, se las compusie-ron de tal manera que todas las jugadas que los dos hacían acababan siempre en cierre.
Al contar las fichas después de cada cierre, los dos contabilizaban solamente las fichas de uno de ellos porque argumentaron a los diablillos, con ninguna razón, pero con bastante cara dura, que como seres humanos que eran, jugaban los dos para uno sólo y al contar sólo las de uno siempre ganaban el cierre de cada partida.
Como vencer a los diablos una partida de dominó era rigurosamente imposible, (porque si tenían de contrarios a los dos diablillos jamás les vencerían) pensaron la mejor manera y forma de solucionar el conflicto.
Como al dominó siempre gana la pareja que tiene menos puntos en las fichas que queden si se cierra en secuencia de uno al seis ó las blancas; cómo los amigos son magníficos jugadores, se las compusie-ron de tal manera que todas las jugadas que los dos hacían acababan siempre en cierre.
Soñaron que ellos estaban jugando una partida de dominó de compañeros y tenían como contrarios a dos amables diablillos rojos, que juraban con énfa-sis que los vencedores podían pedir su mejor deseo si ganaban la partida.
Como vencer a los diablos una partida de dominó era rigurosamente imposible, (porque si tenían de contrarios a los dos diablillos jamás les vencerían) pensaron la mejor manera y forma de solucionar el conflicto.
Capitulo 5
Una noche que estaban placidamente dormidos los dos en alguna de las cuevas que había, tuvieron los dos el mismo y extraño sueño.
Soñaron que ellos estaban jugando una partida de dominó de compañeros y tenían como contrarios a dos amables diablillos rojos, que juraban con énfa-sis que los vencedores podían pedir su mejor deseo si ganaban la partida.
Después de comer peces hasta reventar, lo amigos se apartaron del camino para encontrar un lugar en donde podrían pasar la noche. Se metieron dentro de una oquedad aparente para los dos y se prepara-ron un buen lecho, con la olorosa hierba seca que por doquier había y se quedaron al instante los dos profundamente dormidos.
Capitulo 5
Una noche que estaban placidamente dormidos los dos en alguna de las cuevas que había, tuvieron los dos el mismo y extraño sueño.
El asombro se reflejó en la cara de los pordioseros, mientras se aproximaban con suma lentitud hasta poder rozar con los dedos a los enormes peces que aún palpitaban.
Su hambre y su contento, activaron lo demás.
Prepararon un buen fuego de leña, limpiaron los peces que pensaban engullirse entre los dos y los asaron en las brasas de la hoguera.
Después de comer peces hasta reventar, lo amigos se apartaron del camino para encontrar un lugar en donde podrían pasar la noche. Se metieron dentro de una oquedad aparente para los dos y se prepara-ron un buen lecho, con la olorosa hierba seca que por doquier había y se quedaron al instante los dos profundamente dormidos.