Respuestas para Críspulo Cortés Cortés:

Cuando el aficionado marinero regresaba al puerto, se iniciaba uno de los esplendorosos amaneceres de los cuales no siempre se goza en el mar cantábrico.
Después de descargar los aperos de pesca y meter todo en su coche, se encaminó por la serpenteante carretera de Suances hacía Torrelavega.
En la ciudad, entregó los peces al dueño del Centro Cultural Andaluz para su correspondiente y natural preparación, y después, el lobo de mar, mostró a su amigo Campo Corona el oxidado cofre hallado en los restos de la almadía que flotaban en esa jornada de pesca a la deriva.
Victoriano Iglesias, daba muchísima importancia al extraño cofre metálico que mostraba a la tertulia de la Mesa Redonda.
Los plateados peces se revolvían y se retorcían en cruel agonía en el cesto de mimbre dando coletazos espasmódicos mientras Victoriano lentamente y sin prisa recogía la larga línea de anzuelos del aparejo.
Cuando el aficionado marinero regresaba al puerto, se iniciaba uno de los esplendorosos amaneceres de los cuales no siempre se goza en el mar cantábrico.
Después de descargar los aperos de pesca y meter todo en su coche, se encaminó por la serpenteante carretera de Suances hacía Torrelavega.
Era precisamente en ese instante, cuando el buen Victoriano aparcaba de lado sus asuntos personales por tener que dedicar su cuidado al menesteroso fin de su afanosa labor con los aparejos.
Los plateados peces se revolvían y se retorcían en cruel agonía en el cesto de mimbre dando coletazos espasmódicos mientras Victoriano lentamente y sin prisa recogía la larga línea de anzuelos del aparejo.
Mientras los pensamientos de su larga y grata vida, pasaba vertiginoso por el sentido común, en grato y alegre juicio, los peces picaban en la larga línea de anzuelos.
Era precisamente en ese instante, cuando el buen Victoriano aparcaba de lado sus asuntos personales por tener que dedicar su cuidado al menesteroso fin de su afanosa labor con los aparejos.
Mientras la línea del aparejo se deslizaba entre sus encallecidos y curtidos dedos de la mano derecha, los muchos pensamientos del veterano pescador se deleitaban con alegría infinita en recordar su vida. Toda su existencia era recordada con satisfacción cuando trabajaba de tornero en Mercadal.
Eran los felices instantes de una dura existencia, cuando se encontraba cerca de su esposa, la primera mujer de una casa con la cual convivía desde hacía cincuenta años.
Era su amada esposa y la exquisita ... (ver texto completo)
Mientras los pensamientos de su larga y grata vida, pasaba vertiginoso por el sentido común, en grato y alegre juicio, los peces picaban en la larga línea de anzuelos.
Como nuestro hombre no pudo abrir el cofre por la falta de herramientas adecuadas para romper la tan sólida tapa, metió el cofre debajo de los velámenes de repuesto que tenía recogidos en el hueco de popa de la barca, y se dedico con toda la tranquilidad del mundo a sus menesteres, mientras la destrozada y medio hundida balsa, se alejaba despacio mecida por el viento y la corriente.
Mientras la línea del aparejo se deslizaba entre sus encallecidos y curtidos dedos de la mano derecha, los muchos pensamientos del veterano pescador se deleitaban con alegría infinita en recordar su vida. Toda su existencia era recordada con satisfacción cuando trabajaba de tornero en Mercadal.
Eran los felices instantes de una dura existencia, cuando se encontraba cerca de su esposa, la primera mujer de una casa con la cual convivía desde hacía cincuenta años.
Era su amada esposa y la exquisita ... (ver texto completo)
Solo encontró en la almadía una arcaica arquilla de hierro oxidada y cerrada por el orín y la herrumbre. Se apreciaban en sus lados un absurdo grabado con insólitos jeroglíficos y con una especie de extraña escritura casi imperceptible en todos sus lados.
Como nuestro hombre no pudo abrir el cofre por la falta de herramientas adecuadas para romper la tan sólida tapa, metió el cofre debajo de los velámenes de repuesto que tenía recogidos en el hueco de popa de la barca, y se dedico con toda la tranquilidad del mundo a sus menesteres, mientras la destrozada y medio hundida balsa, se alejaba despacio mecida por el viento y la corriente.
Victoriano aún no sabía lo que le había perturbado y soliviantaría su serena y sosegada vida, durante el tiempo que le restaba de vivir.
La extraña balsa que había encontrado a la deriva, se alejaba una vez vaciada del contenido y algún objeto que temga algo de interés para él.
Solo encontró en la almadía una arcaica arquilla de hierro oxidada y cerrada por el orín y la herrumbre. Se apreciaban en sus lados un absurdo grabado con insólitos jeroglíficos y con una especie de extraña escritura casi imperceptible en todos sus lados.
Solía pescar con una pequeña barca muy marinera, que amarraba en el pequeño puerto de Suances.
Un acontecimiento grave y de envergadura, le agobiará, desde el instante que descubrió una balsa que se engancho en su anzuelo cuando esta flotaba a la deriva.
Victoriano aún no sabía lo que le había perturbado y soliviantaría su serena y sosegada vida, durante el tiempo que le restaba de vivir.
La extraña balsa que había encontrado a la deriva, se alejaba una vez vaciada del contenido y algún objeto que temga algo de interés para él.
Nada en el vasto entorno marítimo que le rodeaba, hacía presagiar al templado y veterano pescador, el trágico acontecimiento en el cual se vería envuelto involuntariamente por su gran afición a la pesca de toda clase de habitantes marítimos.
Solía pescar con una pequeña barca muy marinera, que amarraba en el pequeño puerto de Suances.
Un acontecimiento grave y de envergadura, le agobiará, desde el instante que descubrió una balsa que se engancho en su anzuelo cuando esta flotaba a la deriva.
Mientras sentía la tenue brisa que le acariciaba con suave soplo la curtida faz de fanático pescador, el dúctil viento que llegaba desde poniente, le curtía aún más el tostado rostro.
Nada en el vasto entorno marítimo que le rodeaba, hacía presagiar al templado y veterano pescador, el trágico acontecimiento en el cual se vería envuelto involuntariamente por su gran afición a la pesca de toda clase de habitantes marítimos.
Aun cuando vivía en Mercadal, una aldea cercana al pueblo Cántabro de Cartes, era para él un grato placer el navegar y pescar aunque le resulte algo molesto en esa época de sosiego marítimo.
Mientras sentía la tenue brisa que le acariciaba con suave soplo la curtida faz de fanático pescador, el dúctil viento que llegaba desde poniente, le curtía aún más el tostado rostro.
El recio hombre de mar, es además de ser padre de tres hijos, un experimentado tornero que se fascina como un chaval por la enormidad del océano y siempre contempla el azulado mar con la boquiabierta admiración de los grumetes que se recrean con los infinitos límites del esplendido y vasto horizonte.
Aun cuando vivía en Mercadal, una aldea cercana al pueblo Cántabro de Cartes, era para él un grato placer el navegar y pescar aunque le resulte algo molesto en esa época de sosiego marítimo.
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Una suave brisa marítima acariciaba con suavidad el arrugado rostro del pescador Victoriano Iglesias. Un veterano marinero curtido en las bregas con un imprevisible mar que le acariciaba insistentemente con la misteriosa fuerza que pareciera transitar por la ondulante superficie del mar en esta mañana de finales del mes de marzo.
El recio hombre de mar, es además de ser padre de tres hijos, un experimentado tornero que se fascina como un chaval por la enormidad del océano y siempre contempla el azulado mar con la boquiabierta admiración de los grumetes que se recrean con los infinitos límites del esplendido y vasto horizonte.
Los Monasterios encerraban, en el misterio de la fe cristiana, la verdad que representa Jesús el Cristo, en las parábolas y en los evangelios que manifestaba a las gentes sencillas en las aldeas que rodeaban la mítica Jerusalén, la ciudad que fue la culpable de crucificar al defensor de la clemencia y la humildad.
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Una suave brisa marítima acariciaba con suavidad el arrugado rostro del pescador Victoriano Iglesias. Un veterano marinero curtido en las bregas con un imprevisible mar que le acariciaba insistentemente con la misteriosa fuerza que pareciera transitar por la ondulante superficie del mar en esta mañana de finales del mes de marzo.
Eran los tiempos de una opaca luz que ocultaba la verdad a los simples mortales.
Son épocas que se encuentran repletas de tristeza y añoranza, por estar sumergidas en el éxtasis de la moralidad del amor y de la debilidad de la carne.
Los Monasterios encerraban, en el misterio de la fe cristiana, la verdad que representa Jesús el Cristo, en las parábolas y en los evangelios que manifestaba a las gentes sencillas en las aldeas que rodeaban la mítica Jerusalén, la ciudad que fue la culpable de crucificar al defensor de la clemencia y la humildad.
La Octava Profecía, se forjaba con el plomo y con la sabiduría de los millares de libros que el Abad y el archivero Alexis escribían y forjaban dentro del plomo y de las hojas de los bellos libros sagrados que jamás contemplaran la luz del día.
Eran los tiempos de una opaca luz que ocultaba la verdad a los simples mortales.
Son épocas que se encuentran repletas de tristeza y añoranza, por estar sumergidas en el éxtasis de la moralidad del amor y de la debilidad de la carne.
Ellos habían participado en todas los eventos que asombraron en su día a los expertos herreros que el Vaticano mandó con los caballeros templarios para soterrar y hacer viable el manejo humano del Arca de la Alianza.
La Octava Profecía, se forjaba con el plomo y con la sabiduría de los millares de libros que el Abad y el archivero Alexis escribían y forjaban dentro del plomo y de las hojas de los bellos libros sagrados que jamás contemplaran la luz del día.
Con paciencia infinita amalga pacientemente, en la extensa herraría, toda clase de metales y de mezclas magistrales.
Unas habilidades que el sabio herrero Auspicio heredó de los anteriores herreros monjes, mucho más sabios que el mismo.
Ellos habían participado en todas los eventos que asombraron en su día a los expertos herreros que el Vaticano mandó con los caballeros templarios para soterrar y hacer viable el manejo humano del Arca de la Alianza.
Por la voluntad de su ilustre familia aragonesa, el monje herrero había heredado la ciencia para tratar con verdadera maestría toda clase de metales y de amalgamas especiales en la herreria.
Con paciencia infinita amalga pacientemente, en la extensa herraría, toda clase de metales y de mezclas magistrales.
Unas habilidades que el sabio herrero Auspicio heredó de los anteriores herreros monjes, mucho más sabios que el mismo.
Auspicio es de origen aragonés por padre y madre, con el carácter fiero, pero también tenía la bondad y el coraje de los antiguos sicarios de la familia de los Trastámara.
Por la voluntad de su ilustre familia aragonesa, el monje herrero había heredado la ciencia para tratar con verdadera maestría toda clase de metales y de amalgamas especiales en la herreria.
Auspicio, es un fornido y risueño monje y además, era el maestro herrero del Monasterio, un instruido especialista de toda clase de metales y un discreto hombre de Iglesia ilustrado en la fe de Cristo.
Auspicio es de origen aragonés por padre y madre, con el carácter fiero, pero también tenía la bondad y el coraje de los antiguos sicarios de la familia de los Trastámara.
Las conclusiones definitivas para poder terminar a bien, la formidable y costosa obra emprendida por la austera congregación Benedictina, estaban en la voluntad de los únicos y verdaderos protagonistas; los sufridos y sabios monjes del monasterio de Santo Toribio que se hallaba oculto y misterioso entre las estribaciones del más hermoso y salvaje Valle, al que llamaban Liébana.
Auspicio, es un fornido y risueño monje y además, era el maestro herrero del Monasterio, un instruido especialista de toda clase de metales y un discreto hombre de Iglesia ilustrado en la fe de Cristo.
El abad muy entristecido y cariacontecido se retiro al amparo de su celda no sin antes darle las gracias al sufrido y aterido mensajero Suizo.
Las conclusiones definitivas para poder terminar a bien, la formidable y costosa obra emprendida por la austera congregación Benedictina, estaban en la voluntad de los únicos y verdaderos protagonistas; los sufridos y sabios monjes del monasterio de Santo Toribio que se hallaba oculto y misterioso entre las estribaciones del más hermoso y salvaje Valle, al que llamaban Liébana.
Ninguna palabra había de agradecimiento, en todo el pergamino, ni tampoco cita alguna al premio y a la constancia; y tampoco había en él ninguna cita al trabajo de los sufridos monjes.
Sólo la frialdad y la prepotencia, estaban escritas en la notificación del mandatario de la Iglesia.
El abad muy entristecido y cariacontecido se retiro al amparo de su celda no sin antes darle las gracias al sufrido y aterido mensajero Suizo.
Los pensamientos del veterano monje se revuelven y arremolinan en su cerebro sin dar apenas crédito ante tamaña desfachatez y prepotencia del más alto edil y supremo mandatario de la Iglesia.
Ninguna palabra había de agradecimiento, en todo el pergamino, ni tampoco cita alguna al premio y a la constancia; y tampoco había en él ninguna cita al trabajo de los sufridos monjes.
Sólo la frialdad y la prepotencia, estaban escritas en la notificación del mandatario de la Iglesia.
El rostro del abad, mientras leía, se transformaba y palidecía por la extravagantes exigencias del Santo Padre.
Los pensamientos del veterano monje se revuelven y arremolinan en su cerebro sin dar apenas crédito ante tamaña desfachatez y prepotencia del más alto edil y supremo mandatario de la Iglesia.
Les ordenaba el Santo Padre en el pergamino, que el contenido y el texto del misterioso libro miniado hecho a mano, tenía que ser escrito en un lenguaje cifrado con todas las claves sacrosantas existentes, desde la presencia de nuestro Señor Jesucristo en este mundo y les ordena, que el libro sea calculado punto por punto sin tenerse que obviar ni tener que sobrellevar la falta de ningún detalle especial. Y el resultado final debía de determinar la eliminación para siempre de todo rastro templario.
El rostro del abad, mientras leía, se transformaba y palidecía por la extravagantes exigencias del Santo Padre.
El Sumo Pontífice les exigía en el documento, que con paciencia y con la verdadera fe en Cristo, los fieles servidores de la Santa Madre Iglesia debían elaborar fielmente el manuscrito secreto y que este sea perfectamente verificado antes de transcribirlo al libro miniado.
Les ordenaba el Santo Padre en el pergamino, que el contenido y el texto del misterioso libro miniado hecho a mano, tenía que ser escrito en un lenguaje cifrado con todas las claves sacrosantas existentes, desde la presencia de nuestro Señor Jesucristo en este mundo y les ordena, que el libro sea calculado punto por punto sin tenerse que obviar ni tener que sobrellevar la falta de ningún detalle especial. Y el resultado final debía de determinar la eliminación para siempre de todo rastro templario.
En el secreto documento se veía la férrea voluntad del Papa para que los dos monjes desarrollaran con plena satisfacción el difícil y problemático trabajo que estaban efectuando en el Monasterio.
Aunque el Santo Padre reconocía las fabulosas dificultades que tenía que superar ahora la Iglesia para volver a recobrar la sagrada Arca de Dios.
El Sumo Pontífice les exigía en el documento, que con paciencia y con la verdadera fe en Cristo, los fieles servidores de la Santa Madre Iglesia debían elaborar fielmente el manuscrito secreto y que este sea perfectamente verificado antes de transcribirlo al libro miniado.
Las noticias que el correo de la iglesia aportaba, se definían por su hermética síntesis y por su extrema sobriedad. El monje estaba contemplando entre los dedos de sus manos, lo que se hallaba escrito sobre el grueso pergamino.
En el secreto documento se veía la férrea voluntad del Papa para que los dos monjes desarrollaran con plena satisfacción el difícil y problemático trabajo que estaban efectuando en el Monasterio.
Aunque el Santo Padre reconocía las fabulosas dificultades que tenía que superar ahora la Iglesia para volver a recobrar la sagrada Arca de Dios.
El jadeante jinete llegó montando en un sediento y jadeante caballo bayo y representaba para el Abad es el más grato acontecimiento que el responsable del Monasterio podía esperar y él se lo agradecía a Cristo con verdadera ansia y con las consecuencias e impaciencias de un fiel siervo del Señor.
Las noticias que el correo de la iglesia aportaba, se definían por su hermética síntesis y por su extrema sobriedad. El monje estaba contemplando entre los dedos de sus manos, lo que se hallaba escrito sobre el grueso pergamino.
No había aún acabado de obscurecer en esa fresca tarde del recóndito valle, cuando asomó de pronto por el portón del Monasterio, la conocida figura de un jinete epistolar que galopaba para la Iglesia.
El jadeante jinete llegó montando en un sediento y jadeante caballo bayo y representaba para el Abad es el más grato acontecimiento que el responsable del Monasterio podía esperar y él se lo agradecía a Cristo con verdadera ansia y con las consecuencias e impaciencias de un fiel siervo del Señor.
Con gran ceremonial Alexis entregaba uno por uno los volúmenes que los monjes pedían, después del desayuno y una vez finalizados los maitines, rezos y rogativas correspondientes al día.
No había aún acabado de obscurecer en esa fresca tarde del recóndito valle, cuando asomó de pronto por el portón del Monasterio, la conocida figura de un jinete epistolar que galopaba para la Iglesia.
Si algún monje les pedía un libro determinado para otros estudios, debía de pedirlo al Abad con mucha antelación, para pasar la petición al monje Alexis, que solía entregar los libros por la mañana del otro día a los monjes que estaban interesados en alguna lectura.
Con gran ceremonial Alexis entregaba uno por uno los volúmenes que los monjes pedían, después del desayuno y una vez finalizados los maitines, rezos y rogativas correspondientes al día.
Ninguno de los demás monjes y legos que servían en el Monasterio a Dios, estaba al tanto de la labor de estos dos monjes que se encerraban dentro de la biblioteca durante largas horas del día y la noche.
Nadie podía acceder a las estancias de la biblioteca desde hacia largos meses.
Si algún monje les pedía un libro determinado para otros estudios, debía de pedirlo al Abad con mucha antelación, para pasar la petición al monje Alexis, que solía entregar los libros por la mañana del otro día a los monjes que estaban interesados en alguna lectura.
La obra secreta trata de encontrar las ocho puertas y la profecía, que habria el camino hacía la puerta del Edén; entrando por una de las ocho puertas que hay en la Tierra para poder hablar con Jehová.
Ninguno de los demás monjes y legos que servían en el Monasterio a Dios, estaba al tanto de la labor de estos dos monjes que se encerraban dentro de la biblioteca durante largas horas del día y la noche.
Nadie podía acceder a las estancias de la biblioteca desde hacia largos meses.
Todas las claves secretas del poderoso trabajo, se hallaban a cargo de Dimitrius, que era en realidad el verdadero artífice del manuscrito secreto.
Nadie sabía en el Monasterio, la labor que los dos monjes estaban efectuando.
La obra secreta trata de encontrar las ocho puertas y la profecía, que habria el camino hacía la puerta del Edén; entrando por una de las ocho puertas que hay en la Tierra para poder hablar con Jehová.
El Arca de la Alianza que caminó errante por el Sinaí, es la que mando construir Jehová al Profeta Moisés, y era la que esta relacionada con el agotador trabajo que los especialistas estaban desarrollando.
Estaban creando un delicado secreto sin pausa ni respiro alguno.
Todas las claves secretas del poderoso trabajo, se hallaban a cargo de Dimitrius, que era en realidad el verdadero artífice del manuscrito secreto.
Nadie sabía en el Monasterio, la labor que los dos monjes estaban efectuando.
¿Estaban elaborando los miniados libros sagrados cómo los fabricaba las estropeadas manos del viejo Dimitrius y el monje Alexis?
El glosario del tema se cifraba en retruécano bajo la ansiada mirada de los entusiasmados cómplices del Monasterio.
El Arca de la Alianza que caminó errante por el Sinaí, es la que mando construir Jehová al Profeta Moisés, y era la que esta relacionada con el agotador trabajo que los especialistas estaban desarrollando.
Estaban creando un delicado secreto sin pausa ni respiro alguno.
Nadie que no fuese un participe de tan misteriosos secretos lo sabrá jamás mientras el misterioso plan no fuese compartido con los demás miembros del Monasterio.
Sobre que delicado secreto escribía sin pausa alguna en Santo Toribio el mejor especialista que tenía la cristiandad.
¿Estaban elaborando los miniados libros sagrados cómo los fabricaba las estropeadas manos del viejo Dimitrius y el monje Alexis?
El glosario del tema se cifraba en retruécano bajo la ansiada mirada de los entusiasmados cómplices del Monasterio.
¿Qué estaban concibiendo los monjes en riguroso secreto, ocultos en de la biblioteca del Monasterio de Santo Toribio?
Nadie que no fuese un participe de tan misteriosos secretos lo sabrá jamás mientras el misterioso plan no fuese compartido con los demás miembros del Monasterio.
Sobre que delicado secreto escribía sin pausa alguna en Santo Toribio el mejor especialista que tenía la cristiandad.
Una exclusiva y misteriosa relación que enlazaba a los desdeñados monasterios.
Era un profundo misterio que asediaba a estas contemplativas instituciones con los más reservados secretos que tenía la Santa Iglesia y el Santo Padre
¿Qué estaban concibiendo los monjes en riguroso secreto, ocultos en de la biblioteca del Monasterio de Santo Toribio?
Estaban finalizando el secreto trabajo y el análisis, de la Octava Profecía que se desdobla al explorar en los manuscritos más secretos de la cristiandad, por comisión del Sumo Pontífice de la Iglesia en el sinuoso y oculto Valle de Liébana.
Una exclusiva y misteriosa relación que enlazaba a los desdeñados monasterios.
Era un profundo misterio que asediaba a estas contemplativas instituciones con los más reservados secretos que tenía la Santa Iglesia y el Santo Padre
Ningún miembro de la curia eclesiástica romana, a excepción del Santo Padre, conocía este peliagudo trabajo manual que los dos monjes del Monasterio de Santo Toribio estaban realizando.
Estaban finalizando el secreto trabajo y el análisis, de la Octava Profecía que se desdobla al explorar en los manuscritos más secretos de la cristiandad, por comisión del Sumo Pontífice de la Iglesia en el sinuoso y oculto Valle de Liébana.
El contenido era tan secreto que estaba pactado el silencio total entre el Abad, Dimitrius, Alexis y el Prior del Monasterio de la provincia Suiza de Saint Gallen con el arbitraje temporal del Santo Padre de Roma
Ningún miembro de la curia eclesiástica romana, a excepción del Santo Padre, conocía este peliagudo trabajo manual que los dos monjes del Monasterio de Santo Toribio estaban realizando.
Era el más preciado tesoro del viejo monasterio y el investigaba en los arcaicos archivos, para poder finalizar el códice más extraordinario y misterioso que jamás se a editado en ningún monasterio desde la edad media en la era cristiana.
El contenido era tan secreto que estaba pactado el silencio total entre el Abad, Dimitrius, Alexis y el Prior del Monasterio de la provincia Suiza de Saint Gallen con el arbitraje temporal del Santo Padre de Roma
Analizaba todas las vicisitudes del pasado con este misterioso instrumento de la divinidad por la ciega brutalidad y la codicia de los caballeros templarios desde tiempos inmemoriales.
Era el más preciado tesoro del viejo monasterio y el investigaba en los arcaicos archivos, para poder finalizar el códice más extraordinario y misterioso que jamás se a editado en ningún monasterio desde la edad media en la era cristiana.
El Abad Dimitrius y Alexis estudiaban y resumían todos los manuscritos que encontraba en las viejas estanterías hasta la extenuación y analizaban muy detalladamente todos los documentos antiguos que se conservaban en la biblioteca y que se referían al Arca de Dios.
Analizaba todas las vicisitudes del pasado con este misterioso instrumento de la divinidad por la ciega brutalidad y la codicia de los caballeros templarios desde tiempos inmemoriales.
El cómo Abad, monje y literato, tenía por su rango el forzoso deber de guardar y velar, como hombre religioso y investigador, por los interés del Papa.
Además debía de condensar la extensa y exhausta información que tenían para poder dar el definitivo final al misterioso manuscrito miniado que los dos monjes escriben a mano en secreto, por el expreso encargo y deseo del Santo Padre de Roma.
El Abad Dimitrius y Alexis estudiaban y resumían todos los manuscritos que encontraba en las viejas estanterías hasta la extenuación y analizaban muy detalladamente todos los documentos antiguos que se conservaban en la biblioteca y que se referían al Arca de Dios.